ESPECTACULOS BENJAMIN VICUÑA

“Más allá de lo malo, soy un agradecido a la vida”

Está rodando B-Aires y arregló con Telefe para grabar la tira que dirige Campanella con Natalia Oreiro. El actor chileno se muestra preocupado por la violencia, denuncia el abuso sexual a los niños y, como católico, quiere cambios en la Iglesia.

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Foto:Cedoc

Se demoró. Un poco por el tránsito de Buenos Aires, y otro porque le queda poca nafta en el cuerpo. Fue un año movido para Benjamín Vicuña. El actor chileno se ve cansado en el año más vertiginoso de su carrera en cine. También terminó de grabar la serie Sitiados, de FOX, y fue papá hace un mes de su cuarto hijo, Benicio. El patio de una casona de San Telmo es testigo de la charla en exclusiva de Vicuña con PERFIL. Allí está rodando B-Aires, su debut en el cine argentino –bajo la dirección de Marcelo Páez Cubells–, y su tercer film de 2014. Caballero de palabra, cumple con la entrevista. Vicuña dibuja una sonrisa y pide una gaseosa light para sobrellevar los 30 grados de infierno.

—En este thriller policial tu personaje es Mateu, un tipo que es obligado a traficar droga para mantener con vida a su mujer (Sabrina Garciarena). Hoy, con los noticieros, las narconovelas, lo que pasa con el negocio de las drogas. ¿El narcotráfico es una batalla perdida?
—Las películas y ficciones funcionan como espejos. Esto es algo que nos complica, angustia, y no sabemos cómo salir. Es la inseguridad de este fantasma gigantesco del negocio de la droga que no se sabe cómo detener. Lo hablamos con Andrés (Parra) mientras grabamos Sitiados, y es paradójico que después de hacer a Pablo Escobar tenga una visión bien dura al respecto. No veo la solución inmediata, y creo, sí, que hay elementos que me llevan a ser más soñador: tienen que ver con igualdad de condiciones, educación, los niños, que vos puedas cortar esa línea y ese circuito de pobreza que muchas veces se transforma en necesidad y delincuencia y en que los niños no puedan escapar de ese destino que hoy parece ineludible: salir a vender droga.

—¿Hay mucha droga en Chile?
—Sí, yo creo que sí. No somos el corredor casi diario como sí lo es Argentina con España, pero hay mucho tráfico en la frontera del norte. Hice Prófugos con HBO, que era básicamente eso: lidiar contra el narcotráfico. Y muchas veces tiene vínculos reales con el poder: la política y sectores empresariales, policías. Es una red muy grande.
Como buen católico, Vicuña (36) asegura que la Navidad le da melancolía, y que es el momento en que más se refugia en su núcleo más chiquito e importante: su familia –su esposa, Carolina “Pampita” Ardohain (36), y sus tres hijos varones, Bautista (6), Beltrán (2) y Benicio (un mes)–. “Le das la vuelta a un gran líder, a un tipo valiente como Jesús, que murió en la cruz por todos nosotros. Es una fecha de recogimiento, y más allá de lo malo que pueda pasar, siempre soy un agradecido a la vida”, explica el actor, que recibirá 2015 en Argentina. “El Año Nuevo lo siento diferente, un poco más alegre. Es abrazarse a la vida e ir por más”.

—¿Vas a misa?
—No. No tengo la rutina de ir a misa, pero sí tengo mi costado espiritual, y más allá de mis dudas, termino volviendo a mi formación católica.

—¿Tenés algún santo o virgen de tu preferencia?
—No. No soy fetichista en ese sentido. Sí creo, reconozco y admiro a varios personajes de la Iglesia y a otros que no son de la Iglesia: desde el Dalai Lama hasta el mismo Jesús. Mi padrastro es musulmán y conocí bien sus creencias y su cultura, tengo amigos judíos y me han invitado a sabbat y leí la Torá, tengo amigos budistas, estuve en Asia... y al final uno escucha tantas voces que al final es una sola: la condición humana, las dudas y los miedos frente a la muerte.

—El último éxito de Chile fue “Fuerzas especiales”, con 300 mil espectadores. ¿Cómo ves al cine chileno?
—Tenemos ciertos hitos, como el año en que Stefan v/s Kramer metió más de dos millones de espectadores, un fenómeno tipo Relatos salvajes, y este año estuvo parejo, pero no hubo batacazos descollantes. El sistema de distribución es muy cruel y duran muy poco en cartel. Lo mismo pasa en Argentina. Hay que reglamentarlo, muy pocas subsisten.

