INTERNACIONAL

Cancillería apoyará al argentino condenado a muerte en EE.UU.

Por Ariel Bogdanov (*) | Victor Saldaño lleva 19 sentenciado a pena de muerte. Perfil.com habló con su madre, quien exige un nuevo juicio y denuncia discriminación. 

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Foto:Cedoc

Víctor Saldaño tiene 43 años y es el único argentino condenado a muerte en los Estados Unidos. Desde hace 19 años, Saldaño cumple su condena en el “Death Row”, el corredor de la muerte del penal Allan Polunsky, una cárcel de máxima seguridad ubicada en el estado de Texas; acusado del homicidio de Paul Ray King.

Tras varios años de lucha y de recibir portazos en la cara su madre, Lidia Guerrero consiguió lo que tanto buscó, que el Gobierno argentino apoye su reclamo. El pasado jueves la cancillería argentina le comunicó que respaldará su denuncia contra Estados Unidos en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh). 

Saldaño llegó a Estados Unidos, luego de haber ingresado de manera ilegal por territorio mexicano, tras un largo viaje por Sudamérica, pero su vida cambió para siempre el 25 de noviembre de 1995 en Plano, un suburbio de Dallas. Ese día después de beber hasta emborracharse junto a Jorge Chávez, un mexicano a quien había conocido poco tiempo antes, robaron y asesinaron a Paul King, un vendedor de computadoras. La policía encontró el cuerpo en un bosque cercano atravesado por cinco balazos. Saldaño fue detenido rápidamente y en sus bolsillos tenía un reloj pulsera de plástico perteneciente a la víctima y 50 dólares. Ese fue el magro botín de aquél fatídico atraco. 

Saldaño fue enjuiciado en 1996, cuando recibió su primera condena, fallo que fue declarado nulo por la Suprema Corte de Estados Unidos por discriminación racial. El segundo juicio se realizó en 2005 y el cordobés fue condenado a muerte nuevamente. Desde ese momento Guerrero junto a su abogado, Juan Carlos Vega comenzaron una gesta encarnizada por considerar que hubo incompetencia procesal, ya que el acusado no estaba en condiciones de defenderse debido a su estado de locura después de más de siete años en el "corredor de la muerte". 

“Mi hijo está deshecho física y psicológicamente. Se mantiene vivo sólo porque ellos quieren que llegue de pie a la ejecución”. Con la voz entrecortada, lágrimas en los ojos y escogiendo con cuidado cada una de sus palabras, Lidia recibió a Perfil.com y detalló el calvario que vive Víctor Saldaño, su hijo.

– ¿Cuándo fue la última vez que vio a su hijo?
– Hace tres años fue la última vez que viajé a Texas. Fue algo muy triste. Las visitas son a través de un vidrio y sólo hablamos por teléfono. Me quedé con ganas del contacto personal.

–¿Cómo lo vio en esa oportunidad?
– El está deshecho. Ninguna persona está capacitada para resistir psicológicamente más de cuatro años de esa forma, así lo demuestran los estudios psiquiátricos que se hicieron sobre este tema. Ni siquiera puede controlar sus necesidades fisiológicas. Sólo está bien de peso, ya que la Justicia de Texas tiene como objetivo que el condenado llegue de pie a su ejecución, entonces la comida cumple con los requisitos calóricos mínimos, le dan mucha papa y porotos. La primer comida del día te la pasan a las 2 o 3 de la mañana, como una forma de castigo. En total tenés que llegar a las 1.500 calorías. El preso allí tiene dos salidas semanales a un patio cerrado que es como una jaula para desentumecer las piernas. El sol lo ve poco y estas caminatas las hace en todo momento con mancuernas en las piernas. Sin embargo lo terrible de ese lugar es la soledad, eso te enloquece. 

–¿Cómo es el trato de los guardias?
– 
Allí se los trata todo el tiempo como “hombre muerto”. Yo lo comprobé personalmente. En un momento estaba frente a mi hijo y él me dijo: ‘Tengo que pararme porque están por ejecutar a uno. Sentí por el altoparlante que nos dijeron: Escuchen muertos vivos, estamos por ejecutar a uno de sus compañeros’.

– Su hijo tuvo varios intentos de suicidios. ¿Continúa queriendo morir?
– Cada vez que Víctor se equilibra emocionalmente pide la muerte. Mientras está perdido psicológicamente está en otro mundo. Cuando va al neuropsiquiátrico una vez al año y lo equilibran con antipsicóticos, ahí él se contacta con la realidad y pide morir.

– ¿En qué momento sintió que el trato con su hijo no estaba siendo justo por parte de la justicia norteamericana?
– 
En 1996 fui a presenciar el juicio de mi hijo y al estar allí descubrimos la discriminación terrible que estaba sufriendo. El juicio fue un circo, hubo omisiones y parcialidades todo el tiempo. Mi hijo no tuvo defensa, sino que estaba todo concertado con anterioridad. Ahí comienza mi lucha al ver tantas injusticias. Nunca estuvieron dadas las condiciones para declarar la condena de muerte, la fiscalía utilizó a un psicólogo filipino que entre otras cosas dijo expresamente que mi hijo era irrecuperable por ser ‘latino, de un país pobre y de una familia pobre’.

– ¿Cuál es su sueño como madre?
– Volver a estar con él, tener un contacto. Yo no digo que mi hijo sea inocente, pero sí pido que tenga un nuevo juicio como lo estableció la Corte Suprema. Al mismo tiempo, mientras espero que no maten a mi hijo, sufro mucho por el estado de él, estando lejos nuestro, es un dolor indescriptible como mamá y cada día que pasa me pregunto si no le estaremos haciendo un daño al postergar todo este sufrimiento.



Ariel Bogdanov (*)