ESPECTACULOS TEMPORADA DE REALITY SHOWS

Todos los canales apelan a la gente común

El regreso de Gran Hermano, ahora por América, es la punta del iceberg de un fenómeno en auge: las emisoras tienen cada vez más programas con desconocidos como protagonistas.

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Foto:Gza. America/Telefe
En momentos en que las ficciones locales no consiguen apoderarse del rating, los canales buscan refugio en el formato reality. Telefe les reserva tres veces por semana el horario central a Elegidos y a MasterChef, y prepara para fin de mayo, en la primera tarde, el nuevo ciclo conducido por Mariano Iúdica, Laten corazones. Mientras tanto, El Trece sigue con Dar la nota a las 18.30 (y los viernes a las 21), mientras que América tiene una programación completamente atada a Gran Hermano y Canal 9 mantiene Combate por segundo año al aire.
Los números les estarían dando la razón a los programadores: tanto el concurso de cocineros como el de canto llegan casi a los 15 puntos de promedio, y la señal del grupo Vila-Manzano, aunque con altibajos (de la primera emisión de Gran Hermano a la última la audiencia cayó casi 8 puntos, según Ibope), consigue instalarse como tercera en el día gracias a haberse recuperado en el prime time. “Tampoco era lógico que tres novelas se acompañen una atrás de la otra. Mirémoslo al revés: a veces uno tiene ganas de ver una novela, un reality y un poco de información. No está mal eso. Hubo momentos donde se abusó del recurso de ficción. Ahí es donde el primer análisis te hace creer que estos shows ganaron espacio, mientras lo que pasó es que se balanceó muy bien la televisión argentina. Hay muy buenos shows, entretenimientos y tiras”, cuenta Martín Kweller, responsable general de la versión argentina del Big Brother holandés.  
No todos están de acuerdo con esta mirada (ver recuadro) y su consiguiente pérdida de lugares artísticos en la grilla, aunque Kweller afirma que no recibe reproches de colegas: “Hay gente a la que le gusta y otra a la que no tanto, pero se lo está viendo como trabajo. Acá labura mucha gente, es producción nacional, no una lata”. Mariano Peluffo, conductor de MasterChef, opina que un reality “genera más o menos trabajo, dependiendo cómo lo mires. El equipo de producción que hace un reality donde hay una casa, 24 horas, los siete días de la semana, la equis cantidad de meses que dure el programa, son cinco veces más grandes que los que usa una ficción. MasterChef no escatima en nada. Para hacer Talento argentino hemos viajado a Salta en aviones completos de personal de Telefe, han volado treinta personas a Namibia, Etiopía e Indonesia para grabar 17 capítulos de Perdidos en la tribu”. El conductor con más participaciones en el género es además productor de otros programas del estilo, el año pasado estuvo a cargo de El emprendedor del millón (para 2015 promete una segunda temporada) y también produce un reality de bartenders, que va a salir en breve los sábados a la medianoche por Telefe.
Con relación a la inversión, según allegados a la producción de MasterChef, no baja del millón de pesos por capítulo, y un proyecto como Elegidos directamente va a pérdida porque, según ellos, está pensado para posicionar al canal, para abrir un nuevo formato de negocios como la participación del público a través de una app. Para Kweller, en tanto, cada edición del padre de todos los realities está muy cerca de costar lo que una ficción de tevé abierta. “Gran Hermano les da trabajo a 200 personas hoy y más de 800 trabajaron en el arranque y la preproducción. Un capítulo de una gala, si lo fraccionás en una hora, puede costar lo mismo o más que una ficción. Después, el negocio sigue siendo el mismo: publicidad y PNT. En la última gala tuvimos 19 anunciantes. Las expectativas están superadas. El programa explota en las redes sociales, y hoy nuestra app es la más descargada, por sobre Whatsapp o Messenger. Es una sorpresa hermosa por varios lados”, afirma el número uno de Endemol Argentina.
Al recelo que genera el buen negocio de los realities se le suman los rechazos que generan este tipo de contenidos. El periodista y panelista de Gran Hermano Gabriel Levinas opina que “no se puede ser snob e inquisidor al mismo tiempo. Eso de mirar por arriba del hombro a Gran Hermano no habla bien de quien lo hace. Es una muy buena idea. Es entretenimiento y no deja de ser un llamado de atención, porque nosotros estamos mirando a esos chicos que están adentro, pero a nosotros también nos están viendo. Hay máquinas que compró el Estado para detectar quién dijo la palabra Milani u otras palabras que definieron los servicios de inteligencia. Te revisan el teléfono y las redes, de alguna manera el Big Brother al que aludía George Orwell está funcionando. Si bien es cierto, estos chicos no tienen mucho para dar en ese sentido, el deseo de mirar y espiar a alguien y el deseo de ser observado son cosas interesantes para analizar”, y agrega que el programa “sirve para sacar una conclusión acerca de la sociedad, porque lo que se buscaba antes y lo que se busca ahora es equivalente. Se ve un deseo de ser famosos sin dar nada a cambio. Los participantes no tienen algo especial ni base por la que ser conocidos. Antes un tipo hablaba con dos mil palabras y estos chicos no sé si usan 300”.
Según la vocalista de Miranda!, Juliana Gattas, en el ambiente musical puede pasar lo mismo que en el mundo de los actores, aunque no sienten haber recibido críticas por integrar el jurado tanto de La voz como de Elegidos. “Nosotros mismos, ante la primera propuesta que tuvimos, la miramos de reojo. A todo mundo desconocido es más fácil juzgarlo que entenderlo. Tanto una ficción como un reality tienen el propósito de emocionar, o de dejar algo. Nos hicimos superfans del formato. Me sorprendo de la gente que veo pasar, aprendo mucho. Está muy ligado al arte y tengo menos prejuicios”. Para Peluffo, “éste es un género de los más prolíficos de la tele. Nació y se quedó. Telefe le apuesta mucho, seguido y parejo. Si bien le varía el tipo de contenido, nunca lo abandona. Desde hace una década es una de las patas de la programación. Hay gente que quiere que la conozcan y otra que acepta mirarlo. El reality tiene un terreno ganado. El que está esperando que no funcione va tener que seguir esperando…”. 

Alfredo Mera