ESPECTACULOS LA TELEVISION Y LA SALUD MENTAL

¿La última aventura de Guillermo Montes?

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Foto:Gentileza Furgang

Durante el curso de la emisión de la segunda temporada de la serie, a pocos días de cumplir 80 años, falleció mi padre, Guillermo Maci. Guillermo fue psicoanalista y, durante los años 70, uno de los introductores del pensamiento de Lacan en la Argentina. Desde aquel momento, durante años, varias generaciones de terapeutas e intelectuales asistieron a sus seminarios. Una mañana, estando él ya muy grave, en mi continuo deambular entre el sanatorio y mi trabajo, me detuve en un bar a tomar un café. De pronto, una mujer a quien nunca había visto se acercó a mi mesa y me preguntó si yo era el hijo de Guillermo. Me había reconocido por el parecido físico. Cuando confirmé su hipótesis, me dijo que sabía que yo estaba a cargo de la dirección de En terapia, y me contó que era psicoanalista y que, tiempo atrás, fue discípula de Guillermo. Enseguida agregó que trabajaba en la Fundación Racker, una fundación que pertenece a la Asociación Psicoanalítica Argentina y brinda atención a pacientes de escasos recursos. Esta analista, cuyo nombre no retuve, me comentó que desde que había comenzado a salir al aire el programa, la Fundación Racker se había saturado de pacientes. Que casi no había más lugar.
¿Cuál es la función social de la televisión? Una curiosidad de la idiosincrasia de nuestro país ha determinado que la teoría y praxis freudianas se hayan difundido a gran escala. Aun así, en más de una ocasión, me encontré con gente que no tenía idea de en qué consistían dichas terapias, a las que solía asociar con consultas con psiquiatras, que resolvían los conflictos a base de tranquilizantes. Nada sabían de la tan característica “cura por la palabra”, del esclarecimiento a través de la verbalización de conflictos o el poder simbólico del lenguaje. La Argentina es un país en el que se han formado y trabajan miles de talentosos analistas, muchos más de los que hay en Israel, o en EE.UU., donde En terapia se creó y alcanzó proyección internacional. En este aspecto, tal vez sea la Argentina el sitio en el que esta serie cobre su mayor sentido, este país en el que tantas posibilidades hay para que alguien –aun con pocos recursos– pueda emprender una terapia analítica.
Lo cual lleva a pensar varias cosas. En primer término, que por algún motivo misterioso, esta lectura freudiana de los conflictos humanos fructificó entre los argentinos. Intentar una lectura de los porqués de esta peculiaridad demandaría una reflexión larga, y aun así habría que ver si es posible establecer una causa precisa. Sin embargo, en un país que se caracteriza por vivir en un encadenamiento de crisis casi constantes, resulta útil saber que existe un grupo de intelectuales a los que se puede ir a consultar de un modo relativamente accesible. Sería interesante que las autoridades de Salud Mental también intentaran una lectura del fenómeno. Como uno de los gestores del proyecto en Argentina, me resulta interesante que una serie que narra conflictivas de personajes particulares pueda provocar que infinidad de personas que hasta el momento no se habían animado a ver a un analista se atrevan a hacerlo. Nuevamente: ¿para qué sirve la televisión? No puedo evitar, ahora que estamos ante el final de la historia de Guillermo, recordar las largas escenas en que consistieron los encuentros terapéuticos con cada uno de los personajes-pacientes que hemos ido recibiendo en el set-consultorio y su efecto movilizador. En cada jornada de rodaje, nos hemos metido en sus historias y hemos sido invadidos por sus relatos, sus conflictos, sus pasiones. Uno se siente acompañado al saber que, así como nos ha afectado a nosotros, también ha detonado acciones y reflexiones en otros. Y si este relato –tan pequeño e intimista– es capaz de animar a que un espectador se atreva a hablar de lo que más le duele, la aventura narrativa habrá valido la pena. Al mismo tiempo, creo que si la difusión televisiva puede incrementar la afluencia de pacientes a los consultorios analíticos, ese emergente también merece una lectura y una valoración.
Desde hace un par de años, venimos siguiendo los pasos de Guillermo Montes, hemos asistido a sus crisis y sabemos de su compromiso con su tarea. En esta temporada, el relato se vuelve existencial: compromete la posibilidad del amor, la paternidad y la soledad. Algo de lo que él mismo desarrolla en sus terapias se proyecta sobre su vida: atreverse a buscar sin la menor certeza de encontrar. ¿Será realmente el fin de las aventuras de Guillermo?

*Adaptador y director de En terapia por Canal 7. El lunes a las 22.30 empieza la tercera temporada.



Alejandro Maci*