ESPECTACULOS THE CURE

Regreso con gloria para corazones sensibles

El líder de la banda, Robert Smith, asombró por su energía y su voz a los 55 años en un show que duró tres horas. Cantó cuarenta temas, muchos hits y un incendiario final con Killing an Arab.

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Más de tres horas de concierto y  un repertorio plagado de hits pero llevado adelante con cero demagogia. The Cure volvió a la Argentina luego de 26 años (y se tomó revancha). La imagen que quedó del grupo liderado por Robert Smith es muy buena. Se notaba sobre el final en la cara de buena parte de la gente que ayer se acercó al estadio de River y disfrutó de un recital que dosificó equilibradamente brillo con oscuridad, invitación al baile con impactos sonoros dirigidos al pecho.

Acompañado por Simon Gallup (bajo), Jason Cooper (batería), Roger O’Donnell (teclados) y Reeves Gabrels, veterano guitarrista que trabajó muchos años con Bowie, un Robert Smith inspirado y de buen humor sorprendió con la energía y los colores de su magnífica voz, intacta, muy similar a aquella con la que emergió en la escena del pop británico hace ya más de treinta años. Estrictamente dedicado a la música, Smith obvió casi por completo la conversación con el público –una costumbre muy desarrollada en los shows de este tipo– y fue al grano: hubo bastante de Disintegration (1989), para muchos el mejor disco de la carrera de The Cure, aquel en el que logró matizar la oscuridad que había teñido una trilogía siniestra –Seventeen Seconds (1980), Faith (1981) y Pornography (1982)– con arreglos más cercanos al pop. Las canciones de ese álbum con el que The Cure se despegó muy levemente del filón dark –Plainsong, Pictures Of You, Lullaby, Fascination Street– fueron sostén importante de un concierto sólido y objetivo, con muy poco nivel de dispersión.

Fueron cuarenta temas divididos en tres partes: una central muy extensa que incluyó hits inoxidables como In Between Days, Just Like Heaven y Friday I’m in Love, una de las más celebradas, y momentos tan inquietantes como el de A Forest, con Smith repitiendo como un poseso el “again and again” que revela la angustia del atribulado protagonista de esa gran canción; un primer bis muy cortito, de apenas tres temas (The Kiss, If Only Tonight We Could Sleep y Fight), y un final a toda orquesta, enfocado en el perfil más bailable del grupo, con hits como Lovecats, The Caterpillar, Close to Me, Hot Hot Hot!!!,  Why Can’t I Be You?, Boys Don’t Cry, 10:15 Saturday Night y Killing an Arab.

El sonido del show se fue acomodando con el correr de los temas: empezó con ciertas desprolijidades –de todos modos, es difícil hacer una valoración justa del todo, dada la ubicación que los organizadores destinaron a la prensa, a cien metros del escenario; a propósito: ¿qué escucharon y vieron los que pagaron 200 pesos por una popular en River?– y terminó bien, con potencia, claridad y la privilegiada voz de Smith bien al frente, hiriendo corazones sensibles con versos inflamables como los de Lovesong: “Nunca hubo nada que deseara más en el mundo que sentirte en lo más profundo de mi corazón / Nunca hubo nada que deseara más en el mundo que no sentir nunca la ruptura”.

Está claro que en temas como Close To Me y Lovecats pueden rendir mucho más en un lugar cerrado que en un estadio, pero las versiones de este River fueron buenas y el público igual las coronó con ovaciones. Sin embargo, el incendiario final con Killing an Arab puso blanco sobre negro que la distorsión paga más que las sutilezas en lugares de este tamaño.

Antes de irse, un Smith visiblemente feliz y sin demasiados signos de agotamiento prometió un regreso al país. Ya estamos contando los días.

 

Vodka y vino argentino

En la lista de requerimientos que The Cure exige para los shows del actual tour latinoamericano –que continuará en Chile, Perú y México– no hay demasiadas excentricidades. Camarines separados para los integrantes del grupo, agua caliente para el té y chocolate instantáneo, una selección de bebidas no alcohólicas, agua mineral, té helado, una tostadora, manteca y margarina, pan fresco con mantequilla de maní y mermeladas, una selección de tortas, frutas frescas, tres botellas de vino tinto italiano de tipo Chianti, tres botellas de “buen vino” argentino tinto y otras tres de blanco, tres botellas de champagne con hielo (Krug, Mumm, Perrier Jouet, Moet, Laurente Perrier, Lanson o Taittinger), una botella de tequila y una de vodka. En lindo gesto de cortesía, Robert Smith se acercó al camarín de la banda argentina Utopians y les obsequió una botella de champagne. El momento fue registrado por la banda con una cámara y es realmente emotivo. Tanto que la cantante Barbi Recanati esperó la salida de Smith y se tiró de cabeza al piso.



Alejandro Lingenti