ESPECTACULOS LAS PASTILLAS DEL ABUELO

"Sería genial que imitemos a Uruguay"

La banda de rock confirma su apoyo a la legalización de la marihuana para consumo personal. Sus integrantes confiesan que hicieron terapia grupal.

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Crece y crece la cantidad de seguidores de Las Pastillas del Abuelo, una banda que se consolidó apostando al trabajo de hormiga, caminando escenarios de todo el país durante los últimos diez años con un repertorio que no oculta referentes dentro del rock argentino reciente –Bersuit, Los Piojos– y es celebrado por un público con fuerte sesgo adolescente. “Son muchos los pibes que nos vienen a ver –cuenta Piti Fernández, cantante del grupo, antes del inicio de un ensayo en una sala propia montada en el barrio de La Paternal–. Vienen también padres jóvenes con sus hijos, que tienen 8 o 9 años. Son recitales muy efervescentes, con mucha euforia, pero con una producción que controla todo. A mí me asombra que un pibito se sepa muchas de nuestras letras, incluso las que tienen temáticas más sociales”.

Las Pastillas del Abuelo prepara un gran show en el Parque del Bicentenario, emplazado en la zona donde se desarrolla hoy la feria Tecnópolis, para el próximo 5 de octubre. Será un concierto que le pondrá un moño a un muy buen año, previo paso por Claromecó, Olavarría, Trelew, Comodoro Rivadavia, Esquel, Bariloche y Neuquén. El grupo está formado por Alejandro Mondelo (teclado y coros), Juan “Piti” Fernández (voz), Diego Bozzalla (guitarra y coros), Joel Barbeito (saxos y coros), Santiago Bogisich (bajo), Juan Comas (batería) y Fernando Vecchio (guitarra y coros). Dicen que escuchan heavy metal, salsa, bossa nova, candombe, jazz y rocanrol. Y de la suma de todas esas influencias nace el sonido de una banda que en estos diez años de carrera ha atravesado “los altibajos de cualquier grupo con esa trayectoria”, según explica Piti. Para superar los momentos más tensos, aparecieron propuestas muy disímiles: “Uno de los músicos del grupo propuso que nos tiremos juntos en paracaídas, y ya nos comprometimos a cumplirlo. Yo propuse un mes de terapia grupal –agrega el cantante–. Y lo hicimos con un amigo psicólogo y ex combatiente de Malvinas. Ahí se hablaron cosas fuertes. Yo no conocía el pasado de los demás, y a partir de conocerlo pude entender muchas cosas. También se habló de hacer meditación y yoga para equiparar las velocidades de conducta de cada uno, que son muy diferentes. Es difícil estar durante años en el mismo trabajo, sea cual sea”.

Habituados a reflejar en sus canciones el día a día más cercano de sus seguidores, los integrantes del grupo también tienen postura clara en la discusión sobre la legalización de la marihuana para consumo personal: “Sería genial que imitemos a Uruguay –opina Piti–. Mirá el caso de ese pibe de Santiago del Estero que cayó por quince gramos de porro… Es un disparate”.

En términos de convocatoria, Las Pastillas del Abuelo viene haciendo un recorrido parecido al de las bandas que citan como referentes musicales. Para eso, apuesta a la autogestión, un modelo que artistas como el Indio Solari y La Renga han desarrollado con éxito, y a una lírica que interpela sobre todo a la clase media y a las clases populares urbanas. “Siempre nombramos a Los Piojos y a la Bersuit como bandas que empezaron a fusionar el rock con los ritmos rioplatenses, que es algo en lo que nosotros venimos trabajando hace diez años. Y decimos que nuestra música tiene aires de candombe, de chacarera y hasta de rock. Aires… No hacemos ningún estilo con ortodoxia, nuestra música tiene una impronta latinoamericana. Creo que esas bandas que te nombré nos marcaron un camino desde lo musical y lo lírico”. Parte del imaginario “pastillero” puede configurarse a partir de las remeras que suele usar en los recitales el propio Piti: primero, unas que daban cuenta de una identidad adolescente, las que tenían estampado el escudo del colegio Mariano Acosta; y, más adelante, las que llevaban el rostro de una variada gama de personajes: el Che Guevara, Salvador Allende, Rodolfo Walsh, el Negro Olmedo y Cristo. “Hace poco me puse una con la cara de Eva Perón y se armó un debate entre nosotros. Algunos de mis compañeros me dijeron ‘te estás poniendo una de Cristina’. Discutimos un rato sobre eso. ‘No es Cristina, es Eva. Sale veinte pesos estampar una remera. Si quiero ponerme una de Cristina, la estampo y ya’, les contesté”.

En cuanto a los shows organizados con dinero del Estado, Vecchio asegura que “la banda se cerciora de que no haya una cuestión política de por medio; si eso no ocurre, tocamos. Muchos se la pasan despotricando porque no se hacen cosas para la gente y capaz que cuando se hacen se ponen en exquisitos porque las organiza tal o cual. Hay que separar: si la organización está cuidada y no hay detrás una bandera política, un show gratis está buenísimo, es algo para la gente”. Piti cierra contando que “igual, el Estado no se acuerda de llamarte en otro momento que no sea el que está cercano a las elecciones. Nosotros no tenemos problema en tocar gratis si hay una buena causa de por medio. Lo hicimos por lo pueblos originarios y por la Ley de Glaciares sin cobrar un peso”.

 

Causa archivada

La banda, que espera convocar el 5 de octubre a unas 15 mil personas, mantendrá su habitual estructura de organización independiente, un modus operandi que ha sostenido con convicción aun después de la fatalidad ocurrida a fines de 2009 en la cancha de Ferro, cuando falleció Melisa La Torre, una fan de apenas 20 años. “Aproximadamente a las 22 de ese sábado 5 de diciembre, Melisa sufrió una descompensación que obligó a trasladarla al Hospital Teodoro Alvarez, donde luego falleció. Intervino la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional de Instrucción Número 1, que dispuso practicar una autopsia para determinar las causas del fallecimiento, toda vez que las primeras versiones periodísticas daban cuenta de una probable muerte por asfixia. Y la autopsia determinó que el deceso se produjo por una causa natural, sin que haya intervenido ningún factor externo que pudiera haber generado este lamentable desenlace. Con ese dictamen, la causa quedó archivada”, le explicó a PERFIL el abogado del grupo Osvaldo J. Pereira.

Piti Fernández recuerda aquel momento amargo: “Fue muy triste, por la familia y las cosas que se dijeron. Y fueron vertiginosos esos tres días en los que los medios se ensañaron con nosotros. Hasta que apareció el caso de la familia Pomar y encontraron otra historia para vender. Sentimos bien cerca la locura mediática que ahora están desarrollando con Angeles”.



Alejandro Lingenti