INTERNACIONAL ANÁLISIS

Brasil llega a estas elecciones con una ‘fractura sin igual’

Por Ceferino Reato | Dilma y Aécio, dos candidatos sólidos se enfrentan tras una campaña de una dureza sin precedentes en la historia del país.

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Foto:Ceferino Reato

Desde Brasilia

“Hacia donde vaya Brasil, irá América Latina”. La frase del presidente estadounidense Richard Nixon es de 1971 y tiene su vigencia: las elecciones de hoy en este país gigantesco influirán en la región, en especial en la Argentina.

Los últimos sondeos indican una leve ventaja para la presidenta Dilma Rousseff, que va por su reelección tras una dura disputa para los cánones de Brasil, un país de conciliación y buenos modales.

En este sentido, los analistas locales hablan de “fractura sin igual” en la sociedad, provocada, precisamente, por la puja electoral. Nada muy grave si vemos la situación con ojos argentinos.

Por ejemplo, el cuarto y último debate entre Dilma y Aécio (aquí hasta los políticos son llamados por sus nombres), el viernes por la noche en los estudios de la cadena de TV Globo, fue punzante en el contenido, pero con palabras y gestos muy medidos.

En un interesante intercambio de ideas, propuestas, críticas y chicanas, Dilma y Aécio se aferraron a sus agendas. La presidenta, con una camisa roja, el color de su Partido de los Trabajadores, enfatizó sus políticas sociales dirigidas “al pueblo pobre del Brasil”.

Es que el PT dejó de ser un partido reducido a sectores sindicales y políticos de izquierda afincados en las grandes ciudades del sur y el sudeste prósperos. Ya no es tan cool votar al PT; ahora su fortaleza se ha trasladado al Nordeste, la región menos desarrollada.

Es uno de los cambios tras doce años de gobiernos petistas. El otro se da en la oposición: Neves es socialdemócrata, heredero del ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Su partido se ha corrido hacia la derecha, aunque más moderada que en otros países, como casi todo en Brasil.

Durante el debate, Aécio machacó sobre las denuncias de megacorrupción en la estatal Petrobras (se habla de 5 mil millones de dólares), la inflación (una bicoca si la comparamos con nuestros números) y el estancamiento económico, que es la agenda del empresariado y de vastos sectores medios urbanos.

Por lo que se vio el viernes en los estudios de la Globo, la política exterior no fue un tema en la campaña.

De todos modos, Aécio es muy crítico del Mercosur y propone en su plataforma una vuelta al estadio anterior de una asociación comercial que permita a su país hacer tratados con otros países y bloques sin contar con el acuerdo de Argentina y sus socios.

Pero esto es fácil de decir y no tan fácil de hacer: Brasil tiene desde 2003 un recurrente superávit comercial con nuestro país, al que le vende equipos y bienes de capital gracias, precisamente,  a los aranceles preferenciales del Mercosur.

Por su lado, Dilma tiene un mensaje más ameno para la región y para la Argentina, aunque la evidente sobrevaloración del real puede hacerle tomar medidas que puedan afectar fuertemente a sus vecinos.

Por lo pronto, ya anticipó que, si es reelegida hoy, cambiará a su equipo económico para poner a un empresario en Economía y a una persona bien vista por los mercados en el Banco Central.

Tanto Dilma como Aécio han contado con dos fuertes respaldos electorales: los ex presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Cardoso, responsables de buena parte de la dureza de la disputa.

Pero Dilma y Aécio son dos candidatos que no necesitan lazarillos: son sólidos. La presidenta tiene un carácter muy parecido al de Cristina Kirchner: se dice que ha hecho llorar a varios de sus ministros. Desconfiada y eficiente, se ha hecho un lugar propio en un partido marcado por el liderazgo de Lula, con quien, según se comenta, tiene también sus encontronazos.

Por su lado, Aécio tiene toda la pinta de un candidato que se ha preparado durante buena parte de su vida para ser presidente. Fue un eficaz gobernador de Minas Gerais y es nieto de Tancredo Neves, el padre de la democracia moderna en este país.

Esos atributos le valieron varios ataques de Lula, que, como buen sindicalista, no se anda con mediaciones a la hora de disputar poder: “Es un hijo de papá”, fue de lo más suave que le ha dicho.

(*) Editor ejecutivo de la revista Fortuna.



Ceferino Reato