INTERNACIONAL

Armenia conmemora cien años del Genocidio: canonización multitudinaria y rechazo turco

El gobierno de Erdogan profundizó su cruce con Europa por el reconocimiento de la matanza. El dolor de la única sobreviviente en Argentina.

PERFIL COMPLETO

Foto:AFP.

Tras años de actos solapados o menciones discretas a manos de los principales líderes internacionales, el pueblo armenio recordó hoy el primer centenario del genocidio sufrido entre 1915 y 1918 a manos del Imperio Otomano. Mientras Turquía insiste en negar el carácter planificado de la matanza de entre 800 mil y un millón y medio de personas, líderes europeos rompieron el silencio frente al reclamo de la comunidad armenia internacional.

Si bien hubo distintos recordatorios en ciudades como Buenos Aires, Moscú, Estambul, Montevideo, Beirut, Teherán y Berlín, el acto central fue realizado en la ciudad armenia de Ereván, que recibió en el complejo memorial Tsitsernakaberd a los presidentes de Armenia, Serge Sargsián; Rusia, Vladimir Putin, y Francia, François Hollande, entre representantes y diplomáticos de varios países, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Héctor Timerman.

"Es una obligación moral y un derecho recordar a los 1,5 millones de los nuestros que fueron asesinados y a los miles de personas que padecieron privaciones inhumanas", proclamó el presidente armenio, Serge Sargsián.

Descendientes de las víctimas del que muchos consideran como el “primer genocidio del siglo XX” participaron de los actos conmemorativos, en los que se canonizó a las víctimas del exterminio, hoy consideradas “mártires”.

La ceremonia, oficiada por el patriarca de la Iglesia armenia, Katolikós Gareguín II, incluyó la unificación de todos los restos humanos, que se conservan en un solo osario. "Más de un millón de armenios fueron deportados, asesinados, torturados, pero siguieron fieles a Cristo", subrayó el jefe de la Iglesia armenia en la ceremonia.

"La Iglesia no hace más que reconocer los hechos, es decir, el genocidio", había afirmado horas antes Karekin II. Según apuntaron medios internacionales, la canonización tuvo lugar en la histórica catedral de Echmiadzin. Tras la canonización, el evento continuó con cien toques de campanas.

Reconocimiento. El sostenido reclamo de la diáspora armenia cosechó hoy algunos frutos ante las declaraciones de algunos dirigentes políticos, que recibieron el rechazo de Turquía por lo que ellos consideran el resultado de una guerra civil y una sucesión de conflictos interétnicos durante el gobierno de los Jóvenes Turcos.

El presidente de Alemania, Joachim Gauck, condenó la muerte masiva de armenios, deportados forzosamente, en su mayoría, a desiertos de Siria e Irak. "Los alemanes debemos afrontar el pasado para ver si de hecho hay una responsabilidad compartida, incluso hasta complicidad, en el genocidio de los armenios", expresó Gauck, quien no descartó que su país hubiese estado, durante la Primera Guerra Mundial, involucrado en el planeamiento y la puesta en marcha de las primeras migraciones forzadas.

Las declaraciones de Gauck llegan pocos días después de que el Parlamento austríaco reconociera y condenara el proceso de exterminio así como también la eventual responsabilidad austríaca en él. Y se suman a la postura expresada por el presidente ruso, Vladimir Putin, quien recalcó hoy que nada puede "justificar las masacres en masa", a la vez que alertó sobre un naciente sentimiento de “rusofobia” en Europa.

Hasta ahora, sólo 26 países reconocieron el exterminio de la población armenia como un genocidio: Francia, Alemania, Italia, Canadá, Grecia, Rusia, Uruguay, Argentina, Venezuela, Chile y Bolivia.

Gris. Si bien cuenta con resoluciones de unos cuarenta estados de su territorio, Estados Unidos evitó referirse de modo directo al tema. Aunque calificó de "horrorosa" la masacre, evitó utilizar el término "genocidio", pese a que el presidente Barack Obama así lo hubiera definido en 2008.

La Casa Blanca emitió un comunicado en el que expresaba la "solidaridad" del país con el pueblo armenio pero no tomó mayor partido por el conflicto, en un intento por mantener las buenas relaciones con Turquía, aliado en Oriente.

