IDEAS OPINIóN

Condenados por la in-política de Defensa

Tanto en el caso Maldonado como en el del submarino ARA San Juan, quedan más dudas que certezas.

Como en el caso de Maldonado,en el del submarino ARA San Juan son varias las preguntan que quedarán sin respuestas.
Como en el caso de Maldonado,en el del submarino ARA San Juan son varias las preguntan que quedarán sin respuestas. Foto:CEDOC

“Falta Maldonado” gritan aún las paredes. Se ahogó en un río de la Patagonia irredenta. Huía de la desmadrada represión de gendarmes previamente apedreados por un piquete de la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche) que cortaba una ruta nacional. Rescatado de su tumba subacuática y velado por los suyos, el rubio tatuador de ojos soñadores fue despedido como un “Che”. Los cuerpos de muchos morenos criollos de tierra adentro, jóvenes como Santiago, tripulantes de un submarino esfumado del océano, faltarán sine die?. Asfixiados por falta de oxígeno, o ahogados por una vía de agua, o quemados luego de una misteriosa explosión, o aplastados por la presión abisal, ¿a qué hipótesis de conflicto respondían los submarinistas desaparecidos?: detectar y disuadir barcos de pesca “piratas” dentro de las 200 millas náuticas. Al despreciar la soberanía marítima y devaluar las vocaciones militares su país los ninguneaba. Ahora despierta tarde a su indefensión mientras la búsqueda internacional llegó a su fin y dejará de ser noticia. Al caer el telón, un rápido olvido seguirá a las lágrimas de cocodrilo por los “caídos al servicio de la Patria”. 

Desde 1984 la “cuestión militar” ocupó ingentes esfuerzos para subordinar a los militares al poder civil. Hasta principios de los ‘90 los levantamientos “carapintadas” concitaron el repudio de todas las fuerzas políticas. Se oponían al enjuiciamiento de los uniformados de bajo rango en los ´70 –culpables o inocentes— por los crímenes de lesa humanidad en la dictadura. Y al desguace operativo del poder armado implementado con el explícito designio de obturar un renacimiento del “Partido Militar”, debilitado post Malvinas. Mas su razón de trasfondo fue la guerra malhadada de 1982. Cuadros y tropas estratégicamente mal conducidos presentaron fuerte resistencia y causaron graves daños y bajas a la Task Force británica. Un “mal ejemplo” militarista y anticolonial, aplaudido por Cuba y casi toda A.L., que pretendió ayuda del ex bloque soviético. El desarme forzado por la OTAN bajo hegemonía de los EE.UU. dejó sin un instrumento militar, modernizado, a la política exterior argentina. 

La suspensión del anticuado servicio militar obligatorio a mediados de los ‘90 —no fue legalmente suprimido y puede entrar en vigencia según necesidades defensivas— restó a su vez la antigua capacidad “golpista” de las FF.AA. de ocupar el territorio. Pero no se diseñaron otras formas económicamente más eficientes y militarmente más eficaces de participación de la población civil en la defensa, salvo los nuevos y escasos soldados profesionales, en los que la aspiración a un trabajo formal privará sobre la vocación castrense. Más tarde, y aun cuando frente a la insurrección de fines del 2001 el Ejército recusó sacar tropas a la calle de no mediar orden escrita presidencial, la reanudación y ampliación en 2005 de los juicios contra miles de ex cuadros inferiores, inficionados en muchos casos por procesos penalmente prejuiciosos contra todo uniformado de los’70, cualquiera hubiese sido su jerarquía, responsabilidad y/o proximidad con hechos de tortura, muerte o desaparición, agudizó el ya anacrónico estigma anti militar. Perseguir a jóvenes oficiales post-dictadura por “portación de apellido” de mandos del “Proceso de Reorganización Nacional”, o por no ser confiables para los ex cuadros montoneros y noveles izquierdistas miembros de organismos de DD.HH., altos funcionarios del Minidef, legisladores y opinadores, junto al raquitismo presupuestario, profundizó la desmoralización de los cuadros. 

Incumplida quedó la ley de “Reestructuración y Modernización de las FF.AA.” (1998) que intentó elevar en una década el recurso en defensa de un piso del 0.7 por ciento al 1,5 por ciento del PBI (promedio de la región) con aumentos presupuestarios del 3 por ciento anual. La alta responsabilidad sobre las causas del penoso desastre naval del ARA “San Juan”, descartando una agresión inaudita, recae desde el 10 de diciembre de 1984 al presente, en la clase política, sin perjuicio de la complicidad por conveniencia personal de mandos de turno. Los militares están subordinados al poder civil desde hace casi tres décadas. Pero el joven mapuche muerto por fuerzas de seguridad en Lago Mascardi incita a una espiral de violencia-contraviolencia. Faltan 44 patriotas y grafitis gritando por su aparición con vida. Las banderas albicelestes esperan al mundial de fútbol de 2018 para ondear en los balcones. La indiferencia política y social por la Defensa los sepultó en el abismo.

(*) Sociólogo y periodista.




Gustavo Druetta (*)


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