—En “El bosque”, este año, te tocó hacer de James Hamilton, un chico abusado por el sacerdote Karadima. ¿Te movió tus estructuras religiosas? ¿Dudaste de la fe de la Iglesia?
—¡Uf! Tengo ciertas convicciones, como la misión de la Iglesia, y he tenido la fortuna de conocer la parte más hermosa, que es la vocación por la gente más humilde, por la gente desprotegida. En su momento, en la dictadura en Chile la Iglesia se la jugó por batallar contra la violación de los derechos humanos, por la búsqueda de los desaparecidos. En el caso de mi colegio, el Sagrado Corazón de Santiago, vi cómo se hacía un trabajo social muy importante por la gente pobre. También a través de la fe se puede creer que existe algo más allá después de la muerte, algo mejor, el sentido de la comunidad, de la existencia, y luego he visto este debacle moral. Estamos en manos del papa Francisco, que hasta el momento ha tenido buenas intenciones.

—Francisco fue el primer papa que expulsó a un sacerdote condenado por abuso.
—Sí. Pero, para mí, todavía falta. Falta que se termine el celibato, que haya realmente una persecución o ser más estrictos con los abusos sexuales. Y si bien se va a unos tribunales eclesiásticos, debe haber penas reales. Y debe haber cambios estructurales. El Papa es el comienzo de un gran cambio, un proceso lento, pero necesita mutar, cambiar, y este papa ha dado señales de ser un líder y tener las intenciones de querer hacerlo.

—¿Cómo fue ese encuentro con Hamilton, la persona real que fue abusada y a quien representás en el film?
—Este señor es vecino mío. Me entrevisté varias veces. Llegó a los 16 años a la parroquia y tomó al sacerdote como un padre, consejero, líder, santo, y comenzó una historia de abuso que duró mucho tiempo. No fue sólo él, sino que fueron muchos jóvenes los abusados. Ahí hay abuso de poder también; puede ser por parte de un jefe de oficina o de un profesor de teatro. Y la película sostiene que hasta el día de hoy hay redes siniestras que protegen a esos abusadores.

—¿Ese es el peor miedo de un padre cuando deja solos a sus hijos en un colegio o un club? ¿Te pasa eso por la cabeza?
—Sí, es el peor miedo que existe. La Iglesia tiene ingresos por los colegios, le influyen en lo económico, y esa llave se va a cortar porque hay miedo en los padres y están pensando en no anotar a sus hijos por los casos que hubo.

—¿Recordaste el caso Grassi?
—Sí. Y el de Maciel en México. Para mi personaje de la película investigué estos casos emblemáticos. Los tres están condenados. Y eran tipos que inculcaban vocaciones a nuevos sacerdotes. Imaginate que era un semillero. Horroroso.

—¿Cómo será tomado por la sociedad chilena?
—Es una sociedad más conservadora que la argentina, pero de a poco está cambiando. Este tema, cuando se estrene, en Semana Santa, va a hacer muchísimo ruido; muchas personas no querrán ver ni mirar. Y tengo fe en que la película será un destape moral.

 

“Cristina, Dilma y Michelle son coquetas”

Benjamín Vicuña volverá a la ficción luego de su jugado rol en Farsantes. El actor protagonizará una novela de Telefe con Natalia Oreiro, en el regreso de Juan José Campanella a la dirección en TV. La idea del canal es formar un elenco internacional y comenzar en marzo de 2015.

—Antonio Banderas comentó, que luego de interpretar al líder minero Mario Sepúlveda en el film Los 33, le pidió a Bachelet un subsidio para los damnificados. ¿Creés que estuvo bien? ¿Debe haber un compromiso social de los actores?
—Sí. A mí me parece que debe haber una misión, nuestros trabajos hacen pequeños gestos políticos de poder opinar, hablar sobre el estado de las cosas, lo que nos toca vivir. Muchas veces, y como embajador de Unicef y en el rol de actor, se te abren muchas puertas y podés llegar a la gente transmitiendo mensajes. O podemos llegar a lugares o personas que están demasiado lejos de la gente. Siempre el fin es la igualdad, erradicar el problema del narcotráfico, cuidar de los niños, los fines morales y que las sociedades sean más justas. El actor puede tomarse esa atribución.   

—Hay tres presidentas en Sudamérica: Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y Michelle Bachelet. ¿Qué te parecen?
—Que son parecidas. Muy coquetas (se ríe). Hay una deuda en el mundo, que son los niños y la mujer. Ellas tres luchan por esa igualdad de género desde este lugar del planeta y buscan defender con vehemencia su condición. Michelle habló de esto en la ONU hace poco. Si vas al Africa o te adentrás en el mundo árabe, son dramáticas las situaciones con las mujeres. Y ellas asumieron y asumen un lugar de mucha soledad frente a un ataque machista que no debe ser fácil de llevar.



Gustavo Méndez