ESPECTACULOS OTRA NOCHE CON CHARLY

Soy el que viene a filmar a nuestro prócer

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Zapada hermosa. LLegar a Charly García fue obra del destino para el director Alejandro Chomski. Una experiencia única que deja testimonio en las imágenes.
Zapada hermosa. LLegar a Charly García fue obra del destino para el director Alejandro Chomski. Una experiencia única que deja testimonio en las imágenes. Foto:Gza.Chomski
Desde séptimo grado que había vuelto con mis padres del exilio en Barcelona (1976-1981), recuerdo que una tarde mi amigo Tomy del colegio Jean Piaget donde íbamos, había llegado con la gran noticia de que había salido Bicicleta de Seru Giran.Desde ese año y para adelante (pero también para atrás) Charly García había pasado a ser nuestro prócer nacional, desde Sui Géneris a La máquina de hacer pájaros, para luego seguir todos de cerca la ruptura con el rock progresivo luego del emblemático viaje a Nueva York de donde produjera Clics modernos.

En febrero de 1994 vivía en el Pasaje Soria luego de estudiar cine en Estados Unidos durante un año.

Vivía en un pasaje reciclado, el mismo donde volví a vivir luego de 25 años, juntamente con el estreno del documental Existir sin vos. Una noche con Charly García. Estábamos cenando con mi novia cuando suena el teléfono. Era una joven directora de fotografía que acababa de tener un bebé con Marcelo Moura y lo estaba amamantando. Ella, Sol Lopatín, que luego sería la DF de mi film Dormir al sol, me comenta que la habían llamado para filmar a Charly esa noche en Fitz Roy, su estudio de pregrabación.

Me dijo que Charly quería que filmaran esa noche (aún no sabemos por qué o tal vez la existencia del film sea la respuesta…) pero ella por el bebé no podía ir, y me consultó si yo podía. Mientras conversábamos abrí el bolsito donde tenía mi cámara HI-8. Casetes vírgenes no tenía y eran como las 9 de la noche y ya estaba todo cerrado para comprar. Tenía casetes filmados del making off de la obra Calígula con Imanol Arias y Fabián Vena, que estaba haciendo en ese momento. Le dije a Sol que sí sin dudarlo y salí para Fitz Roy.

Llegué al estudio y toqué el timbre. No recuerdo quién me abrió pero balbuceé algo como “Soy el que viene a filmar a Charly” y entré sin peros ni preguntas, pero tampoco sin ninguna aclaración ni explicación de lo que tenía que hacer. Lo único que sabía era que “Charly quería que lo filmen”, pero no sabía cuándo, ni cuánto ni cómo. Me puse a observar y en un cuarto pequeño lo primero que vi fue a un hombre grandote de remera celeste tocando el bajo mientras fumaba un cigarrillo (Alejandro Medina). Luego a su izquierda una chica muy tranquila tocando la guitarra (María Gabriela Epumer). A su izquierda Fernando Samalea tocando la batería y al lado el Zorrito Von Quintiero en los teclados. Por último, sentado en un sillón (todos estaban sentados, lo cual daba una imagen diferente a la del clásico show con músicos parados), Charly García estaba ajustando su guitarra mientras la enchufaba a un amplificador. Tenía el pelo húmedo, por lo que pensé que se venía de duchar (años más tarde repararía en que lo más posible era que viniera de tirarse en la pileta) y estaba muy tranquilo, muy “suave” y coordinaba la zapada ya en curso con sus grandes manos, gestos y acordes. No entendía cómo podían entrar tantas personas e instrumentos en un lugar tan pequeño –siempre los músicos terminan componiendo en lugares pequeños no sé bien por qué– ni entendía bien qué es lo que se pedía de mí. Tenía miedo de meter la pata, de filmar cuando no debía, de no filmar cuando debía y así me carcomían las preguntas de ese mundo extraño (tenía 25 años).

La zapada era hermosa, sonaba todo en vivo y sin público, ya que además de los técnicos que grababan en la sala de al lado en el sistema analógico de la época, y la mujer de Medina y la “prima” Adriana San Román que aparece transcribiendo la letra en el altillo, no había nadie más. Tenía que tomar una decisión fundamental, si sacar la cámara en ese momento y filmar ateniéndome a las consecuencias, o seguir haciéndome preguntas y esperar mientras mis ojos se maravillaban cada segundo más de lo que veían y mis oídos escuchaban.
Finalmente me decidí: casi temblando, saqué la cámara y puse “Play”.

De las 17 horas que tengo filmadas de García en el curso de los seis meses que siguieron, el primer plano del film es ése, el primero que capturé cuando en ese instante la cámara se prendió y el botoncito rojo me indicó “REC”.

*Director de Dormir al sol, Hoy y mañana y Existir sin vos. Una noche con Charly García. Proyección de Existir sin vos: Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (Av. Del Libertador 8151) en día y horario a designar.

Alejandro Chomski