INTERNACIONAL SEGÚN CIFRAS OFICIALES

Con Obama, a los negros les va peor que con Bush

La crisis racial en Missouri tiene como trasfondo el retroceso de los afroamericanos frente a los blancos. La brecha se amplió en empleo, pobreza y educación.

Cuando Barack Obama asumió en la Casa Blanca en 2008, con el 96% de los votos de la población negra, el mundo se preguntó si la llegada del primer afrodescendiente a la presidencia de los Estados Unidos sería el punto final a las desigualdades raciales en ese país y la culminación del proceso iniciado con el movimiento por los derechos civiles en los 60. A seis años de aquel hito, y a la luz de las cifras oficiales del gobierno estadounidense, la respuesta es un rotundo “no”.

Durante la gestión de Obama, la brecha socioeconómica entre negros y blancos se amplió considerablemente respecto de las dos presidencias de su antecesor, el republicano George W. Bush. Las estadísticas de desempleo, pobreza, ingresos, educación y otros rubros muestran que, desde que el ex senador demócrata llegó al poder, los estadounidenses negros experimentaron un fuerte retroceso frente a los blancos y sufrieron mucho más el impacto de la crisis.

Esa es la situación estructural que subyace al estallido de la tensión racial en los últimos días en Ferguson, en el estado de Missouri, donde una amplia mayoría de vecinos negros se movilizó para reclamar por sus derechos ciudadanos luego de que un policía blanco acribillara a Michael Brown, un joven negro de 18 años que estaba desarmado. El abuso de las fuerzas de seguridad se monta sobre una duradera percepción de injusticia que complica aún más las cosas.

Desde lo simbólico y gestual, Obama tampoco ayuda demasiado. Ayer, mientras miles de personas marchaban en Nueva York para pedir justicia por Brown, el mandatario se dejó fotografiar jugando al golf y vacacionando en la isla de Martha’s Vineyard.

Según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos, la tasa anual de desempleo promedio de los blancos durante los ocho años de la presidencia de Bush fue de 4,6%, mientras que la de los negros fue de 9,7%. En los seis años que lleva Obama en Washington, esas cifras son de 7,4% y 14,2% respectivamente. Es decir que, desde que el demócrata asumió, se amplió la brecha de desocupación entre ambos segmentos.

Exactamente lo mismo ocurrió con la cantidad de personas bajo la línea de pobreza, de acuerdo con las estadísticas de la Oficina de Censos. Al mismo tiempo, entre 2008 y 2014, la caída de los ingresos medios –producto de la crisis originada en Wall Street– fue mucho peor para los afrodescendientes (10,9%) que para los blancos (3,6%).

Obama tampoco ha logrado revertir la condición de marginalidad en la que viven miles de familias negras en los Estados Unidos. Así lo evidencian los números sobre población carcelaria: uno de cada quince negros está preso, mientras que uno de cada 106 blancos vive esa realidad. La situación también empeoró en materia educativa: durante la administración Bush, los niños negros mejoraron once puntos en matemáticas y 18 en lectura, en las evaluaciones estatales para las escuelas primarias; con Obama, sólo dos puntos en ambos rubros.

La evidencia objetiva se completa con un dato casi de color: Bush tuvo cuatro negros en su gabinete; Obama, sólo uno. Se trata del fiscal general Eric Holder, a quien el jefe de Estado envió a Ferguson para monitorear la crisis.

¿Cómo se explica esta aparente paradoja que tiene al primer negro en la Casa Blanca como protagonista? Pablo Pozzi, titular de la cátedra de Historia de los Estados, apela a un peculiar rótulo: el de los “negros óreo”. Según Pozzi, Obama pertenece a una casta de funcionarios afrodescendientes –como Condoleezza Rice o Collin Powell– “negros por fuera y blancos por dentro”: su educación en Harvard y su larga carrera en la estructura del Partido Demócrata terminaron prevaleciendo sobre su origen de “ghetto”. Cierto o no, las cifras son contundentes.



Facundo F. Barrio