ESPECTACULOS LUCIANO CASTRO Y LUCIANO CACERES

Tienen fama, buscan prestigio

Armaron una cooperativa teatral para presentarse en el Centro Cultural San Martín, ajenos a las salas comerciales de la avenida Corrientes. Hablan de la división en la sociedad por el ballottage.

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Foto:Enrique Abbate

Se puede entrar por Sarmiento o por Paraná, pero no está sobre la avenida Corrientes. Este detalle no es menor para la cooperativa teatral que integran hoy Luciano Cáceres, Luciano Castro, Marco Antonio Caponi, Marita Ballesteros, Gonzalo Suárez, Fernando Sansiveri y Matías Teres. El espectáculo Pequeño circo casero de los hermanos Suárez, de Gonzalo Demaría, hace sólo funciones los martes y miércoles en el Centro Cultural San Martín, hasta diciembre, con la esperanza de volver en la temporada 2016.
Luciano Cáceres tiene varios proyectos importantes de trabajo. Finalizará el año con teatro y lo iniciará en febrero de 2016 con otro estreno importante, pero sobre la avenida Corrientes, más precisamente en el Teatro San Martín. “Hoy, tanto Luciano (Castro) como Marco (Caponi) apuestan a otro tipo de teatro –subraya el actor y director–, y creo que es nutritivo para ellos. Son muy buenos actores y a veces se tiran a menos. Siento que arriesgándose en este tipo de propuestas se muestran. Confiaron en mí e hicieron todo para que el proyecto se concretara. No ganamos nada, después imagino que llegarán los subsidios que pedimos. El Centro Cultural San Martín puso la coproducción, en este caso el espacio y las gradas, pero iremos todos a cooperativa, nadie tendrá un sueldo fijo. Es teatro independiente y nos manejaremos con porcentaje”.

“La idea nació de Marco y de mí –recuerda Castro– en un almuerzo entre las grabaciones de televisión. Queríamos gestar un proyecto para el teatro independiente. Teníamos una idea pero nos faltaba el autor que la plasmara, por eso llamamos a Gonzalo Demaría, y a los 15 días nos presentó el texto. Imaginamos a dos hermanos con distintas deformidades físicas y los veíamos encerrados en un circo. Todo lo demás lo creó el dramaturgo. Hacía muchos años que quería que me dirigiera Luciano Cáceres, y por fin se dio. El máximo logro es trabajar con amigos, relajados y tranquilos. Cada uno ocupa su lugar y todos lo sabemos. Todo mutó y llegamos aquí. No quisimos hacer teatro comercial, ni salimos a buscar productor. Funcionamos como cooperativa: nunca planteamos ganar dinero, sí tal vez reconocimiento o que vean que podemos hacer algo distinto los que nos asocian más con la televisión”.

—¿Cómo es la propuesta?
CACERES: Sumamos a un gran director de arte, como Eugenio Zanetti. Hubo que amalgamar esas dos situaciones que propone la obra: el circo y un pueblo. Se lo propuse y lo coordinó junto a mi escenógrafo de siempre (Agustín Garbelotto). También la música de Gerardo Gardelín es muy importante. Para mí, Demaría es uno de nuestros grandes dramaturgos y me resulta atractivo poder investigar. Estudié sobre el circo criollo y las películas tipo B, busqué un estilo un tanto bizarro y forcé lo circense. El que tenga este elenco trabajando en cooperativa, sólo por ganas y por amor al teatro, es maravilloso. Aquí estuvimos pintando escenografía, los citaba para ensayar y nos poníamos a trabajar. Lo mismo sucedió con el vestuario: todos aportaron. Creo que esta realidad y mecánica hace la diferencia: nos une el placer. Obviamente que sacamos tiempo a la vida privada o a los otros trabajos, esos que nos dan de comer.

—Tu maestro fue Raúl Serrano: ¿qué te dejó?
CASTRO: Es más, si tengo un concepto sólido de la actuación es por él. Fue de la mano de Cris Morena que en Telefe se armó un grupo de actuación y convocó a Serrano. Yo vi en él a un gran docente y a un padre increíble. Me incentivó para que estudiara con alumnos de actuación, que lidiara con textos y aumentara el nivel de autoexigencia. Vi en su escuela a muchos actores que no tuvieron mi suerte. Allí también conocí a Alicia Bruzzo: ellos fueron mis referentes.

