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Cuba, entre la ilusión y el escepticismo por la reforma migratoria

Entra en vigencia la ley que flexibiliza la entrada y la salida de la isla. Los cubanos la esperan ansiosos, aunque no está claro si abarcará a los disidentes.

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Foto:Cedoc

La noche cálida, hermosa, todavía con algunas luces navideñas colgadas de los balcones y el sonido de la música bailable saliendo de las casas. Terminaba 2012 y en las céntricas avenidas del Vedado se podía percibir una efervescencia peculiar. Decenas de personas caminaban en círculos portando valijas grandes o pequeñas, viejas o recién estrenadas. Una curiosa práctica festiva que se ha sumado a las tradiciones existentes en Cuba para celebrar la llegada de un nuevo año.

Justo cuando el reloj marca la medianoche del 31 de diciembre, muchos alistan su maleta para dar un breve paseo. Durante décadas la costumbre más generalizada había sido lanzar agua desde los balcones, empapar con el preciado líquido las calles. Sin embargo, ahora se ha generalizado el hábito de caminar con equipaje, mientras más voluminoso mejor.

Según dicen los entusiastas de la novedosa práctica, funciona a manera de conjuro para lograr viajar fuera del país; como una especie de acto mágico que ayudará a realizar el sueño de conocer otros lares. En este 2013, el rito ha sido realmente premonitorio, pues mañana 14 de enero entrará en vigor una Reforma Migratoria que promete flexibilizar la entrada y la salida del país.

Según el Decreto-Ley Nº 302 anunciado desde octubre pasado, los trámites pasarán a ser menos engorrosos y costarán menos. Por esa razón muchos han visto crecer sus ilusiones de marchar a otro país, de forma temporal o permanente.

Durante décadas los cubanos aguardamos que se terminara el absurdo migratorio. La mayoría de las familias cubanas fue afectada en mayor o menor grado por las restricciones impuestas a la libertad de movimiento. Padres y abuelos separados de sus hijos y nietos por millas de distancia y una montaña de limitaciones legales.

Hermanos que no volvieron a verse nunca más, pues uno de ellos no cumplía los requisitos para obtener la “tarjeta blanca”. Quienes solicitaban un permiso de salida debían cumplir también requerimientos de corte político. De manera que, si el individuo había militado en algún grupo opositor, ejercido el periodismo independiente o realizado algún tipo de activismo cívico, sus posibilidades se reducían notablemente.

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Yoani Sánchez