INTERNACIONAL URUGUAY

A los 89 años, murió el expresidente Jorge Batlle

Estaba internado desde hace diez días por un accidente doméstico. Será velado en el Palacio Legislativo.

Foto:Cedoc

Luego de pasar más de diez días internado en cuidados intensivos, el expresidente uruguayo Jorge Batlle murió esta noche en un sanatorio de Montevideo, donde estaba en coma inducido luego de haberse caído en su casa y provocado un fuerte golpe en la cabeza. Este martes hubiera cumplido 89 años.

El exmandatario había sido operado el viernes para drenar un hematoma cerebral producto del accidente doméstico que había protagonizado en Tacuarembó, desde donde fue trasladado a la capital uruguaya. Si bien los médicos que lo asistían daban cuenta de una condición estable, remarcaban que el estado era "crítico". "No tanto por el tamaño del hematoma y por la gravedad que tuvo del golpe que se dio, que lo llevó a entrar enseguida en un coma profundo, sino por la edad que tiene (88 años). No tiene la recuperación que podría tener un joven de 20 años, tampoco la de un hombre de 50", sostuvo el neurocirujano Martín Fernández, encargado de intervenirlo quirúrgicamente, según consignaba días atrás el diario uruguayo El País.

El profesional detalló que el agravamiento de su salud estaba vinculado a un tratamiento que lo obligaba a tomar una medicación para licuar la sangre. "Esto hizo que un golpe banal le creara un hematoma tan grande, y esto es lo que puede generar que se cree el mismo hematoma u otro hematoma en el cráneo".

Desde el centro de salud, un breve comunicado confirmó la noticia: “Lamentablemente el esfuerzo realizado por todo el equipo de salud no fue suficiente para revertir el cuadro clínico en el que ingresó el Dr. Batlle tras el suceso que vivió días atrás”.

Despedida. En base a información provista por el Gobierno de ese país a los medios locales, los restos mortales del exjefe de Estado serán velados en el Palacio Legislativo, razón por la cual se ha suspendido la interpelación al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, prevista para este martes. La administración de Tabaré Vázquez decretó duelo nacional.

Según trascendió, será sepultado con honores de Estado en el panteón familiar del Cementerio Central.

Batlle fue presidente de Uruguay por el Partido Colorado entre 2000 y 2005. Su gestión estuvo marcada por la crisis económica que afectó al país en 2002. Lo sucedió en el cargo Tabaré Vázquez, hoy de vuelta en la Presidencia de ese país.

Desde su retiro de la función pública, Batlle permaneció alejado de la vida política, mantuvo su consultoría a nivel privado, y ejerció ocasionalmente el periodismo con columnas de opinión en los principales medios uruguayos.

Batlle, el polémico. El expresidente siempre se caracterizó por repartir críticas para todos lados. Y mucho más cuando se trata de analizar la situación argentina. “Los argentinos son una manga de ladrones del primero hasta el último”, lanzó en 2002, en un diálogo privado con un periodista, sin notar que estaba siendo filmado. Pocos días después, y luego de un escándalo diplomático, pidió públicamente perdón al entonces presidente Eduardo Duhalde.

En febrero de 2015, sumó su última controversia con Argentina. Esta vez, la destinataria de sus dardos fue la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

“Ella tiene una mentalidad exótica, se levanta por la mañana y dice ‘a ver con quién me voy a pelear hoy’”, sostuvo, en alusión al comportamiento de la Presidenta. “Cristina va a terminar normalmente su mandato, aunque ella anhela todo lo contrario”, dijo. Y remató: “Está deseosa de que alguien la eche”.

“Cuando éstos se vayan, la Argentina va a pegar un salto", vaticinó el exmandatario. Y explicó: “Cuando tengan un gobierno normal, va a ser el país que más va a crecer en toda América”. "En plena crisis, haciendo todas las macanas del planeta, cometiendo todos los errores del mundo, la Argentina ha crecido más que Brasil", comentaba Batlle en diálogo con la radio La 2x4. Sus declaraciones le valieron un fuerte cruce mediático de parte del secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández. En aquel entonces, lo calificó como "un gorila imposible de detener".