Recuerdo de una familia diezmada. La agencia AFP dialogó con Lucin Khatcherian, la única sobreviviente en Argentina del genocidio. Nacida hace 102 años en la ciudad de Aintab, Khatcherian insiste en la necesidad de recordar.

"Las cosas no se olvidan. Tengo una tía que tenía cuatro hijos, a tres de ellos los degollaron. Esa mujer se pasó toda la vida llorando. ¿Cómo se olvida uno?", inquiere la anciana, quien vive hoy junto a sus hijos en el barrio porteño de Villa Crespo.

"Cuento para hacer un bien, otra cosa no tengo. Sin embargo, cuando recuerdo, de noche no puedo dormir, me duele", confesó.

Lucin fue la menor de seis hermanos cuyo padre joyero también exportaba pistachos. En 1915, llegó el primer exilio de la familia Beredjiklian -su apellido de soltera-, en el que murió su madre. Según relata la agencia francesa, durante la primera huida a Damasco, su padre sobornó a un soldado para que les permitiera bajar del tren en la noche. Se cree que ese tren nunca llegó a destino y terminó, como tantos otros, en el desierto, donde miles de armenios murieron de hambre y sed.

La familia de Lucin se instaló en Damasco, sus tíos partieron a Estados Unidos, pero su padre quiso esperar para regresar a su casa unos años después. Volvieron una vez terminada la Primera Guerra Mundial, sólo para encontrar el lugar destruido.

En 1920 la guerra llegó a Aintab. Su casa, que quedó del lado armenio, "se llenó de parientes que venían del lado turco". Tenía seis años y volvió a exiliarse, esta vez para siempre. Junto a su familia, partió en un carro grande en el que pusieron unas alfombras debajo de un colchón para su padre, ya enfermo. En un control, soldados turcos descubrieron que llevaban escondidos unos lingotes de oro. Tras llorar y suplicar debieron entregar la mitad para poder seguir.

Arribaron a Alepo, Siria, donde su padre murió dos años más tarde. Uno de sus hermanos, también joyero, emigró a Argentina. El resto de la familia lo siguió en etapas. Ella llegó al país a los 16 años.

Rechazo oficial. Aunque expresó sus “condolencias” a las familias de las víctimas, Turquía rechazó una vez más considerar la muerte de más de un millón de armenios como genocidio y cargó, entre varios, contra el mandatario ruso por sus apreciaciones.

"Rechazamos y condenamos la calificación de 'genocidio' de los acontecimientos de 1915 por parte el presidente ruso Putin, pese a nuestras advertencias y llamamientos", expresó el ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía en un comunicado dado a conocer esta tarde, en el que también le reprocha al Kremlin por sus "prácticas inhumanas dirigidas contra los pueblos turcos y musulmanes", sin precisiones sobre las acusaciones.

"Creemos que Rusia es probablemente la mejor situada para saber qué es un 'genocidio' y qué incluye esta dimensión jurídica", ironizó la cartera dirigida por Mevlut Cavusoglu.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, fue más audaz en sus planteos. "Para Turquía nunca será posible admitir ese pecado, esa culpa". "Sea la decisión que sea (de la Eurocámara), me entrará por una oreja y me saldrá por la otra", bramó el mandatario, según declaraciones dadas a conocer por la agencia de noticias local Anadolu.

El tenor de las declaraciones de Erdogan no es nuevo. Días atrás, salió al cruce del papa Francisco luego de que el líder de la Iglesia Católica se refiriera al plan de exterminio en una misa en la Basílica de San Pedro, de la que también participaron el patriarca de Cilicia de los Armenios Católicos, Nerses Bedros XIXM, el Supremo Patriarca Karekin II y el presidente Sargsyan.

“Esconder o negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin sanarla”, había advertido Francisco durante la homilía.

La respuesta de Erdogan fue inmediata. “Condeno al Papa y quiero advertirle. Espero que no vuelva a cometer un error de ese tipo”, aseveró el jefe de Estado en un discurso ante empresarios turcos. “Cuando los políticos y los religiosos asumen el trabajo de historiadores, no dicen verdades, sino estupideces”, concluyó.



Ursula Ures Poreda