ESPECTACULOS MATERIALISMO VS. RELIGION

Los temas de ‘Equus’ siguen estando vigentes

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Foto:Gza. Tommy Pashkus

N o he ido al teatro por años y la actividad teatral me es tan familiar como puede serlo un campeonato mundial de criquet. Sin embargo, aquí estoy dirigiendo nada menos que Equus, debido, sin dudas, a la audacia de los productores al proponérmelo y la irresponsabilidad mía al aceptar. Viniendo del cine lo primero que encuentro en la representación teatral son las carencias. Especialmente la inexistencia del primer plano, la herramienta más poderosa de la narración cinematográfica. Pero, rápidamente me doy cuenta que precisamente en esas carencias están las posibilidades del teatro. Como pienso mis películas desde la economía narrativa, desde la idea de lograr la mayor eficacia con la menor cantidad de recursos, me he sentido cómodo con Equus desde el primer día. Porque Equus es, ante todo, una obra austera.
Me he dado cuenta (a tiempo, por suerte) de que la relación director-actor en el teatro es distinta a la del cine. En el cine es el director quien por medio de la elección del plano, el lente, el ángulo y fundamentalmente el montaje, construye (y con frecuencia destruye) el personaje. El actor presta su imagen, su cuerpo y sus capacidades. Es como la materia prima. En el teatro, en cambio, es el actor el verdadero constructor del personaje. El director asesora, aconseja, pero como en el boxeo cuando suena el gong, sacan el banquito y el manager baja. Es el boxeador que se queda solo en el cuadrilátero (aquí la metáfora es más que valedera porque Equus tiene realmente un cuadrilátero). Lejos de ser una representación realista, es una representación ceremonial casi abstracta. No es difícil vincularla al teatro No, al Kabuki, a la Opera China y fundamentalmente a la tragedia griega: en Equus el protagonista llega a la catarsis (y a la curación) a través de la representación.
Para encarar la puesta decidí seguir fielmente las detalladas indicaciones que el autor, Peter Shaffer, hace en el prólogo de la obra y también a lo largo de su desarrollo. Corresponden a la puesta original del Royal National Theater en Londres en 1973. Sin duda Shaffer trabajó muy hermanado con el director porque leyendo la obra es inimaginable otro tipo de puesta. Daría la impresión, incluso, que el diseño de la puesta fue previo a la escritura de la obra. Y lo notable es que, tanto la puesta como la obra, siguen siendo absolutamente actuales. El pintor Francis Bacon decía que para juzgar una obra de arte había que esperar cincuenta años. Bueno, Equus tiene 42 y la verdad es que se la ve muy lozana.
La historia –un psiquiatra que intenta tratar a un joven adolescente que padece una patológica fascinación sexual y religiosa por los caballos– transcurre en un hospital psiquiátrico de provincia en Inglaterra hacia fines de los 60 o principios de los 70. Si bien la historia podría transcurrir en cualquier lado –en Venado Tuerto, por ejemplo– preferimos dejar el entorno original porque cambiarlo no aportaría nada y mucho menos tratar de aggiornarla.
Es una obra de los 70. Buena parte de los tópicos por los que transita son inconfundiblemente de esa época: la antipsiquiatría, el cuestionamiento ético del concepto tradicional de salud mental (¿un individuo es sano porque está adaptado a una sociedad enferma?), el materialismo versus la religión. Temas que si bien hoy no están en la vidriera siguen siendo absolutamente vigentes.
Es una obra de éxito probado a los largo de cuarenta años en todas partes del mundo. Es un clásico del siglo XX. Hace poco fue un suceso en Londres y Broadway, con Daniel Radcliffe (Harry Potter) en el papel del adolescente. O sea, que para un director, valga nuevamente la metáfora, es correr con un caballo ganador. Sin embargo, buena parte del éxito se debe a su famoso desnudo total masculino. Sin ese desnudo Equus hubiese tenido mucho menos éxito aunque no hubiese perdido ni un ápice sus bondades. Es comprensible que el desnudo haya provocado polémica y haya sido lo convocante en el mundo todavía pacato de hace cuarenta años. Menos comprensible es que todavía lo sea ahora, cuando estamos en el umbral de la Era del Posporno.

*Director de cine. Entre sus filmes, Historias mínimas, La película del rey, El gato desaparece y Días de pesca. Debuta en ladirección teatral de Equus
con Peter Lanzani, Rafael Ferro y elenco en el teatroEl Galpón de Guevara.
 



Carlos Sorín