ESPECTACULOS HEINER GOEBBELS

La máquina al servicio del hombre, o viceversa

La obra que se muestra en el Teatro Colón este fin de semana sucede sin músicos, cantantes ni  bailarines a la vista. El compositor alemán brinda interpretaciones que remiten a Bertolt Brecht.

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Foto:Gza. M. Parpagnoli / A. Colombaroli

Stifters Dinge, del alemán Heiner Goebbels, se verá este  domingo en la sala principal del Teatro Colón. Esta gigantesca instalación visual y sonora es manejada por dispositivos, sin humanos a la vista: no hay cantantes ni músicos; sólo objetos y algunos instrumentos que se mueven (aparentemente) solos. La creación de Goebbels, junto con Klaus Grünberg, Willi Bopp y, en programación, Hubert Machnik –todo depende de robots y sistemas electrónicos– se estrenó en Lausanne (Suiza) en 2007. Dio más de 300 funciones en decenas de ciudades de Europa, y en Estados Unidos, Australia, Taiwán, Japón, Chile y Brasil. Ahora está en Buenos Aires, en compañía de su responsable, quien dialoga con PERFIL.

—¿Qué significa e implica el título de esta obra?
—En alemán significa “Las cosas de Stifter”. Remite a un escritor del sigo XIX (el austriaco Adalbert Stifter [1805-1868]), obsesionado por ciertos detalles. La palabra “cosa” también tiene que ver con un objeto nuevo del que desconoces su origen; también, con una cultura y un idioma extraños; o una experiencia en la naturaleza, difícil de describir. Todo podría aludir a la naturaleza de una forma muy inespecífica. Hay agua, pianos, madera, piedra, luces y reflejos. Allí hay quienes han visto cuestiones ecológicas o etnográficas.

—¿Plantea la pieza como una utopía o una distopía?
—Quisiera creer que todas mis piezas son utópicas, en tanto no me gusta representar cosas reales, ni mostrar la realidad con todo lo malo que tiene. Siempre trato de desarrollar cierta belleza que no se encuentra fácilmente. En ese sentido, mis obras serían utópicas.

—Ha planteado la idea de un “teatro sin actores”. ¿En qué consiste?
—No es una idea tanto en relación con el escenario, sino con la recepción. Destaca la importancia de la audiencia. Incluso Stifters Dinge, sin personas en el escenario, en realidad, tiene más de cien personas en el espacio, que son el público: hay muchos humanos en esta obra, es una obra humanista. Por otro lado, “teatro sin actores” alude a que, en mis obras, todos mis colaboradores tienen la misma importancia: el diseñador de sonido, el iluminador, el escenógrafo, lo mismo que los cantantes. Si invito a un actor a una obra mía, tiene que compartir su presencia con todas las otras cosas sobre el escenario.

—¿Cuánto de esto retoma planteos de Bertolt Brecht?
—De Bertolt Brecht reconozco para mí la importancia de la mente, del pensamiento del público en los espectáculos, y también, la separación de los elementos del teatro. Música, actores, diseñadores de escenografía son funcionales, sirven, ilustran, son formas independientes entre sí.

—La promoción de Stifters Dinge en el Colón dice que “los únicos seres humanos presentes están al servicio de la máquina”…
—Eso no es cierto. Seres humanos han creado esta obra y por ellos tengo enorme respeto. Sucede que esas personas no están visibles, y el público puede reaccionar emotivamente. Pese a que no fue mi intención, he visto gente llorando frente (al dispositivo de) este espectáculo.

 

Lo que fue, lo que viene

Con Stifters Dinge cierra el Festival de Verano del Teatro Colón, que incluyó, del 14 al 28 de febrero, propuestas dentro y fuera del edificio. Lo que sigue es la programación regular anual que comienza con el Abono Tchaikovski: del 1 al 5 de marzo, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con la dirección de Enrique Arturo Diemecke, ejecutará las sinfonías completas del compositor ruso. Para la veta contemporánea  habrá que esperar al 8 de marzo, para el programa Transformaciones: Bob Ostertag, en el CETC.



Analía Melgar