ESPECTACULOS ANDRES CIRO MARTINEZ

"No cantaría para ningún gobierno"

El cantante afianza su carrera solista y afirma que tocar en un acto oficial limitaría sus opiniones. Dice que la escena del rock nacional está complicada por el auge de la cumbia y el reggaeton. Revela que siente orgullo por el papa argentino, y que no existe posibilidad de que vuelvan Los Piojos.

PERFIL COMPLETO

En la terraza de una casona refaccionada de Colegiales, de baldosas rojas, paredes blancas, y decorada naturalmente por los árboles que nacen en la vereda, Andrés Ciro Martínez espera el encuentro con PERFIL. El cantante luce un look veraniego en un viernes de marzo: zapatillas Converse, remera negra y pantalón corto. Confiesa que no imaginaba un horizonte mejor tras la ruptura con Los Piojos. Hizo casting para armar su nueva formación, Los Persas, con la que editó su primer disco Espejos (“fue un deseo de no parar, de la bronca de querer seguir adelante y salir de gira al día siguiente”), que fue tan bien recibido por los ‘piojosos’ que llenaron estadios, cantando sus flamantes canciones y gritando los viejos hits. Hoy, su segundo trabajo, 27, hizo pie de entrada con dos cortes pegadizos: Astros y Mírenla, y se presentará en vivo los días 26 y 27 de abril en el Luna Park. “La banda está mucho más aceitada –analiza–. Nos conocemos entre nosotros, no están la presión y la ansiedad del ‘qué dirá la gente’. Es algo que nunca había vivido y me siento muy contento”.

—¿Te interesa que tus temas se vuelvan hits rápidamente?
—Sí, lo mejor que puede pasar es que se hagan populares, aunque claro que primero me deben gustar a mí, que tengo parámetros de gusto exigentes, para no contradecir mi manera de pensar. No hago mierda porque es lo que vende.
—¿Cómo ves la escena del rock nacional?
—No está para nada fácil el panorama. Hay mucha cumbia y reggaeton. Antes iba a un boliche o fiesta y te ponían un hit de Ricky Maravilla o Pocho La Pantera, pero ahora, el 80 por ciento es reggaeton o cumbia. Ves músicos famosos, rockeros, haciendo cumbia, como Calamaro por ejemplo. Hay otros más. Pero yo no. Trato de ser fiel a lo que me gusta. Es común que si un tipo mete un disco que pegó, al siguiente saca otro muy parecido porque le rindió. Si te fijás en los dos discos de Ciro y Los Persas eso no sucede.
—¿Qué te parece el fenómeno Agapornis?
—Me alegro por ellos de que les vaya bien, pero no me gusta nada cómo suenan, metieron un patrón rítmico que pega y que te cansa. Me parecen muy principiantes, quizás dentro de unos años mejoren, pero como ejecutantes o cantantes suenan como lo que son: una banda de rugbiers que se juntan los jueves en el club a tocar.
—¿Escuchaste Tan Biónica?
—Sí. No me provocó algo como para decir “voy a agarrar su disco y sentarme a escucharlo”. No es rock nacional, lo veo más pop. Me gusta No te va gustar, tiene buenas letras, las rimas, suenan bien. Los uruguayos tienen seriedad, son estudiosos. Acá hay más tilinguería, se preocupan más por la estética o por ser famosos en vez de querer hacer arte.
—Chano Moreno Charpentier, su cantante, dijo en Twitter con referencia a Callejeros que “quien sigue a su banda representa una generación que se manifiesta con la palabra, la inteligencia y el pensamiento sin encender bengalas”.
—Creo que no hay que escupir para arriba, no me pareció una frase muy feliz. Uno debe serenarse, medir las palabras, sin agrandarse. Uno no maneja el tipo de público que viene a verte, si son de un taller literario o de un club.
—¿Y vos qué pensás de Callejeros hoy, tras las sentencias? ¿Hablaste con Fontanet alguna vez tras Cromañón?
—Nunca toqué con ellos ni fuimos amigos. Después de Cromañón, me llamó León (Gieco) para que fuera a una reunión con ellos porque había compuesto un tema. En esa reunión vi cosas que me parecieron raras. No sé si producto del shock o qué, pero era extraña la visión, el discurso, la manera en que se manejaron. Es una tragedia. No los veo como culpables por el conocido hecho de que estaban sus familiares. Es un tema delicado.
En el búnker y estudio de la productora 300, con la que trabaja, Ciro grabó sus dos álbumes solistas. El –hincha de Boca– suele tomar mates amargos, pero durante la entrevista prefiere hidratarse con 7Up. Cuenta que leyó mucho sobre historia, biografías, astrología, Jesús y religiones, y cuenta que solamente fue bautizado aunque nunca tomó la comunión.
—¿Qué representa la elección de un papa argentino?
—Es un orgullo que el Papa sea de nuestro país. Es hincha de San Lorenzo, ¿no? ¿Un tipo de barrio? Muy loco. Si llega a hacerse querer, de una u otra forma, eso le servirá mucho a la Argentina como imagen, una posible influencia en temas internacionales, etc. Lamento que ya no vivan unas tías mías porque estarían felices. Fue emocionante enterarnos que el tipo que uno podía cruzarse en la vereda o que mamó nuestra misma cultura, hoy sea ya una figura histórica. Veremos cómo la lleva.
—¿Te llamaron para tocar en algún acto del Gobierno?
—Hasta el momento nunca toqué para el Gobierno nacional. Es compleja la posición de opinar cuando tu principal ingreso económico viene del Estado o la política. Y si tenés que opinar del jefe no lo hacés con mucha libertad y enturbia tu opinión. Es mi sensación. No cantaría. Prefiero mantenerme al margen, aunque dé mis opiniones y luego lo vea en 6, 7, 8. Opino con libertad y quiero seguir haciéndolo de esa manera.
Tras dos décadas y nueve discos, Ciro había cerrado una exitosa etapa con Los Piojos en 2009, ya que la relación entre ellos era insostenible.
—¿No tuviste miedo por lo que vendría?
—Sí. Temor, ansiedad, inseguridad. Era como estar frente a un pelotón antes de una batalla. Pero no tenía cagazo porque eso sucede cuando tenés la sensación de que vas a perder. Hubo cosas feas de parte de un par de ex compañeros (N de R: Piti Fernández y Roger Cordero) y eso me pareció totalmente equivocado.
—¿Por qué no hablaste?
—Sentía que era una falta de respeto para la gente y para la historia de la banda. Fue una cosa de promoción muy berreta lo que hicieron. Tenía fe de que el tiempo iba a demostrar quién era quién y me la banqué callado, no quería entrar en un conventillo que era lo que se estaba buscando.
—¿No existe una posibilidad de que algún día vuelvan?
—No. La formación que conoció la gente ya no se puede armar por el fallecimiento de Tavo (Kupinsky), sumado al juicio espantoso que hizo Roger (ex baterista), y las declaraciones de otra persona que prefiero no nombrar, no darle entidad, porque con sus agresiones buscaba salir a vender su disco, y tiraba mierda. Prefiero tocar temas en vivo y disfrutar de este presente que me da mucha alegría.

