ESPECTACULOS ‘FLORICIENTA’ EN MODO ANIMACION

La experiencia se volvió obsoleta

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Foto:Gza. DISCOVERY / CALDERONE

Hace poco vi imágenes del aterrizaje de un avión en Amsterdam bajo condiciones climáticas adversas; fuertes vientos sacudían la aeronave, pero el piloto logró un aterrizaje exitoso. Los medios recalcaron que el capitán era muy experimentado y esa palabra, experiencia, nos resulta muy tranquilizadora a la hora de volar. Nadie quiere un piloto que se ponga a experimentar nuevas formas de aterrizar en la tormenta, queremos uno que lo haya hecho mil veces, que sepa qué hacer y cómo.
Muy a menudo, en la industria televisiva, se utilizan metáforas de la aviación para graficar lo complejo y riesgoso que puede ser llevar adelante un proyecto. “Pongamos todo en el despegue, hasta ponerlo a diez mil pies”, “si despega mal, es difícil estabilizarlo”, expresiones que comparan al proyecto con un avión y a los realizadores con pilotos que deben mantener a salvo a los pasajeros, que en este caso, son los trabajadores involucrados. Los pilotos lidian con leyes inalterables, la gravedad o los principios aerodinámicos no cambian y la experiencia que acumulan les resulta útil en futuros encuentros con las mismas dificultades. Aunque durante años, en la industria televisiva, la experiencia fue uno de los atributos más valorados, últimamente parece haberse vuelto obsoleta.
Las nuevas plataformas y el advenimiento del on demand han cambiado el modo de consumir contenidos. El cambio fue lento y paulatino desde los albores de internet, pero se aceleró geométricamente en los últimos años. Hace poco, Marcos Gorban, un experimentado piloto de la industria del entretenimiento, me recordó que hace cuatro años, en una charla en la Universidad de San Andrés, afirmé que estábamos yendo hacia una televisión de éxitos de tres o cuatro puntos de rating. Entonces parecía exagerado, hoy ya no tanto.
Hace un año, Cris Morena me convocó para escribir la serie animada Floricienta, basada en los personajes de la serie que se emitió en 2004. La animación siempre me había interesado muchísimo y acepté de inmediato, aclarando que no tenía ninguna experiencia. Yo tampoco –me respondió Cris. Para la realización del proyecto, se asoció con Mundo Loco, la empresa de animación cofundada por Juan José Campanella y Gastón Gorali, responsables de la película Metegol, su primera experiencia con la animación, con la que, según nos contaron, aprendieron muchísimo a partir de los errores cometidos. Y aunque ese aprendizaje ahora allana el camino para el nuevo proyecto, y Discovery, la tercera pata de Floricienta, es un canal con gran experiencia en animación; todos estamos más en un modo experimental que experimentado, y lo maravilloso es que eso no nos da inseguridad, por el contrario, nos estimula. Movernos en un terreno que no dominamos, que no podemos resolver desde la experiencia, nos convoca a nuevas formas de la creatividad. Nos enfrentamos a problemas que nunca tuvimos y eso nos obliga a nuevas soluciones.
Cuando empecé a trabajar en televisión, un programa que se emitía por televisión abierta podía luego verse por cable, pero entre una emisión y otra debía haber una ventana, un tiempo. Con Signos, la serie que escribí con Carolina Aguirre para Pol-ka, se firmó un acuerdo con TNT, y la serie se emite los miércoles por Canal 13 y los jueves por la señal internacional de cable. Hace cinco años hubiera sido un desatino pensar en eso, hoy, el concepto de ventana es obsoleto. El último miércoles, Signos e Historias de un clan promediaron 10,6 y 11 puntos de rating respectivamente, y el programa más visto fue Esperanza mía, con 14,4. Hace dos años, esos números hubieran sido catastróficos, hoy son una performance más que aceptable, porque no reflejan exactamente la cantidad de gente que nos ve, ya que muchos nos verán por TNT, otros lo harán en internet. El concepto de rating, también va quedando obsoleto.
Los cambios en la forma de consumir contenidos ya ocurrieron y seguirán cambiando velozmente. Ninguno de nosotros tiene experiencia en esta nueva televisión, todas las horas de vuelo acumuladas durante décadas hoy no sirven, porque cambiaron las leyes. Es como si un día, la fuerza de gravedad pasara de 9,81 m/s2 a 10. No sé cuán catastrófico sería eso, pero de seguir vivos, supongo que los pilotos deberían desechar parte de su experiencia y adaptarse a esa nueva realidad. Estos tiempos no son un desafío para la experiencia, sino para la creatividad. No será el piloto más experimentado el que pueda sobrevolar estas tormentas, sino el más creativo.

*Guionista, autor de Signos, Guapas, y Aliados, entre otras. Twitter @leocalderone.



Leandro Calderone