ESPECTACULOS NETFLIX

Un gigante que sabe disimular sus fracasos

A diferencia de otras productoras de contenidos originales, el más famoso servicio se jactaba de su pluralidad. Cancelaciones de shows, polémicas y desafíos cambian ese paradigma.

13 reasons why.
13 reasons why. Foto:cedoc

Si hubiera que hablar de tan sólo una anécdota, una historia que definió al pasado Festival de Cine de Cannes, el más grande del planeta, sería la publicitada polémica sobre las películas de Netflix (The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, y Okja, de Bong Joon-ho) en la Competencia Oficial. En una mala lectura de una declaración de Pedro Almodóvar, jurado de la Competencia Oficial, se dijo que el manchego no quería premiar a películas que no pasaran por salas. Como es sabido, Netflix ofrece series y películas, propias y de otras cadenas, directo al consumidor, eliminando al exhibidor y, claro, la exhibición en sala. Estas películas brutamente podrían definirse “de autor”, aunque es más fácil hablar de los problemas que implica producir estos films a la hora de conseguir financiación (que Netflix sí les dio). El compañero jurado Will Smith, en nombre de Hollywood, defendió a las películas que van directo a estas plataformas. Y así la bola de nieve.

Aunque no hubo premios para las películas, lo cierto es una sola cosa: Netflix, paradigma en el mundo de las series e inventores oficiales del binge-watching (panzazo de series, un clásico nerd que la empresa expandió a la familia toda), ha sabido estar siempre en el centro de la conversación, se hable de House of Cards (que el 30 de mayo estrenó su nueva temporada), Stranger Things (su batacazo inesperado del año pasado), The Crown o sus películas (acaba de estrenar War Machine, protagonizada por Brad Pitt), en boca del público.

Hoy Netflix posee casi 100 millones de usuarios en el mundo (51% de esos usuarios son de Estados Unidos, el resto de todo el planeta, aunque su reciente tropezón en China fue algo que la compañía reconoció públicamente). En diez años, desde 2007, y a instantes de un logro en su historia (precisamente, esos 100 millones de usuarios), Netflix es acusada a veces de haber generado una burbuja (se paga mucho por algunas series, y eso puede generar una implosión a futuro), pero lo cierto es que nuevamente ha modificado el paradigma del entretenimiento. No por nada se adjudicó los derechos para la esperada nueva temporada de Twin Peaks en nuestros territorios. Pero dos noticias recientes, justito al lado del estreno de la quinta temporada de House of Cards, su serie insignia, han generado una nueva pregunta: cuando Netflix falla, ¿cómo es que lo hace?

Es decir, Netflix incluso ha logrado reformular la idea del fracaso de una serie. Las noticias que generan estas preguntas tienen que ver con la reciente cancelación de dos shows muy promocionados de la cadena: Sense8, ciencia ficción con los pies en la tierra y celebrada por su diversidad sexual, y The Get Down, el intento de Baz Luhrman (Moulin Rouge) por crear una serie fastuosa y fascinada con la historia del hip-hop (que en sus 16 millones por episodio, 120 millones globales, ha sido promocionada como la serie más cara que hizo Netflix jamás y fue cancelada al término de su primera temporada). No es la primera vez que Netflix cancela proyectos, pero esa conducta solía ser adjudicada a otras formas de hacer series, de producirlas. Reed Hastings, CEO de Netfilx, explicó en una entrevista reciente concedida a CNBC las cancelaciones desde una perspectiva que sorprendió, casi asociando la cancelación al éxito: “Nuestra tasa de éxitos es muy alta. Entonces, hemos cancelado algunos pocos shows… Empujo permanentemente al equipo de contenido: necesitamos más riesgos, tenemos que intentar cosas más locas. Deberíamos así entonces tener una tasa de cancelación más alta. Si así fuera, cuando se logra el triunfo de una serie suele ser un triunfo espectacular, como con 13 Reasons Why. En los últimos tres meses, la serie ha sido un gran éxito para nosotros. También fue algo que nos sorprendió. Sabíamos era un buen show, pero no nos dimos cuenta de cómo la gente iba a engancharse.”

