ESPECTACULOS

“Nunca me relajo del todo con el programa”

La conductora de AM, afirma que el magazine se impuso, dice que Susana se cuida al exigir no ir contra Tinelli y ensalza a Corcho Rodríguez, su marido.

PERFIL COMPLETO

Foto:Cedoc perfil

Corte. Dos segundos antes de la pausa en AM, estalló una carcajada de Verónica Lozano (43), que ahora sonríe y se queda callada mientras gente de la producción cambia un invitado por otro. Está relajada, momento casi inimaginable si el parámetro es la mañana de Telefe de los últimos ocho años. “Arrancamos la novena temporada de AM y, con el tiempo, comencé a manejar mejor la energía. Al aire, estoy muy explosiva, pero cuando viene el corte me quedo sentada hablando con el personaje que esté. Antes era más polvorita y terminaba agotada”, comenta previo a posar para las fotos, cosa que resuelve en un rato. Cuando finaliza el programa, lo charla con sus compañeros. Qué le gustó, qué debieron hacer, un par de mates y fin del relax. Entonces, confiesa que es una enferma del rating, que “eso no cambió ni va a cambiar nunca. También ahí existe el desgaste, una búsqueda permanente del número y los contenidos. Para eso también empezás a controlar la energía”.
—¿Se siente más presión después de tanto tiempo al aire?
—Lo que pasa con AM pasa con todos los programas de la televisión. El público cambió, se amplió el abanico y hay mucha gente que está eligiendo el cable. Los números de este verano son bastante más bajos que los de otras temporadas. En ese sentido, entre los cambios y la búsqueda de rating, nunca me relajo del todo con el programa.
—De todos modos, se te nota más serena. ¿Es sólo experiencia?
—Si bien tengo un humor ácido y con doble sentido, hace cuatro años que soy madre y, a partir de ahí, bajé un cambio con eso. No sé por qué pasó, se dio solo. Como cuando empezás a sentir miedo por manejar rápido. Fue algo que se instaló naturalmente desde que soy mamá.
—¿Alguna vez sentiste que alguien se ofendió por tu manera de ser?
—No, y si siento que puedo llegar a lastimar a alguien, antes le digo qué le voy a preguntar. Pero siempre sabés a quién le podés entrar y quién te puede mandar a la concha de la lora. Depende de los recursos y la inspiración que tengas ese día. Tampoco voy a cambiar si alguien me bardea, aunque espero que no pase.
—¿Crees que es más fácil para las conductoras de tu generación adaptarse a los cambios de la televisión?
—No sé. Soy de una generación más atenta al rating que la de Susana Giménez o Mirtha Legrand, aunque todos queremos ganar. De hecho, Susana elige que no la pongan contra Marcelo Tinelli o arrancar después del mundial de fútbol. Tal vez, la que estuvo más acostumbrada a los cambios en el rating fue Mirtha, pero el año pasado se defendió muy bien en los números de los fines de semana. Siempre es difícil, y cuanto más prestigiosa sos, más sentís que tenés que rendir, y ellas son marcas registradas.
—¿Hay alguna colega que te guste especialmente?
—Me gusta mucho Mariana Fabbiani, aunque ahora, por el horario, no puedo ver su programa. También Andrea Politti, que le tocó un género súper difícil, con un borde muy complicado, y ella lo hacía fantásticamente bien. Además, somos de una generación de jóvenes conductoras que asumimos que nos vemos y podemos nutrirnos de nosotras.
—¿Ves a otras mujeres de la TV intentar seguir tu estilo?
—No, lo que siento es que AM es un gran referente, no porque hayamos descubierto la pólvora. Creo que, cuando se dice “tenemos que hacer un magazine”, nos toman como modelo, y lo bueno de hacer un programa diario es que salís a la cancha todos los días a revalidar. Ayer sentí que había hecho un programa horrible y el de hoy me encantó. Está bueno tener la chance del día siguiente. Yo vivo la vida con ese espíritu.
—¿Te gustaría cambiar y hacer otro tipo de programa?
—No sé. Yo estoy muy contenta con el formato magazine. Siento que si quiero ponerme una peluca y boludear, lo hago. Y si la cosa da para estar más seria por cuestiones coyunturales, también. Me gusta ocupar el lugar de que la tele sea una herramienta para llegar a cosas que de otra manera no se consiguen, aunque disfruto fluctuar y que venga el putón de turno y tire una declaración rimbombante (ríe).
—En otro momento se te oía decir que preferías las cosas sin planearlas, ahora parece que desearas que nada cambie. ¿Qué pasó?
—Vivía con otra ilusión y con el fantasma de no tener trabajo, pero lo cierto es que hace nueve años que tengo el mismo laburo y la misma rutina todas las mañanas. Si la estructura viene de afuera, me adapto a esa situación. Lo que más me cuesta a mí es proyectarme desde un lugar estructurado.
—Además del mismo trabajo, tenés la misma pareja (Jorge Rodríguez) hace ocho años. ¿Para eso es igual?
—En eso te vas acomodando y aprendés a disfrutar más, a relajarte más. Igual, ocurre que la construcción de una pareja es cosa de todos los días. También siento que tengo que estar buscando la conquista del otro.
—¿De qué manera?
—Somos una pareja que cambia constantemente de escenario, los fines de semana nos gusta irnos a nuestra casa de Uruguay, y siempre pinta algo o viene alguien a cenar. En mi casa pasan cosas todo el tiempo. Igual, él es más activo y yo soy la que se queja. La que dice: “Otra vez gente a comer…”.
—Hace poco dijiste que estabas con ganas de tener otro hijo; ¿cómo estás hoy?
­—No sé. Te mentiría si ahora te dijera que sí o que no. No termino de animarme y no puedo ser tan omnipotente con la genética (ríe a carcajadas).



Alfredo Mera