ESPECTACULOS NICOLAS CABRE Y ARTURO PUIG

Una pareja de cómplices para el show

Director y actor estrenaron en Carlos Paz El quilombero, y juntos ensayan Sugar, la comedia musical que hiciera Susana Giménez. El coreógrafo Gustavo Wons está en las sierras y hace bailar tap todas las tardes al protagonista. Hablan sobre su trabajo, la vida y la superada mala fama del joven.

mUltiple. El director Arturo Puig en el saludo final de Piel de Judas con Susana. Ahora dirigiendo a Cabré en El quilombero y luego viene Sugar.
mUltiple. El director Arturo Puig en el saludo final de Piel de Judas con Susana. Ahora dirigiendo a Cabré en El quilombero y luego viene Sugar. Foto:aguirre

En una de las primeras butacas del mítico teatro Candilejas de Carlos Paz, Arturo Puig observa atento el ensayo de El quilombero, la obra que dirige y que se presentará durante todo el verano en la villa serrana. Por momentos gesticula, da algunas indicaciones y ríe mostrando esa sonrisa bonachona que lo acompañó a lo largo de toda su carrera. Desde el escenario Nicolás Cabré, uno de los protagonistas principales de la obra creada por el escritor francés Francis Veber, escucha atento los consejos y aporta su punto de vista. Luego baja del tablado y se apresta a dialogar con PERFIL. Amable, saluda cordialmente y despeja cualquier tipo de prejuicio respecto a su relación con la prensa. Su imagen de hombre parco y reacio a aceptar entrevistas se diluye en segundos. Actor y director se miran compinches y casi a dúo comentan sus expectativas de cara a la temporada que comienza.

“Estamos muy entusiasmados con el reestreno de una obra que nos dio muchísimas satisfacciones y que cuenta con un elenco bárbaro. Es una comedia muy linda y es un honor presentarla en una plaza que ha crecido muchísimo en los últimos años” arranca Puig. “Terminarla en Carlos Paz es el cierre, el broche de oro. La obra se merecía finalizar un ciclo en esta ciudad a la que llego por primera vez y en la que me debía estar. Es una obra que me dio mucha felicidad, que representó un desafío en lo personal por el esfuerzo que implica y venimos contentos a trabajar con la seguridad de que la gente va a pasar un buen momento cuando la vea” completa Cabré.

—¿Es una ventaja el hecho de que la obra llegue luego de un año en cartel en Buenos Aires?

PUIG: Creo que sí. Hay incorporaciones nuevas, pero las cosas están probadas y sabemos en qué lugares la gente se ríe más o menos y pienso que es una pequeña ventaja respecto de aquellos que vienen a debutar aquí. Una obra se asienta bien al mes de haber debutado y eso ya lo hemos vivido.

CABRE: Además llega tal cual la presentamos en Capital. El escenario es igual, no tiene ni un tornillo menos. Los chicos de atrás son los mismos, la escenografía es la misma con lo que dejamos en claro que no venimos a facturar. Acá hay mucho respeto al trabajo y al cuidado estético. No venimos a pelear un primer puesto en la taquilla sino que la idea es que el público se vaya conforme con lo que vio, luego de haber pasado un buen rato. Sabemos que no son tiempos fáciles para salir a comprar una entrada, por lo que valoramos más el esfuerzo que eso implica.

—¿Cómo es el vínculo entre ustedes en medio del trabajo?

—“Malo, muy malo” dispara Cabré entre risas. “Nos odiamos” –completa tentado Puig.

C: Hablando en serio esta obra me dio la posibilidad de conocer gente nueva, y de ser dirigido por Arturo que más allá de lo gran director que es, es una gran persona. Siempre digo que él es un ‘dulce de leche’ y cuenta con la ventaja de que es actor, lo que le da una capacidad de escuchar y entender a cada uno de lo que hacemos El quilombero y eso facilita mucho las cosas. Desde el día uno tuvimos una paz maravillosa y eso es todo mérito de él.

P: El nombre de Cabré surgió en una charla con Gustavo Sofovich. Yo a él no lo conocía personalmente, más que de algún cruce de pasillos, pero recordaba mucho un papel que hizo en Los únicos, el cual me divertía mucho y se asemejaba mucho al personaje que interpreta en esta obra. A partir de ahí tenemos una gran relación. En todo este tiempo conocí a una gran persona, un gran padre y además a un actor con un talento increíble y estoy muy contento de estar armando junto a él la nueva versión de Sugar.

—¿Cómo se preparan para semejante proyecto como “Sugar”?

C: Va a estar viniendo Gustavo Wons, coreógrafo de la obra, con quien vamos a ir ensayando, aprovechando la tarde. El resto del elenco en Buenos Aires comienza los preparativos en febrero y en marzo me sumo yo con lo que haya aprendido aquí.

