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Lolo Rossi, jefa de coaches de ShowMatch: “La ‘coreo’ en televisión tiene que ser efectiva a la vista, por la ligereza de la televisión: la imagen cambia constantemente. No sé por qué hay quienes tienen el concepto de que las coreografías son para que se vea la cola. Nosotros no armamos la coreografía para que todo el tiempo la cola esté en primer plano. Apuntamos a que lo que se vea, coreográficamente, sea bueno, sea artístico… Después, si el director quiere mostrar la cola, ya nos excede. La realidad es que nos piden mucha sensualidad”.
Hugo Avila, jefe de coaches de ShowMatch: “¿Por qué se hace danza con gente que no sabe bailar? Se hace este producto porque la gente lo consume. Un atractivo es el morbo de ver cuán horrible bailan las personas que no bailan, y otro atractivo es ver bailar al que aprendió durante el concurso. La gente que cataloga el programa de vulgar minimiza el trabajo de danza que se hace. Todas las coreografías son arte. Es fácil tildar de chabacano algo que no se conoce. Es totalmente demodé decir que el programa arma coreografías para mostrar la cola, cuando vemos el trabajo que hace Piquín, que hace Noelia, que hacen Mora Godoy, Laura Fidalgo, Eleonora Cassano, Maximiliano Guerra. Esas críticas las hace gente que vio el programa hace cinco años; ahora estamos en un nivel artístico”.
Cecilia Figaredo: “Bailo con la misma responsabilidad en un teatro o en la tele. Lo que el programa tiene de distinto a una obra en el teatro es que aborda, a lo largo del año, un montón de ritmos. Mi formación es clásica y contemporánea, y algo de tango. De todo lo demás que hice en el ‘Bailando’ –merengue, salsa y demás–, yo estaba absolutamente en cero. O sea que para mí era lo mismo que para cualquiera de los otros participantes. La gente piensa que porque uno es un primer bailarín clásico puede bailar cualquier cosa, y es una equivocación: no te sale fácilmente todo. Yo les tuve que poner mucho trabajo a ciertos ritmos populares que no tienen nada que ver con la formación académica”.
Noelia Pompa: “Cuando entré al ‘Bailando’, no bailaba absolutamente nada; estaba junto a Hernán Piquín, que es de elite. No me puedo poner a la altura ni de él ni de otros bailarines. Siento que es como una falta de respeto para aquellos que estudiaron toda la vida, y de repente yo, de la nada, empiezo a bailar en un certamen de baile… No podría nunca compararme con ellos. Los admiro intensamente”.

A.M.