 

“No hay nada serio en la oposición”

Nacido en Villa del Parque y criado en El Palomar, Martínez se considera un músico comprometido con el país, dice que tiene una mirada crítica de la actualidad, y jura que su línea politica reside en el socialismo.

—¿Te gustaba Hugo Chávez?
—Más o menos. Me parecía un personaje raro. No profundicé en el modelo, aunque sí me interesan sus logros, la alfabetización y la reducción de la pobreza, algo inobjetable que hizo en Venezuela. Chávez es un producto regional, el estilo de oratoria de hablar durante horas contando anécdotas, algo más latino. Siempre es mejor un tipo que apunte a defender la soberanía y combatir la pobreza.
—¿Y Cristina Fernández?
—Hay cosas que me gustan y otras que no tanto.
—¿Cuáles?
—Prefiero hacer música (se ríe). Creo que su posición es muy difícil... Veo cosas que se pueden corregir... Hay muchos lugares del país, que va más allá del Gobierno, que tienen que ver con los gobernadores, los feudos, y allí queda mucho por hacer. Veo la oposición y digo: “No hay nada serio”. Ni siquiera son oposición. Criticar es lo más fácil. ¿Cuál es la contrapropuesta concreta, articulada y realizable?

 

Las mujeres de su vida

Ciro lleva de manera elegante sus 45 años y no evidencia secuelas “duras” de tanto trajín por las largas noches rockeras. Juega sus partiditos de fútbol semanal con amigos y su epicentro de amor personal hace pie en sus tres hijos Katja (16), Manuela (14) y Alejandro (3).

—¿Quiénes fueron y son las mujeres más importantes de tu vida?
—Mi vieja. Irene, mi primera novia, que tuve a los 20. No me daba bola, le escribía cartas, canciones, era compañera de la escuela y melliza de mi mejor amigo, que me decía “nunca te va a dar bola, le gustan los tipos más grandes y con plata”. Hasta que le generé esa necesidad, como dice Benedetti en el poema Táctica y Estrategia. En Irene me inspiré para Blues de la ventana y A veces. Otra novia, con la que salí un tiempo corto antes de grabar Chac tu chac y que me hizo sufrir bastante, tanto que fue mi gran musa para crear Gris, Te diría, Olvidate, Ay, ay, ay e Insisto que es la canción final. La mamá de mis hijas (Carolina de la Presa) y la mamá de mi hijo (Constanza Simonetti). Y Julieta Cardinali. Fue la única famosa con la que salí. Me pegó porque yo me separé de ella, y por no tener un perfil alto para llamar a una revista y contarlo, se generaron cosas feas. A los seis meses empezó a salir con Calamaro y publicaban que me había dejado por él o que me la había robado. Me dejó una gran enseñanza.
—¿Por qué no reincidirías?
—Y... no es lo que más me atrae. Te hacen guardias. Inventaron cómo la conocí y cómo se terminó la relación. A veces hablo con Julieta y le digo: “¿Por qué nunca aclaraste por qué nos separamos?”. Y ella contesta: “Nadie me preguntó” (risas).



Gustavo Méndez