INTERNACIONAL

¿De qué asombrarse?

La victoria de Donald Trump asombra al planeta, pero bien mirado, no hay motivos.

Hillary Clinton y Donald Trump se enfrentan en el segundo debate.
Hillary Clinton y Donald Trump se enfrentan en el segundo debate. Foto:AFP

Un populista de extrema derecha ultramillonario, nacionalista, corrupto, racista y machista es desde ayer el presidente electo de la primera potencia financiera, económica y militar del mundo. La victoria de Donald Trump asombra al planeta, pero bien mirado, no hay motivos. Los pocos que han puesto el acento no ya en el avance de la extrema derecha populista en los países desarrollados, sino en sus causas –la crisis estructural del sistema capitalista- no tienen razones para el asombro: ver por ejemplo esta columna: “Una noción de riqueza social” (Perfil, 22-4-12) y “Las derechas vienen marchando” (Perfil, 18-10-13).

La razón por la que nuevamente la gran mayoría de los grandes medios de comunicación y de los sondeos han vuelto a equivocarse, como ocurrió con el “Brexit” o durante las elecciones del 2014 al Parlamento europeo (la extrema derecha triunfó entonces en Inglaterra, Francia y Dinamarca y creció en los demás países), torna a ser la ceguera general ante el fracaso de conservadores, liberales y socialdemócratas frente a la crisis. Ocurre, como afirmó François Cusset en Le Monde, en mayo de 2013, que “la calle, la protesta, han sido abandonados por sindicatos en decadencia, partidos políticos desacreditados y una izquierda más preocupada por la austeridad presupuestaria y el rigor que la más liberal de las derechas (…), con lo que la calle deviene el boulevard de la reacción, embanderada de ideales retóricos de justicia y libertad que no son los suyos”.

Y en este punto, la comparación con las consecuencias de la crisis capitalista de 1929 y sus consecuencias políticas deviene inevitable: Mussolini, Hitler, Pétain. Populismos de todo tipo, deterioro democrático, repliegue proteccionista, ruptura de pactos y acuerdos internacionales, armamentismo, proliferación de conflictos, sobre la base de masas desesperadas y desorientadas. La mesa vuelve a estar servida, con una diferencia clave: el capitalismo, planetario ahora, no tiene salida esta vez en el marco de su propia lógica. La crisis, que merodeó en los bordes desde los años ’80, está desde 2008 instalada en el corazón del sistema.

Imposible determinar ahora los conflictos internos y cuales serán los campos en disputa: ¿EE.UU. y Rusia vs. China? ¿Rusia y China vs. EE.UU.? ¿Y el resto del mundo? ¿Todos contra todos? En cualquier caso, todos o casi todos disponen ahora de armas nucleares, químicas y bacteriológicas… Si en los próximos años no se produce una toma de conciencia mundial sobre la raíz del problema, hacia allí vamos.

Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad…