ESPECTACULOS ELEONORA WEXLER

“Me parece que no hay alegría”

Acaba de terminar de grabar Un gallo para Esculapio y se luce en el San Martín con la obra Umbrío. Da su mirada sobre el país, el momento complejo que atraviesa el mundo y las cosas que la hacen feliz. Agradece que en las salas oficiales las entradas sean económicas.

Acaba de terminar de grabar Un gallo para Esculapio y se luce en el San Martín con la obra Umbrío. Da su mirada sobre el país, el momento complejo que atraviesa el mundo y las cosas que la hacen feliz.
Acaba de terminar de grabar Un gallo para Esculapio y se luce en el San Martín con la obra Umbrío. Da su mirada sobre el país, el momento complejo que atraviesa el mundo y las cosas que la hacen feliz. Foto:grassi

Tiene el Premio Trinidad Guevara pero por su edad aún no lo cobra, es el único rentado que pueden ganar algunos artistas de teatro, sólo actores y directores. Eleonora Wexler afirma: “Quise mucho mi papel en Las descentradas, por el cual me lo dieron”. El escenario, dice, es su “lugar en el mundo”, por eso de jueves a domingos interpreta Umbrío, de Josep María Miró, en la sala Cunill Cabanellas del Teatro General San Martín, con dirección de Luciano Suardi. El elenco se completa con Alejandro Paker, Gaby Ferrero, William Prociuk y Pedro Merlo.

—¿Cómo les llegó el texto?

—Es la primera obra de este autor catalán, que aquí conocimos a partir de El principio de Arquímedes. Fue una idea de Alejandro Paker, que conoció al dramaturgo y le pedimos el texto, que no había estrenado. Inmediatamente pensamos en Suardi para que nos dirigiera. Umbrío significa lo oscuro, lo oculto, y estaremos hasta septiembre.

—Aquí en el teatro también interpretás a una mujer con doble vida, como lo hiciste en la televisión. ¿Cuáles son las diferencias?

—Creo que cuando me llegan estos temas o personajes siento como una obligación de contarlo. En Amar después de amar (ADDA), a Carolina le llegó tarde el amor, el afecto que había sentido por su marido fue distinto. Mientras que en esta obra tiene que ver con sostener una apariencia y cuál es el precio de hacerlo. Es casi la otra cara, como la contracara de un mismo conflicto. La naturaleza humana sale y aparece.

—¿Los argentinos estamos viviendo una doble vida?

—Estamos en un momento particular. No sé si doble vida. Creo que hay algo que queremos, deseamos y, por otro lado, estamos desolados, más violentos aunque tengamos gente muy solidaria. Hay un espíritu que no nos está ayudando…Me parece que estamos tristes, no hay alegría. Estamos buscando, es difícil. Lo siento como un momento complejo y me parece que es mundial.

—¿Por qué en estos últimos años sólo trabajaste en teatros oficiales?

—Amo al Teatro General San Martín. Nunca antes había trabajado en esta sala, la Cunill Cabanellas. Me llamaron de los espacios comerciales, pero los textos que me ofrecieron no me atraían. Mi mundo está aquí en el escenario. No me motiva irme de mi casa, dejar a mi hija, si no es por algo que me conmueva, me toque y que quiera contar. Me da alegría que la platea esté a $ 140 y los jueves a $ 70.

—Hablamos de teatro, pero ya filmaste para cine y para televisión proyectos que se van a exhibir en breve.

—Sí, ya grabé para Underground Un gallo para Esculapio, miniserie escrita y dirigida por Bruno Stagnaro, con Peter Lanzani y Luis Brandoni. Creo que se verá en agosto por Telefe. Es un submundo que no conocía entre las riñas de gallo y los piratas del asfalto. Me devoré los libros. Empecé el año filmando la película Pensando en él, de Pablo César, sobre Victoria Ocampo, a quien personifico. Es el encuentro de ella con Rabindranath Tagore, interpretado por un actor de la India, Víctor Banerjee, ya que se trata de una coproducción con ese país. Y estamos grabando con Sebastián Estevanez Golpe al corazón, que también saldrá por Telefe. Estoy fascinada con el elenco: Manuela Pal, Claudia Lapacó, quien hará de mi suegra, que me odiará, Ramiro Blas (mi marido en la ficción), Julia Calvo, Georgina Barbarossa, Miguel Angel Rodríguez, Viviana Saccone, Germán Kraus, Natalia Lobo y Marcelo De Bellis, entre muchos otros.

—¿Hoy cómo ves el lugar de los actores?

—Es difícil. Antes con el Incaa teníamos trabajo pero no se emitía lo que hacíamos. Siento que no hay ningún rubro fácil. Aquí en el San Martín los otros dos espectáculos tienen elencos numerosos y se están filmando varias películas. Pol-ka, Underground y Estevanez convocan siempre muchos actores para cada uno de sus proyectos.


Con pocas amigas, pero sinceras

Durante la entrevista, varias actrices llamaron al celular de Eleonora Wexler. “No tengo muchas amigas en el ambiente –subrayará– pero son muy sinceras, como Florencia Raggi, Carola Reyna, Marcela Kloosterboer, Silvina Bosco, y mi ejemplo es Claudia Lapacó”.

“ADDA fue una bomba –se alegra–. Sé que se armaron grupos de WhatsApp y Facebook intrigados por saber quién me había matado. Fue una muy buena idea de estos autores (Erika Halvorsen y Gonzalo Demaría), quienes armaron un proyecto con tiempo, dedicación, y la gente lo agradeció. No había escenas de relleno, cada personaje tenía su mundo, para contar una parte de la historia. El saber desde los primeros capítulos que mi protagonista estaba muerta resultó algo diferente. Creo que la vara se elevó. Casi todas las imágenes de exteriores se filmaron en el Hipódromo, salvo la del accidente, que fue en Ezeiza”.

Cuando se le pregunta por qué los actores argentinos se transforman tan poco, señala: “No es fácil. Necesitamos un buen director que nos ayude. Una quiere hacer una composición diferente siempre, pero a veces no lo conseguís. Siento que hay muchos que se repiten y otros que no, como Claudia Lapacó, Jorge Marrale o Mercedes Morán. Quise hacerme un cambio para esta nueva novela, pero me pidieron que mantuviera largo mi pelo. No les tengo miedo a las modificaciones.”



Ana Seoane