ESPECTACULOS PATRICIA POUCHULU

Una batuta en manos femeninas

Es una de las pocas directoras de orquesta que existen. No denuncia discriminación pero sí desconocimiento.

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Foto:Gza. Pouchulu
Raro caso en la música, no sólo en la Argentina sino en el mundo: Patricia Pouchulu es directora de orquesta. Ella reconoce: “Somos muy poquitas las mujeres. En otros países pasa lo mismo. He estudiado y actuado en Viena, París, Moscú, Praga, y nunca tuve oportunidad, como espectadora, de ver a una mujer dirigiendo. He visto a la brasileña Ligia Amadio, pero sólo a través de filmaciones. En vivo he visto a Lucía Zicos, argentina, y me encanta. Pero en general las mujeres no tenemos muchas oportunidades de llegar, sobre todo a las sinfónicas, porque no nos programan. Sin embargo, no creo que sea discriminación, sino que esto es muy nuevo: antes ni se imaginaba que en el podio iba a haber una mujer. Hay muchas mujeres que tienen miedo. Yo, al revés: cuando me subo al escenario y miro a la orquesta, ya estoy feliz. Aunque todavía no dirigí a la Sinfónica Nacional o a la Filarmónica o a la estable del Colón, pienso que son oportunidades que ya van a llegar”.
Después de sus inicios como pianista y de formarse con diversos maestros en Europa, hace rato que se ha vuelto conocida. Su actividad es abundante, y es posible verla en acción con frecuencia. La próxima ocasión es el miércoles a las 20.30 en el Teatro Avenida, cuando dirija a su propia organización, La Bella Música, en lo que será el 13° concierto sinfónico anual. Esta vez el programa consiste en el Concierto Nº 5 para piano y orquesta Emperador, de Ludwig van Beethoven, y la Sinfonía Nº 5 de Piotr Ilich Tchaikovski.
—¿Preferís usar batuta o sólo las manos?
—Yo uso batuta, porque te hace alargar tu brazo y brinda exactitud. El músico no te está mirando sino sólo algunos de tus gestos, que tienen que ser exactos, rigurosos. Hay todo un lenguaje con la batuta, que debe ser liviana. Suelo usar una que pesa 10 gramos, hecha de fibra de vidrio y corcho. Pero si la obra requiere mucha plasticidad, mucho legato, dejás la batuta y tus manos empiezan a pincelar muy lentamente. El conductor es un gran motivador. Estás dibujando, armando una obra.
—¿Podés vivir de la dirección orquestal?
—Estoy tratando. También soy profesora, desde hace 26 años en la UNA, ex IUNA. Di teoría y solfeo, piano, coro y fonética, porque soy especialista en idioma y literatura francesa. También enseño producción y organización de eventos, porque hay músicos que terminan su carrera y no saben qué hacer, adónde ir, cómo presentar sus propuestas.
—Frente a algunas voces feministas que minimizan las diferencias de género, ¿qué es para vos ser mujer?
—Yo sólo sé que soy mujer, me casé, tuve a mis hijas; cuando tuve que dejar de hacer cosas para criar a mis hijas, lo hice. Pero para mi desempeño como música nunca modifiqué mi forma de ser. Uno tiene una manera de pensar. No te vas a poner pantalones y bigotes… Cuando estoy delante de la orquesta, uso grandes vestidos, tacos, estoy muy femenina. Nunca se me ocurrió ponerme un traje masculino.

Analía Melgar