ESPECTACULOS SOLEDAD SILVEYRA - NACHA GUEVARA

Solita y Nacha: dos artistas metidas en el mundo mediático

Estrellas del “Bailando” dicen que con Tinelli convive lo sublime con lo ridículo y revelan sus miedos.

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Foto:Cedoc

Nacha Guevara, jurado 2014 de ShowMatch, distendida (distinta de la tensión pastelera que mostró genuina, esta semana, en el piso), dice sobre su nuevo e impensado rol en la TV: “Necesitaba todo junto. Ves a Eleonora Cassano mientras el Oso Arturo se revuelca por el piso con un colchoncito pintado con la bandera de San Lorenzo mientras hay dos enanos bailando un bolero, Matías Alé nos trae canelones y yo me subo al rinoceronte. Me enseñó que los mismos prejuicios de los que me quejo en los demás, yo misma los tengo”. Esa imagen, la de Nacha subida a un rinoceronte de caucho, es quizá la postal más perfecta, atrevida y salvaje de ShowMatch cosecha 2014. Soledad Silveyra, otra jurado inesperada y sorpresiva del palacio del rating de Marcelo Tinelli, que ama a Nacha (“Tengo pasión por Nacha, siempre quería que me dirigiera en el teatro y no se nos dio”), sostiene que después de incluso ir a un semiólogo, “aprendí mucho viendo a Nacha, verla en distintas situaciones en el jurado me dio herramientas para dejar de tener miedo y disfrutar”.

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—¿Cuáles eran los prejuicios que tenían sobre “ShowMatch”?
GUEVARA: No era una persona que viera el programa, igual te enterás porque es tan popular que está en todos lados. No lo ponía para verlo. Ahora veo un poquiiito.
SILVEYRA: En primera instancia, sabía que me metía en un mundo mediático y sé que no estoy preparada para eso. Pensé que no iba a poder. Me pasó de todo: pasé por todos los estados, vi a todos los médicos, pensé que tenía Alzheimer, vi al otorrinolaringólogo, fui al psicoanalista. Hice de todo. Tengo un hijo mayor que me hinchaba para que lo hiciera, como con GH. Y Charlotte Rampling, que es una actriz que amo profundamente, dice: ‘A mí me gusta meterme en los lugares donde no sé qué va pasar’. Y es un lugar de desafío que me interesaba mucho.

—El show es golpeado desde muchos lugares, con críticas, ¿cómo lo ven ahora?
G: Lo que me contiene es el programa y la producción, y sobre todo Marcelo. Veo el showman que es, los tiempos que maneja, y me dio una enorme lección. Se aprende mucho viéndolo. Después vos podrás discutir desde qué lugar te gusta o no lo que hace. Pero veo un tipo con un timing que me divierte. El se emoció mucho con Anita y el Bicho, y yo en casa viendo eso me puse a llorar. Por la reivindicación del actor popular. Y siento que Marcelo produce eso.
S: Muy diferente de lo que lo veía antes. Primero porque es un programa que no es lo mismo verlo por televisión que verlo en vivo. Toda la producción, y eso que escuché esto mucho (y siempre pensé que era una chupadera de medias), está muy bien organizada. Es muy difícil escuchar un no en una sociedad donde el “no” va siempre por delante. Vencí prejuicios. ¿Y por qué lo hago?: me obliga a salir de mi área de confort. Acá sos una pieza de 360. En el teatro tengo el control total de la cosas, y aquí no. Es por estas cosas que estoy joven.

—¿Y el programa desde afuera?
G: Es 360: suceden muchas cosas a la vez que la gente no ve. Es nuestro país en chiquitito, en un espacio chico, donde conviven lo sublime, lo ridículo, lo más feo, lo más lindo, lo más vulgar, lo más sofisticado. Todo convive. En ese sentido, para mí es un gran aprendizaje. Me ayuda a ver la diversidad en acción. Aquí es tan extrema, tan puesta afuera...
S: Si vos me decís que no preferís estar en el San Martín haciendo Electra, la verdad, en este momento, y obviamente que siempre quisiera estar en el San Martín, esto es una experiencia absolutamente nueva. Es estimulante estar acá. Lo interesante es aprender a controlar ese corazón cuando late un poquito de más.

—Suenan fascinadas…
G: Es que está todo ahí. Siempre he creído que la televisión en un espejo de nosotros. Y este programa es un espejo de aumento.