—Serrano es un hombre que siempre se mantuvo en la izquierda.
CASTRO: Sí, él sostiene sus valores. No es sólo que vivió en Rumania, te da fundamentos, y jamás hace política en su escuela. Lo conozco mucho por las charlas personales que mantuvimos. Para mí Serrano es un sabio de la vida y tiene su método de actuación. Propone que un actor busque e investigue. Tuve la suerte de estudiar en dos momentos muy distintos de él y míos: nunca cambió. Lo admiro enormemente. Me gustaría poder trabajar con él; ahora que estoy grande y me siento profesional, buscaría estar en su teatro. Creo que con este proyecto es una forma de volver a ese pasado. Ya no tengo desesperación por hacer: me costó mucho tiempo darme cuenta de que no hay que correr detrás del reconocimiento ni del éxito, sólo lo hago detrás de mis hijos.

—¿Qué posición tienen frente al futuro ballottage?
CACERES: El voto es privado y secreto. Siento que hay una gran división y no quiero pensar qué se está negociando de un lado o del otro, porque ambos necesitan, pero creo que lo pagaremos nosotros. Sólo espero que duela lo menos posible. No importa ni el color ni las ideologías. Me preocupan el presente y el futuro. Nosotros siempre estamos fuera de lo que negocian nuestros políticos.
CASTRO: Me involucro con la política, vengo de una familia dividida, muy mal, entre peronistas y radicales, gente que no se hablaba. De chico me preguntaba quiénes eran Yrigoyen o Evita. Después me empecé a interesar con lecturas sobre el tema. Me comprometo con mi voto y no me convencen con un discurso guionado; soy actor, no me engañás. Creo que es una buena oportunidad; los que quieren un cambio, los que quieren que sigan o los que no aceptan ni lo uno ni lo otro tienen la posibilidad de votar en blanco. Me daría bronca que si ganan unos u otros se quejen. Aquí el que gana lo hace después de un ballottage, nadie sacó tanto. Los indecisos pueden seguir siéndolo. Padecimos muchas veces votar al menos malo. Ya me di cuenta de que al mundo no lo cambiamos. Los que quedamos afuera del ballottage tenemos que votar.

 

Los ricos no piden permiso

Ambos Lucianos integran el elenco televisivo de Los ricos no piden permiso, que irá el próximo año por El Trece. “Yo hago de pobre –anticipa Castro, con humor–, siempre me tocan estos personajes. Encarno a un capataz, hombre de confianza de los ricos y que maneja a los pobres. Lo mejor de la tira es que todo el tiempo se pone de manifiesto la diferencia entre las dos clases sociales. No es una sensación, es una realidad; si no, no tendríamos el nivel de pobreza que existe en nuestro país. Es un tema político, ves el crecimiento de los barrios carenciados o hablás con mi madre, que es docente rural, o con mi hermana, que también es maestra... La pobreza crece mucho. A mí me queda sólo votar”.

“Esta vez haré de malo –agrega Cáceres– pero con poder, a diferencia de El elegido. Este, si tiene que matar, mata. Hay una parte misteriosa, casi de realismo mágico, que jugaremos con Julieta Cardinale y Alberto Ajaka. Será una tira diaria, en el horario más competitivo. También grabé Estocolmo para Telefe, policial de Marcelo Camaño con Juana Viale, Mariano Torre, Liz Solari, María Onetto, Martín Slipak, Patricio Contreras y Emilio Disi, donde también estoy con Marrale y Benedetto”.

“La historia no es un tema menor –finalizó Castro–, pero me pesa mucho con quiénes voy a trabajar, tanto en el elenco como con el equipo. Tengo la teoría de que si lo que se cuenta es bueno y la gente también, es difícil que te vaya mal. Nadie explica cuando anda bien, pero si va mal hay que aceptarlo y no salir a buscar culpables. Este nuevo proyecto tiene excelentes intérpretes. A mí me llaman y me proponen. Tenemos charlas, reuniones, pero desde hace años ya sé que no decido nada. Veo mal cuando los proyectos mutan porque no tienen buena crítica o los números no acompañan. No soy un actor intelectual, sino visceral”.



Ana Seoane