Las palabras de Hastings demuestran algo que sorprende al público y enoja a la industria. Netflix, así como cambió determinado paradigma sobre el riesgo o sobre la pluralidad de contenidos (incluso sumándose al tren de HBO, famosa por su calidad en los shows, pero sin renegar de géneros que aquella cadena nunca pisaría), ha creado una nueva construcción del fracaso y del éxito.

Cuando Hastings habla sobre el “éxito” de 13 Reasons Why, ¿de qué habla? Las series de Netflix no pueden medirse por su rating ya que la cadena nunca da números (y como no necesita vender publicidad, no hay chance de que esos números se filtren) y a veces sólo queda el rebote en la crítica como termómetro; la vida social de una serie como medida de su éxito. A eso se refiere Hastings: él, claro, sabe los números, pero que él diga “éxito” y el mundo asienta implica el triunfo de su modelo. ¿Cómo medir un éxito entonces? Simplemente por los rumores que genera, por la fuerza con que pisa en la prensa y la cultura popular. Stranger Things es el ejemplo más neto de esa tendencia. La visita de Millie Bobby Brown a Argentina durante Comic Con permitió percibir ese fenómeno de primera mano: era un show de rock, no la presentación de una actriz. En ese sentido, Netflix elige no dar números para vender “la posibilidad de Netflix” del nuevo show de culto o de la nueva gran cosa.

¿Qué pasa con los fracasos, entonces? Hasta el reciente anuncio de The Get Down, sólo tres series habían sido canceladas y casi ninguna en su primera temporada (siendo el mayor fracaso hasta ese momento Marco Polo y su estimado presupuesto de 90 millones que no llegaron a una tercera temporada). Pero en el costo de Marco Polo hay una clave: cuando un show cuesta mucho, es más fácil asociar ese costo con la guillotina del final. Pero los shows de Netflix en su torrente de contenidos parecen vivir otra vida, distinta a las cancelaciones más brutales. Aunque Sense8 generó una nueva contracara: el fan enojado con la productora del contenido.

En lo que resta de 2017, Netflix planea invertir 6 mil millones de dólares en contenidos e insiste con no tener planes de vender publicidades. Se vienen mil horas de contenido original: ¿cuál será entonces el nuevo fracaso exitoso del gigante del entretenimiento? ¿Llega una nueva fase para Netflix?


La pelea brutal con su competidor, amazon

En la eterna lucha entre el éxito y el fracaso, más allá de la redefinición de esos conceptos que ha generado Netflix, hay shows como Iron Fist que presentan una ruptura: fue muy mal recibida por público y crítica, pero es parte de un rompecabezas que implica tres series anteriores (Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage) y una comunal a estrenarse en agosto (The Defenders). No sólo eso: es además una conexión con un fenómeno cool y vendedor como los superhéroes de Marvel Comics. Es imposible pensar en la muerte del personaje, pero ¿es posible que haya una segunda serie?

Ahí se da otra clave: la forma en que Netflix vende sus series. Reed Hastings, CEO de la compañía, al hablar de su principal competidor, Amazon, lo dejó en claro de una forma brutal: “Nosotros queremos ser Starbucks y ellos WallMart”. Es decir, Netflix busca un contenido específico industrial y vendible y Amazon ser un literal supermercado de productos, entre ellos el entretenimiento sofisticado (no olvidar cómo sedujeron a Woody Allen para que realizara una serie).

Lo que sorprende es cómo la cancelación de una serie como Sense8 fue presentada como algo que habla bien de la compañía. La vicepresidenta de contenidos, Cindy Holland, celebró el show diciendo que era lo que los fans soñaron que sería. Aun así, el show hoy no existe y los fans ruegan que otra cadena lo siga. En ese sentido, la declaración muestra la importancia que da Netflix para que su imagen no se vea de forma negativa al cancelar un show.



Juan Manuel Domínguez