—¿Les costaron los mediáticos?
S: Sí, pero que estuviéramos Nacha y yo evitó que entre el jurado haya agresión. Un día Nacha dijo: ‘Yo del jurado no opino’, y eso lo agarré como si fuera una sortija. Me lo quedé. Acá aprendí a darme cuenta de los tiempos, respetar a los participantes. Eso sí: en los momentos de violencia, como con Mora Godoy o Yanina Latorre, no la paso tan bien. No me descoloca pero me voy con el corazoncito un poquito sacudido.
G: Eso es lo que más me cuesta. Sin embargo, el acoso no es tan grande como yo pensaba. No, no, no. Ya saben cómo son las reglas del juego. Trato de hablar lo menos posible dentro y fuera del programa. Soy sincera, directa, clara y divertida.

—¿Eso está en tu criterio o aquí cambia un poco?
G: El criterio de nadie se toca. El criterio es un punto de vista, y eso es lo que somos todos: un punto de vista

—Pero acá tu punto de vista importa más que el de otros…
G: Porque es la parte que le faltaba al programa para ser la Argentina completa.

—¿Qué sería esa parte?
G: La mirada de un profesional riguroso, exigente, un poco extravagante (si se quiere, al menos para un público más popular), que se viste distinto, que habla con un vocabulario distinto, que opina diferente. Las minorías tienen que estar representadas. Cuando escucho que los gobiernos, y no quiero entrar en política, eh, sino en algo más general, dicen que respetan a las mayorías, las verdaderas democracias no respetan a las mayorías, ya que las mayorías se hacen respetar por ser mayorías. La verdadera democracia respeta a las minorías. Acá faltaba esa pieza. Que también traen Eleonora Cassano, Maximiliano Guerra, Mora Godoy. Ahí se completó el país, y es una decisión de Marcelo Tinelli.
S: Influyó el cambio que Marcelo ejecutó. Agregó Colón, agregó Nacha, y me pareció que yo podía entrar ahí. Que ahí sí se daba la oportunidad de una experiencia y de crecer. Y que no me haga daño. Tenía miedo de que no me llamaran más como actriz. Y ya me llamaron para cuatro comedias.

—¿Cuál sería su criterio?
G: Yo busco la belleza, la armonía, la verdad (que para mí es lo mismo: belleza y verdad arriba se juntan). Lo que no me gusta lo expreso.
S: Que te toque o no te toque. El otro día hizo Vicky un horror, un espanto estético. Y cuando repitió el adaggio no sacó la lengua como la sacó antes.

—¿Qué entendió Marcelo que no entendió nadie más?
G: Yo creo que tiene el éxito garantizado por muchos años. Lo hace con cautela, es muy hábil. Yo diría: ‘Damos vuelta todo y lo hacemos de otra manera’. El sabe ir de a poco. Es un programa muy libre. Es abierto. Es la Biblia y el calefón.

 

Enamoradas del show sin prejuicios

Nacha Guevara recuerda que “la primera charla la tuvimos hace seis años. Tenía muchas reservas (en muchos sentidos), di muchas vueltas. Tenía una visión de la producción completamente diferente de lo que es. También eso me enseña. Yo tenía un prejuicio, y quizá la experiencia lo confirmaba o lo empeoraba. No sucedió. Y me obligó a pensar cuántos otros prejuicios tengo”.

En cambio, Soledad Silveyra habla de ese momento como un instante “donde estaba luchando con algo que no sabía que tenía (ahora sé que es hipertiroidismo), algo extra que se sentía en mi piel, mi pelo, mi estado de ánimo (lo otro se maquilla). Yo tenía terror que fuera mi cabeza, y gracias a Dios, no. Ahora estoy desde hace más de veinte días medicada y me estoy recuperando. Pero nunca dejé de reírme”. ¿Nacha se animaría a bailar? “No tengo ese valor” Y Silveyra insiste, mientras cuenta que China Zorrilla tiene “locura con Marcelo y me comenta el show”, que aquí “aprendí a respetar muchísimo el trabajo de los demás”. Nacha, a la hora de hablar sobre Fátima Florez, la imitación que hace de ella, dice: “Es buena Fátima. Lo hace bien. Es muy observadora. Espero, deseo y creo que en un momento puede hablar con su voz propia. Que va a animarse y no sabemos dónde puede llegar. Ese es el punto donde uno imita lo inimitable”. Y agrega, hablando sobre su vestimenta y los comentarios al respecto: “Ser y parecer. Me visto como una artista. Soy creativa en cómo me visto. Hay gente a la que le puede gustar, hay gente a la que le puedo parecer disfrazada, y todo bien. Parte de lo que uno expresa, ya que todo lo que hacemos es autobiográfico, es mi vestimenta. Es mi historia. Me gusta la dualidad. La dualidad es la cosa más atractiva que existe. En una persona, en una sociedad, en un espectáculo. Los actores más atractivos, los verdaderos, son los duales”.



Juan Manuel Domínguez