INTERNACIONAL FIN DE LA PRIMAVERA ARABE

Al Sisi, el nuevo Mubarak que quiere ser presidente de Egipto

El ex jefe militar es el gran favorito en la campaña que comenzó ayer. Por qué se parece al rais que gobernó más de treinta años.

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Foto:AFP

Con el rostro de Adbel Fatah Al Sisi en carteles pegados en todas las ciudades de Egipto, comenzó ayer la campaña electoral para las elecciones presidenciales que se celebrarán el 26 y 27 de mayo. Aunque en las últimas semanas no se lo vio en público, el candidato del régimen militar corre con el caballo del comisario, ya que cuenta con la bendición de las Fuerzas Armadas, que gobiernan el país desde julio de 2013, cuando un golpe derrocó al presidente islamista Mohamed Morsi.

La carrera electoral se desarrollará en un tenso clima, tras las masivas condenas a pena de muerte a 683 integrantes de los Hermanos Musulmanes, que reclaman la vuelta al poder del jefe de Estado depuesto. Además, la Justicia decidió ayer que otro centenar de supuestos islamistas sean encarcelados por diez años, al tiempo que prohibió al Movimiento 6 de abril, que en 2011 protagonizó las revueltas contra Hosni Mubarak.

En las segundas elecciones presidenciales en la historia del país, todos dan por ganador a Al Sisi. Para cumplir con la profecía autocumplida, tendrá que vencer a un único adversario, el dirigente de izquierda Hamdeen Sabahi, que penó para reunir las firmas necesarias para inscribir su candidatura. En cambio, Al Sisi, que fue agregado militar en Arabia Saudita durante la era Mubarak, tiene el apoyo de la poderosa maquinaria estatal, que promociona su postulación.

La frustrada Primavera Arabe dejó un sabor amargo en Egipto. A más de tres años de las protestas en la plaza Tahrir, nada parece haber cambiado: los militares recuperaron el poder y tienen un candidato que parece imbatible y amenaza con erigirse en un nuevo Mubarak. Al igual que él, proviene de las Fuerzas Armadas y cultiva un poderoso culto a la personalidad. Como el rais, personifica el rostro de la moderación tanto para los Estados Unidos como para Israel –el Pentágono dona 1.500 millones de dólares anuales al Ejército egipcio y el gobierno de Benjamin Netanyahu cree que los Hermanos Musulmanes son una fuente de inestabilidad en sus fronteras–.

Quien buscó ayer emparentar a los dos militares fue Sabahi, el opositor que buscará el batacazo electoral. “Las políticas en vigor bajo Mubarak son las mismas políticas en vigor hoy”, dijo, al criticar al régimen militar que apadrina la postulación de Al Sisi. Sin embargo, el líder de la izquierda tendrá por delante la díficil tarea de unificar a la oposición, ya que tanto los Hermanos Musulmanes como los grupos juveniles que derrocaron a Mubarak llamaron a boicotear las elecciones.

Si gana Al Sisi, de 59 años, se restaurará la tradición de un jefe de Estado militar, interrumpida por el año que pasó en el poder el civil Morsi. “Prometo trabajar duro y pido a todos que asuman su responsabilidad conmigo. Construir una nación es responsabilidad de todos”, afirmó ayer Al Sisi en la red social Twitter. A tres semanas de las elecciones, el mariscal no participa de actos de campaña y sólo se conocen las fotos que difunde su comando. Según sus seguidores, esa ausencia es para resguardar su seguridad, debido a la ola de atentados que asuela el país.

Paradójicamente, Al Sisi sabe que su desaparición de la escena no menoscabará sus chances electorales. En un Egipto convulsionado por las protestas y la violencia, sólo hay una certeza: el mariscal será el próximo presidente del país.



Leandro Dario