INTERNACIONAL

Cuba y los Estados Unidos, ¿todos ganan?

Por Andrés Serbin | El histórico acercamiento diplomático anunciado hoy reviste de dudas el mapa regional.

PERFIL COMPLETO

Foto:Cedoc.

Una serie de medidas largamente esperadas han generado un cambio histórico en las conflictivas relaciones entre los EEUU y Cuba, tal como lo anunciaron hace más de un año las recomendaciones surgidas del diálogo académico Cuba-EEUU (TACE) coordinado por CRIES. Precedido de una ominosa serie de señales, incluyendo seis editoriales de The New York Times y de numerosos gestos de ambas administraciones, la liberación del contratista Alan Gross por parte del gobierno cubano y la de tres detenidos cubanos acusados de espionaje por parte del gobierno estadounidense, han dado lugar a sendos discursos de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciando una serie de iniciativas orientadas a la normalización de las relaciones entre ambos países, gracias a la mediación del Papa Francisco y del gobierno de Canadá, comenzando por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. El eventual levantamiento del embargo estadounidense a la isla queda, sin embargo, pendiente de las decisiones del Congreso de los EEUU.

En el interín, en el marco de este proceso, ganan tanto el presidente Obama como el presidente Castro. El primero, por reconocer la ineficacia de las medidas contra Cuba durante más de medio siglo y por impulsar un proceso de normalización respaldado por una gran parte de la opinión pública norteamericana, incluyendo demócratas como republicanos y sin descartar a algunos relevantes sectores cubano-americanos, en un gesto sin precedentes que establece un hito histórico y le permite recuperar iniciativa política luego de las recientes elecciones legislativas. El segundo, por promover una normalización pragmática de las relaciones que pueda conducir al levantamiento del embargo económico aplicado a la isla, y que, principalmente, posibilita perfilar nuevos escenarios para las reformas en curso en la misma, en una coyuntura en que el derrumbe de los precios internacionales del petróleo amenaza la persistencia de la generosa ayuda venezolana.

A la vez, a nivel hemisférico y ante la proximidad de la realización de la VII Cumbre de las Américas en Panamá, en abril de 2015, ambos países consolidan sus posiciones, después de que abundaran las interrogantes sobre su participación (y su desempeño) en ese encuentro.

EEUU comienza a reconstruir una imagen positiva frente a los países latinoamericanos y del Caribe, luego de un largo período de distanciamiento y de letargo geopolítico, y abre las puertas para introducir algunos de sus temas prioritarios en la agenda hemisférica, incluyendo la consolidación de la democracia y de los derechos humanos, y para recuperar su presencia a nivel hemisférico al abrirse a un diálogo más amplio con Cuba, mientras que el gobierno de Raúl Castro afianza su proceso de plena reinserción en la comunidad latinoamericana y caribeña iniciado en la década del '90 con la incorporación a la ALADI y que culmina con su presidencia de la CELAC, y amplía el espectro de sus alianzas internacionales en la dificultosa etapa por la que deberán atravesar las reformas económicas que se impulsan en el marco del “proceso de actualización”.

Una situación “win-win” que, a su vez, contribuye a varios elementos más: ayudar a aceitar las tormentosas relaciones hemisféricas en un momento de transición dónde la OEA debe elegir a su nuevo secretario general, en una coyuntura en que la región se desgarra entre diferentes modelos de desarrollo aupados por una década de bonanza económica impulsada por la venta de “commodities” y amenazados por los nuevos desafíos de un entorno internacional más hostil y menos auspicioso, y en una situación donde la influencia de Venezuela, junto con la de otros actores protagónicos a nivel regional y global, se desvanece con el descenso de los precios internacionales del petróleo.

En este marco, el broche de oro lo constituye la revisión de la suspensión por parte de los EEUU de la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas, recomendado insistentemente por el TACE, en un momento dónde este país ha sido un factor fundamental en el avance de las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano del Presidente Santos y las FARC.

 

(*) Analista internacional y Presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES).



Andrés Serbin (*)