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Maduro se desploma en las encuestas y apuesta por la figura mística de Chávez

El 72% de los venezolanos cuestiona el rumbo económico del gobierno. En abril, el presidente ganó la elección con el 55% de imagen positiva. Ahora cayó hasta el 40%.

Maduro en campaña. | Foto: AFP

Cuando Hugo Chávez ungió a Nicolás Maduro como su heredero, lo hizo creyendo que era la mejor opción para garantizar la continuidad de la Revolución Bolivariana. Sin embargo, a poco más de medio año de su asunción, Maduro enfrenta una abrupta caída de su índice de aprobación: si hoy tuviera que disputar una elección, tendría serias dificultades para ganarla. Por eso el mandatario se aferra a un culto casi místico de la figura de Chávez.
Comenzó diciendo que el difunto ex presidente se le presentó en forma de “pajarito chiquitico”. Luego confesó que en ocasiones se queda a dormir junto a la tumba de Chávez en el Cuartel de la Montaña. Más tarde aseguró que el rostro de su predecesor apareció en la pared de un túnel subterráneo.
Esta semana, Maduro decretó que el 8 de diciembre se celebre el Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Patria. El gobierno venezolano dispuso además que el Día de la Lealtad coincida con los próximos comicios municipales, una cita en las urnas crucial ya que será el primer termómetro electoral para la gestión de Maduro.
Las encuestas no son halagadoras para el presidente. Un sondeo de Datanálisis –una de las pocas consultoras “neutrales” de Venezuela– indica que la aprobación popular de la gestión de Maduro cayó casi 15 puntos porcentuales en los seis meses posteriores a su asunción.
En abril, cuando su valoración positiva llegaba al pico de 55,2%, Maduro ganó las elecciones por un ajustado margen de poco más de un punto. Medio año después, la evaluación favorable de su gobierno bajó hasta 40,9%, lo que sugiere que Maduro estaría en problemas si hoy tuviera que ir a las urnas.
Ante la pregunta “¿Cómo evalúa la situación de Venezuela en la actualidad?”, el 72,6% de los consultados respondió por la negativa. Cuando asumió Maduro, esa cifra rondaba el 50%. Y en octubre de 2012, cuando Chávez fue reelecto, estaba por debajo del 40%.
Frente a la alarmante coyuntura económica –inflación rampante, escasez de alimentos, reservas en baja, dólar paralelo por las nubes– y con unos comicios clave en el horizonte, el oficialismo juega la imagen de Chávez como su carta de triunfo y su mayor capital político. Si se interpreta en clave electoral, el culto místico de Maduro a su antecesor no parece ser ningún delirio.

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