ESPECTACULOS MEDICIONES DE JUNIO

Radio 10, errática, va en caída libre

El empresario kirchnerista Cristóbal López compró la emisora más exitosa y en 14 meses la encaminó hacia el fracaso. La Red ataca.

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Foto:Cedoc

¿Cuáles fueron las razones por las cuales el Grupo Indalo adquirió la emisora más escuchada de los últimos 15 años y la condujo rápidamente al segundo puesto y en algunos segmentos al tercero?

Hay una respuesta, y se puede dividir en dos partes.

Primera: Cristóbal López, el empresario favorito del Gobierno, no sabe nada de medios de comunicación ni de radio. Desconoce que es muy difícil cambiar el perfil de un medio y que, para conseguirlo, se necesita algo así como un “Estado Mayor móvil” que vaya desde el director hasta el último cronista. Y el señor de los corderos no tiene la mínima competencia en ninguno de esos planos mediáticos. Segunda (y textualmente la madre del borrego): Cristóbal López compró Radio 10 para vender corderos. Porque vendiendo y comprando “corderos Indalo” (más complejos de entretenimiento, más casinos, más autopistas, más aceitunas, etc., etc.) gana dinero y hace política y adquiere poder.

Escuchando lo errática que está la programación de la 10, además, uno piensa que el cordero ya está condenado a la cacerola.

Pero antes de cuantificar la decadencia es conveniente cualificar las causas del fracaso: no se puede olvidar, por ejemplo, que una radio es su audiencia. Y que los oyentes de la 10, desde su aparición en 1998, fueron adiestrados en el chauvinismo y el sarcasmo. No se les informaba, por ejemplo, que una persona había discutido con un policía. Se les decía que “un marica mordió a un vigilante y probablemente le contagió el VIH”. Era una emisora encarnizada contra el garantismo. Y tan básica y literal que hacía recordar a Harpo Marx cuando, para entrar a un club donde la contraseña era “pez espada”, iba directamente con un pescado bajo el brazo. En 2000, ya con Marcelo Longobardi y Oscar González Oro y alejada de Mauro Viale y Jorge Pizarro, apareció “la derecha simpática de Radio 10”, que repudiaba a las Madres de Plaza de Mayo y regalaba banderas argentinas y taxímetros. Por entonces, de cada diez oyentes, cinco o seis sintonizaban la 10. Y González Oro llegaba a lo increíble, con 50 puntos de share, y Marcelo Longobardi era la nave insignia de una radio autoritaria y racista.

Por entonces, hasta Néstor Kirchner y Cristina Fernández (en campaña presidencial) tuvieron que dejar de lado las disquisiciones políticas para abrirles las puertas de la Casa Rosada y de la Quinta de Olivos y darles entrevistas a Oro y Longobardi.

Y los trataban con la misma pleitesía con que ahora el mismo gabinete presidencial atiende a periodistas como Chiche Gelblung, al que antes escarnecieron en Plaza de Mayo en un supuesto “juicio popular”.

Pero el gran Maquiavelo de la historia fue Daniel Hadad: primero creó a esos conductores y luego, por unos 50 millones de dólares, se los vendió a Cristóbal López, envueltos en una radio muy floja de papeles y nacida de un oscuro decreto de Carlos Menem en 1995 (decreto que algún día deberá investigarse). En cuanto al actual descalabro de la 10, tiempo atrás escribí: “Radio 10, más que de volver a ser la primera, deberá ocuparse de La Red, que tal vez pronto, con Novaresio y Rial, le respirará en la nuca” (diario PERFIL, 14/12/13).

Y si bien todavía no le ganó la mañana, La Red ya desalojó a la 10 del share de la tarde y de la noche (ver recuadro). Porque María Sánchez con Rolo Villar es primera de 14 a 17, seguida por La Red y desbancando al bueno de Rolando Hanglin. No obstante, todo se pone peor a la hora del regreso: Alfredo Leuco (primero) le lleva 19,12 de share a La Red y La Red le saca 1,31 puntos a Chiche Gelblung. En el horario del regreso, José Eliaschev (Mitre) supera por 23,1 puntos de share a Chiche Gelblung, a quien también le gana Gustavo López en La Red sacándole más de cuatro puntos. Pero es un hecho que, en una sociedad politizada, siempre triunfa la radio que gana la primera mañana. Y López creyó que lo iba a lograr empapelando los colectivos con la foto de Oro y Gelblung y con un texto falaz: “La mañana es nuestra”.

De esa misma mañana de la 10 fueron sucesivamente eyectados Longobardi y Oro primero, fracasaron Gelblung y Antonio Laje después, y no anduvo Bebo Granados. Sin embargo, Cristóbal López, en marzo de este año y en una jugada despolitizadora, puso en la primera mañana a Beto Casella, que va primero en la FM Pop, pero que está más para el chamuyo amable que para la pelea política y electoral que se avecina. En tanto, Cada mañana borra a la 10 desde Mitre. Porque la rusticidad millonaria de Cristóbal López parece haber activado en Longobardi un anticuerpo destinado al diálogo, el buen humor y la tolerancia.

La quimera de Oro (Oscar González) en La Red, por su parte, es la de ganarse un futuro mediante el destierro del pasado: ataca a los que representan “el fin de ciclo” y les sonríe a los que tal vez hereden el relato.

Párrafo aparte merece la caída lamentable de audiencia de una emisora señera como Continental: ya no es tercera, y en algunos segmentos (el del regreso y el de la noche) se ubica en sexto lugar.

Mitre arrasa ahora a Radio 10. Y durante la primera década del 2000, Radio 10 tuvo sepultada a Mitre. Una es el poder del dinero. La otra es el dinero en el poder. ¿Qué podemos desear de estas radios? Mi modesta respuesta es que, si lo único que deseamos es que sean objetivas, deberíamos tener presente cierta frase de Jacques Lacan: “Y en cuanto a sus deseos, pueden ustedes esperar sentados”.



Luis Frontera