P: Gustavo es un coreógrafo fantástico por lo que creemos que va a estar en muy buenas manos aquí en las sierras.

C: Respecto a esta obra, fue un poco de sorpresa. Arturo un día se me acercó y me preguntó: “¿Harías un musical?”. “Ni en pedo” –le respondí. Para mí musical era el Teatro de la Opera, pero cuando me habló de Sugar, la cosa cambio. Soy consciente de la comedia que es, la puesta que lleva, el desafío que implica, y no hablo sólo del baile, sino en general. Todo eso me terminó de convencer para aceptar esa propuesta.

—En Carlos Paz la gente es más cálida. ¿Creen que eso puede ser un problema?

C: Estoy más relajado. Vengo con alegría de hacer gira en el interior de Córdoba, recorrí el país y sé que la gente es más agradecida. Es un público que se sienta de otra manera, mucho más predispuesta. Mi intención es cerrar un año muy feliz que me permitió conocer gente maravillosa.

P: Va a haber una valla especial que permita a los artistas salir a saludar al público y tener contacto cercano. Creo que vamos a tener un gran verano.


“Sugar”, mejor nivel que en broadway

El 2016 no será un año más en la vida de Arturo Puig quien cosechó éxitos en materia profesional tanto en su rol de actor, como en el de director. Al éxito dirigiendo El quilombero, se sumó una exitosa gira con Nuestras mujeres, la obra que protagoniza junto a Guillermo Francella y Jorge Marrale. 
“Realmente cierro un año muy positivo. Venía de dirigir Le Prénom, protagonizar Piel de Judas con Susana Giménez, lo cual fue un lindo reencuentro y luego llegó El quilombero, me dio muchas satisfa-cciones, principalmente por el grupo humano y porque cada personaje está espectacular” cuenta Puig. “Y como actor no me quejo porque Nuestras mujeres fue un suceso impresionante en Buenos Aires y venimos de Lima, Perú y de Santiago de Chile donde nos fue fantástico”.
—¿Se viene Algunas mujeres a Buenos Aires?
—Está muy avanzada la posibilidad de hacer tres meses a partir de mayo. No está cerrado ciento por ciento pero las conversaciones están encaminadas.  Ahora espero poder descansar un poquito antes de los ensayos de Sugar, obra con la que creo que vamos a levantar una catedral. Tengo expectativas puestas en ese proyecto porque hay muchos personajes, bailarines y vamos a tener una escenografía de Alberto Negrín, de la cual ya vi la maqueta y me encantó. Me animo a decir que será una escenografía con un nivel más alto que el de Broadway. Aunar todas esas cosas es lo que me toca para el año que viene.


Cabre: “llegue a sentir que no tenia vida”

El 2016 fue un año distinto para Nicolás Cabré. Sin la exposición que genera la TV, el actor se permitió un vínculo mucho más cercano con su hija Rufina. Con la idea de preservar esa relación el actor recorrió Carlos Paz, buscando un lugar apropiado para pasar el verano en compañía de “Rufi” como la llama cariñosamente.
“Estar con ella era una condición indispensable a la hora de venir a hacer teatro. Pensar en uno o dos meses sin ver a mi hija se me haría muy difícil” explica Cabré. “Rufina es lo lindo de mi vida. Soy el hombre más feliz del mundo y todo gira en torno a ella. Ese amor que me da me hace estar bien en el lugar donde estoy. A veces sentía que no tenía vida y eso hoy no me pasa. Disfruto de mi vida y mi hija, sabiendo que soy un privilegiado que puede hacer lo que le gusta y vivir de eso.
—¿Creés que este año fortaleciste la relación con tu hija?
—Fue un año en el que viví las cosas de otra manera. Yo había dejado de trabajar, estuve dos años parado y era un desafío volver al trabajo, sin que me quite momentos que necesitaba vivir como llevar a mi hija al colegio, ir a buscarla, pasar la tarde juntos. Fue todo nuevo y aprender a manejarlo me permitió disfrutar mucho más de lo que hacía en el teatro, lugar que Rufina revolucionó desde la parte de atrás. Rufi fue una de las dueñas de El quilombero y no me puedo quejar de nada. Estuve lejos de cualquier lío o escándalo y esa armonía ubica las cosas en su lugar y me enseña a moverme de otra manera. Estar relajado me permitió encontrarme y conocerme. También me sirvió para vincularme de otra manera con los demás.
—¿Del corazón estás bien?
—Si estoy saliendo de una arritmia (risas). La verdad es que en ese rubro estoy muy bien, contento y por sobre todo con mucha tranquilidad.

*Desde Villa Carlos Paz.