INTERNACIONAL EL HURACAN DONALD

Desventuras del círculo rojo

Trump tuvo el don de hacer de su campaña algo más divertido que lo que proponía Clinton, tan ligada al establishment norteamericano. Así, lo que quedó derrotado en la elección no fueron los encuestadores, sino la mirada de los medios, que el candidato sorteó en las redes sociales.

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Donald Trump es el presidente electo de los Estados Unidos, a pesar de que la mayoría de los medios de comunicación y el círculo rojo norteamericanos anunciaron su derrota de manera casi unánime. En la historia norteamericana no existió nunca una coalición tan amplia que termine derrotada. Como ha ocurrido en el plebiscito colombiano, en el caso del Brexit del Reino Unido, en las elecciones de Austria y en muchos otros países, la mayoría de la gente se ha manifestado en contra de las élites. En la etapa final de la campaña ni siquiera los candidatos locales querían acompañar a Trump. Todos se dejaron llevar por la idea de que Trump no podía ganar, que difundieron desde el principio todos los analistas y los medios. No tomaron en cuenta un dato relevante: alrededor de un 70% de los norteamericanos está cansado de la política, los partidos, el sistema.

Sin fundamento. En los Estados Unidos circulan explicaciones que no tienen un fundamento objetivo. Algunos creen que el resultado se debe a la denuncia del FBI sobre el manejo irregular de los correos de Hillary Clinton. Para fundamentar esta hipótesis habría que contar con una investigación que diga: cuántas personas se enteraron de lo que dijo el FBI, cuántas lo creyeron, y cuántas cambiaron de opción electoral por esa información. No existe ningún material empírico que permita mantener la importancia del ataque del FBI. Por lo demás, si los votantes norteamericanos son tan éticos para abandonar a Hillary porque manejó mal su mail, habría que preguntar por qué votaron tantos por Trump, sobre quien los medios de comunicación, los líderes de opinión, y los programas de la TV dieron una cobertura tan negativa. Divulgaron permanentemente notas que difundían sus declaraciones sexistas, xenófobas, racistas, sus operaciones financieras sospechosas en la administración de casinos y proyectos inmobiliarios, sus prácticas impositivas poco ortodoxas. ¿Por qué un incidente simplón podría virar el resultado de la elección en contra de Clinton y no tuvo el mismo efecto la avalancha de acusaciones a Trump?

Medios y campaña. A Trump le atacaron no sólo los medios con tradición progresista, normalmente simpatizantes de los demócratas, sino también casi todos los demás. Si esto ocurría hace veinte años, cuando no existían los medios alternativos, habría terminado con las posibilidades de cualquier candidato. Hillary Clinton recibió el respaldo de los 360 diarios y semanarios más importantes del país, a Trump le respaldaron 13. Hubo una diferencia de 27 a uno en apoyos explícitos por parte de organizaciones de noticias en favor de la candidata demócrata. Algunos de ellos, que tradicionalmente habían sido republicanos o no se habían pronunciado en anteriores campañas, llegaron a mandar cartas a sus suscriptores pidiendo el voto para Hillary. En varias revistas, se leía en la portada con grandes letras “No vote por Trump”. Eran llamadas a artículos que estaban en su interior, pero en realidad funcionaban como propaganda.

No pasó lo mismo con las redes sociales. Según una excelente investigación publicado en Revistaanfibia.com, el viernes 4 de noviembre la página de Facebook de Trump tenía 11,9 millones de “me gusta” y su cuenta de Twitter 12,9 millones de seguidores. Hillary Clinton tuvo 7,8 de “me gusta” en Facebook y 10,1 millones en Twitter. En otras palabras, Clinton tenía 53% menos “me gusta” en Facebook y 27% menos seguidores en Twitter. Es probable que los números estén inflados, pero eso vale para ambos bandos. Más allá de lo cuantitativo, las redes sirven para conocer los grados de compromiso con la campaña de los partidarios de los dos candidatos. Cuando Trump subió en la mañana del viernes 4 de noviembre, un “post” sobre un acto de campaña en su página de Facebook consiguió en 14 horas 92 mil “me gusta”, 40 mil “me encanta”, sus seguidores lo compartieron 29.782 veces, y vieron el video 2.100.000 personas. Si comparamos estos números con un post subido 12 horas antes, en la página de Facebook de Hillary Clinton, con un acto de campaña similar, obtuvo 14 mil “me gusta”, 1.300 “me encanta”, lo compartieron 1.965 veces, y lo vieron 218 mil veces. Esta diferencia en la actitud de los cibernautas fue constante en los últimos meses de la campaña. Trump suscitó entre sus seguidores un entusiasmo mayor que el de Clinton en una proporción que sorprende: el post de Trump recibió treinta veces más “me encanta” que el de Clinton y la comparación entre las medidas de adhesión en Twitter, como el número de retuits y “me gusta”, se comportaron de manera semejante.

Intensidad. Hay que anotar que la intensidad de la presencia de un candidato no se logra con publicidad o con herramientas tradicionales. Trump entusiasmaba a sus seguidores, Hillary era una candidata aburrida. La participación de los seguidores de un candidato en las redes tiene que ver con el vínculo que establece con sus partidarios.

En cuanto a las encuestas, la mayoría de los estudios dio a uno de los candidatos una ventaja menor al margen de error. Casi todas hablaban de una ventaja de entre uno y dos puntos y por lo tanto acertaron. Los Angeles Times ratificó su leyenda de que es infalible porque en todos los resultados de su tracking poll durante los quince días finales dijo que ganaría Trump. En los medios académicos norteamericanos no existe la sensación de que fallaron las encuestas. Fue la ansiedad del círculo rojo la que le hizo asegurar una victoria que no existía.


*Profesor de la George Washington University.