ESPECTACULOS TEATRO OFF

Nadie quiere ser nadie

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Foto:Pamela Santangelo

Quiénes conforman la clase media? ¿Acaso pertenezco a ese medio amplísimo y diverso? ¿Qué determina que uno esté ahí? El medio. Ese lugar aspiracional al que la mayoría dice pertenecer. ¿Acaso es mi capacidad de consumo lo que me define? ¿Soy lo que tengo? Me niego a pensarme como un cúmulo de cosas que puedo comprar y me niego también a pensarme como lo que no puedo adquirir. Me sorprende el deseo colectivo que tiene como parámetro el poder adquisitivo. Tener más para ser alguien. Hay una verdadera carrera de acumulación que promete más de lo que da y por eso está sembrada de frustraciones. Nadie quiere ser nadie. Pero hay infinitas formas de entenderlo.
¿Por qué está tan instalada la idea de ascender? ¿Por qué, en términos generales, el sueño no se parece a la realidad? ¿Por qué nunca nada alcanza? Para encontrar respuestas a estas preguntas, entrevisté a personas muy diferentes y en todas encontré respuestas parecidas; el común denominador fue la disconformidad. Nadie estaba conforme con lo que era y poseía, pero fueron pocos los que se animaban a decirlo claramente. En general intentaban justificarlo con orgullo. Aunque los más sinceros fueron rotundos con sus fracasos –o lo que cada uno consideraba fracaso– y se pensaban a sí mismos como un proyecto trunco de lo que alguna vez imaginaron para sus vidas, según los parámetros del dinero y de los sueños, concretados o no.
La clase media es mucha gente y es también muy diferente. Pero ¿quiénes son? ¿Mi depiladora es clase media? ¿El matrimonio que compró una propiedad en un country es clase media? ¿Mi amiga que paga un crédito hipotecario de acá a veinte años es clase media? ¿Mi padre mecánico de autos es clase media? ¿Ser alguien implica pertenecer a algo? ¿Uno es lo que tiene? En este último caso, yo, que no soy propietaria ni tengo auto, pero estudié y vivo de mi profesión, ¿dónde vendría a estar ubicada?
En la Argentina, se da un fenómeno curioso: según sus ingresos, el 50% de los ciudadanos asegura que pertenece a la clase media. Pero según la posición social en la que se perciben, más del 80% dice sentirse parte de la clase media. No hay duda de cuál es el mejor lugar para la mayoría de los argentinos.
Observo una marcada tendencia a consumir y a acumular cosas, y a cuidar esas cosas como si fueran fundamentales. Observo un esfuerzo ridículo por mantener un nivel de vida. Un miedo atroz a ser despojado de las pertenencias. Una obsesión desmedida por la seguridad. Y parece que tener acceso inmediato a lo que queremos nos aporta cierta paz. La clase media no morirá nunca justamente porque es aspiracional.
Por otra parte, me llama la atención ese procedimiento en el cual el logro ajeno pareciera generar un link directo hacia el propio fracaso. Como si eso bueno que le pasa a un otro implicara indefectiblemente ser derrotados una vez más. Algo así como la idea de que si te pasa a vos, no me va a pasar a mí. Es uno u el otro. Nunca ambos.
El tema me genera más interrogantes que certezas. Quizá por eso escribí Nadie quiere ser nadie (Historias de la clase media), una obra que aborda estas cuestiones. Es el modo que encuentro de repensar las cosas. Sin lugar a dudas, el arte en todas sus formas nos permite redescubrir cuestiones que están instaladas y ya no vemos. Nos ayuda a abrir los ojos cuando se adormecen y nos permite una lectura crítica de cualquier tema.
Me aparece ahora Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, que –entre otras cosas– revela la psiquis de una mujer con aires de grandeza, que no puede sostener ni una pizca de su aspiración. Aquella obra magistral expone de manera perfecta el profundo dolor que supone alejarse cada vez más de un sueño que quizá nunca nos perteneció. Arañar el sueño a como dé lugar, no dejarlo ir, aunque en el camino se pueda enloquecer.
También pienso en Esperando la carroza, esa genial radiografía de una clase que se diversifica aun dentro del ámbito familiar. No todos ascienden por igual, y las realidades económicas generan todo tipo de conflictos. La propia familia se ve fragmentada por la calidad de vida que lleva cada uno de sus integrantes, porque sus posibilidades o limitaciones económicas dan lugar a un sinfín de problemas vinculares.
Por mi parte, me rebelo ante la idea que antepone el tener al ser. Que instala el poder adquisitivo como asunto central en la vida de las personas. Que impone lo material como prueba real de éxito. Que mira de reojo al que tiene al lado y hace cuentas y especula y ahorra y piensa excesivamente en un futuro, que ya llegó hace rato.

*Actriz, dramaturga y directora. Actualmente presenta su obra Nadie quiere ser nadie (Historias de la clase media), los sábados a las 21, en Celcit (Moreno 431, CABA).



Mariela Asencio