INTERNACIONAL UN CRIOLLO EN ROMA

De la mano de Francisco, la agenda del Vaticano se “argentinizó”

El Papa sigue el modelo de Juan Pablo II en la atención a los asuntos de su país natal. Recibe a compatriotas a diario y monitorea la política local. ¿Tensión con su misión universalista?

Foto:Cedoc

Lech Walesa suele decir que él jamás habría llegado a la presidencia de Polonia en 1990 si no hubiera sido por Juan Pablo II. Desde que ocupó el trono de San Pedro en 1978, el Papa polaco nunca dejó de jugar un papel decisivo en la política interna de su país natal. Karol Wojtyla se convirtió en un símbolo del anticomunismo y en un articulador de la lucha contra la influencia soviética en Polonia y Europa del Este.

Francisco se parece al “Papa peregrino” en su fuerte interés por los asuntos domésticos de su nación de origen. A diferencia de Benedicto XVI, quien dedicó su vida a las cuestiones de la curia romana, Jorge Mario Bergoglio está en contacto permanente con políticos, sindicalistas y figuras públicas de la Argentina y sigue de muy de cerca los temas nacionales.

Pero existe una diferencia sustancial con Juan Pablo II: la Polonia de los años ochenta estaba atravesada por un debate de alcance universal acerca de la crisis del modelo comunista. En última instancia, el jefe de la comunidad católica mundial podía argumentar que en su país natal se discutía algo más que el futuro de su propia nación. ¿Qué preocupación de naturaleza global puede haber, en cambio, en la dedicación de Francisco a la situación argentina?

Su atención a los asuntos locales se refleja visiblemente en las visitas que el Papa recibe a diario en el Vaticano. Desde que asumió el papado hace más de un año, Bergoglio se reunió en audiencias privadas o en la Plaza de San Pedro con decenas de personajes argentinos de la política, el sindicalismo, la Justicia, el empresariado, las organizaciones sociales, el deporte, la farándula y otros ámbitos.

“En cuanto a la relación con su país natal, Francisco es un Papa del estilo de Juan Pablo II –dijo a PERFIL el sociólogo Fortunato Malimacci, investigador del Conicet y profesor del seminario Sociedad y Religión en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA–. Pero, en el caso de Bergoglio, se agrega el hecho de que ahora vivimos en la sociedad de la comunicación y la información, en la que esos vínculos se multiplican por mil. En la Argentina hay una sobrerrepresentación mediática del Papa, y los medios toman partido por sus posturas universales y las hacen jugar en la política local”.

Según Malimacci, esa omnipresencia papal en el debate público muchas veces distorsiona los mensajes que el propio Pontífice busca transmitir. Así fue en el caso de la ya célebre carta al gobierno argentino por la fiesta nacional del 25 de mayo. Ocurre que Francisco no reduce sus contactos políticos con la Argentina a una relación entre Estados: se reunió, por ejemplo, con todos los presidenciables del país excepto Sergio Massa.

“Aquí percibimos con cierta desproporción las noticias sobre el Pontífice argentino, pero también es cierto que Francisco tiende a exagerar y sobreactuar los contactos políticos y sindicales con la Argentina –comentó a este diario José María Poirier, director de la revista católica Criterio y viejo conocido de Bergoglio–. Nosotros podemos discutir si el Papa es muy o poco peronista, pero eso no tiene ninguna importancia más allá de las fronteras argentinas”.

Los vínculos del Papa con su país de origen también se extienden al sindicalismo, la Justicia y la Iglesia. A través de operadores locales, Bergoglio tiene llegada a líderes sindicales y empresarios y su influjo se hace sentir en la relación entre capital y trabajo. Su foto con el juez Ariel Lijo poco antes de que fallara en el caso Ciccone causó escozor en algunos sectores. Por estos días, Francisco está atento a la evolución de la causa judicial por el crimen de monseñor Enrique Angelelli. En el plano eclesiástico, el Papa tiene influencia directa en la designación de cargos jerárquicos en la Iglesia argentina.

Poirier opina que la mayor preocupación de Bergoglio en cuanto a su país es “ayudar a que el período presidencial termine con el mayor orden y la mayor institucionalidad posibles”. Eso explicaría, en parte, la “argentinización” de la agenda papal. Aunque al resto del mundo católico no le sirva de mucho.



Facundo F. Barrio