ESPECTACULOS EL ARBOLITO DE NAVIDAD

La judía que se prende en todas

.

Stand up. Gutmann y Wainraich, juntos con humor. También ante la Navidad familiar.
Stand up. Gutmann y Wainraich, juntos con humor. También ante la Navidad familiar. Foto:Prensa Maipo Sebastian Rojas / Shutterstock
Este año por primera vez en mi vida decidí comprar arbolito. $ 200. ¿Vos decís que es muy trucho?
La verdad es que hace años vengo prometiéndoselo a mi hija, y nunca le cumplo.
Un día tenía que suceder. No podía pasar por esta vida sin saber qué se siente caminar por la calle cargando un pino de plástico. La escena la vi en cientos de películas y quería vivirla en carne propia.
Cuando mi hija me vio entrar a casa con el arbolito, saltó de alegría porque finalmente su madre cumplió con la promesa. Y la entiendo. De chica yo también soñaba con tener mi propio arbolito. Y no me vengan con temas religiosos porque no creo que haya ningún versículo en ninguna parte que diga que el arbolito es de uso exclusivo del catolicismo. Tampoco creo que Papá Noel tenga muchas reminiscencias religiosas. Yo lo asocio más con el capitalismo y la Coca-Cola, que con algo sagrado.
Un pesebre tal vez es algo más comprometido, pero un arbolito ¡dejame tener!
Cuando era chica y me movía en un ambiente muy moishe (colegio judío, club judío, mucho hebreo, templo y rikudim), tenía sólo una amiga “goy”. A ella le encantaba que yo sea judía, me pedía que le cante en hebreo y que le cuente “cosas de judíos”. A mí también me encantaba que ella me cuente acerca de las iglesias, los bautismos y las hostias. Me encantaba charlar con ella del papa Juan Pablo II, que aunque no era argentino, tenía un papamóvil que era lo más.
Pero lo que más más me gustaba sin dudas era que me invite los 8 de diciembre a su casa para ayudarla a armar el arbolito. El ritual me parecía encantador: sacarlo una vez más de la caja, decidir juntas dónde poner cada bolita de colores, llenarlo de luces y poner la estrella ahí en lo alto para terminar nuestro gran trabajo.
Mi tarea navideña terminaba ahí. En mi casa no me hacían la segunda ni con el arbolito, ni con Papá Noel, ni con los regalos… ¡A mí me regalaban para Janucá!
Encima casi todos los veranos pasábamos las fiestas en Córdoba y cada 25 de diciembre venía la gran pregunta de mis nuevos amiguitos del hotel:
—Y a vos qué te trajo Papá Noel?
Contestar “nada” me parecía desilusionarlos. Ellos me lo preguntaban emocionados y yo no quería pincharles el globo. Entonces inventaba:
—Ehhhhhhh… una Barbie, re linda... y unos patines, también…
Mentía. Pero decirles la verdad implicaba tener que enfrentarme con un sinfín de preguntas por ser “la distinta”.
 —¿Y ustedes Año Nuevo tampoco festejan?
—Ehhh… eso sí.
—Y los viernes, ¿cómo es eso que festejan, sabat, sharat?
—Shabat, algunos festejan, otros no.
—¿Y por qué se visten algunos con ese rulo y ese sombrero?
—Mmmm… no sabría decirte…
 —¿Y es verdad eso de que caminaron cuarenta años por el desierto?
—No te lo podría confirmar…
—¿Y tus padres cuándo vinieron de Israel?
—¿Quéééé? No, nacieron acá.
Demasiadas preguntas para una niña. Demasiadas preguntas que no sabía responder. Entonces prefería mentir, ser una hereje antes que quedarme afuera de la pomada.
Ahora ya soy grande y hago lo que quiero. Y ya no tengo que mentir: soy judía, sí, pero me gustan los arbolitos. Y pienso ponerles muy lindas bolitas, luces y nieve falsa. Ubicarlo en algún rincón de mi hogar hasta el 6 de enero. Seguramente alguna visita va a a mirarme raro y me preguntará: “Qué hacés vos con un arbolito?”, me tratarán de “Sánchez no te enganches” o sospecharán si es realmente mi casa... No me importa. Fueron muchos años privándome de arbolitos, papa noeles, regalitos y vitel toné, así que quiero recuperar el tiempo perdido… pienso brindar en Nochebuena, jugar con estrellitas, y que Papá Noel le haga regalitos a mis hijos… porque quiero, y con eso basta. Y además si se trata de festejar, es cierto… ¡Me prendo en todas!

*Conductora y comediante. Despide el año de su unipersonal de stand up Cosa de minas el jueves 15 de diciembre a las 21 en el Teatro Maipo. Esmeralda 449, CABA. Entradas en la sala y Plateanet. ¡Unica función!

Dalia Gutmann


Temas: