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Detrás del debate: caballos, cerveza y el escándalo de Trump en la boca de todos

Más allá de las polémicas, el debate convocó a multitudes, entre cientos de estudiantes y militantes, y los más de 3500 trabajadores de prensa, técnicos, periodistas y camarógrafos.

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Detrás del debate: caballos, cerveza y el escándalo de Trump en la boca de todos
Detrás del debate: caballos, cerveza y el escándalo de Trump en la boca de todos Foto:Aurelio Tomas
El debate más esperado y caliente de la campaña norteamericana convocó a periodistas de más de 100 países en la Universidad de Washington, Saint Louis, Missouri. Fue el segundo de los tres encuentros previstos entre Hillary Clinton y Donald Trump. Se esperaba munición pesada. Y los candidatos cumplieron. El encuentro ocurrió a dos días de la difusión de un video donde Trump hablaba de forma denigrante sobre las mujeres.

El escándalo fue el tema en boca de todos antes, durante y luego del debate. En el stand de Facebook, un monitor ofrecía datos en tiempo real. Las cintas de Trump motivaron, según la empresa, más de 28 millones de interacciones, entre ocho millones y medio de usuarios norteamericanos, en la hora previa al cara a cara. Tras el debate, el espacio de Twitter mostraba que había sido el día de la campaña con más tuits sobre el tema y que más del 60% de los comentarios eran sobre Trump.
    
En torno al campus, se dieron cita seguidores de ambos bandos. “Soy profesora asistente en un curso sobre Desigualdad Social y Trump es un ejemplo inmejorable de xenofobia, racismo, homofobia y misoginia”, explicaba a PERFIL la profesora Caitlin Collins. Sobre el video de la polémica, señaló que logró un gran impacto por una razón: “Trump dijo ya cosas horribles sobre los musulmanes y latinos, pero ahora está hablando de las mujeres blancas, eso motivó el escándalo”.
    
Muy cerca, donde el canal conservador Fox News transmitía en vivo, un grupo de mujeres sostenía carteles de apoyo a Trump. “No queremos hablar sobre eso”, aclaraban en referencia al video. “Apoyamos a Trump porque se debe cerrar la frontera, no queremos gente que venga al país a vivir de nuestros impuestos”, explicó Kathy Cox, de 62 años, y trabajadora del sector inmobiliario.
    
A pesar de los pedidos de sus copartidarios, Paula Murrel, amiga de Cox y vendedora minorista, confía en que no habrá renuncia del candidato republicano. “Trump no es un perdedor, esto no está terminado hasta que esté terminado”, afirmó Paula. “Siempre quise un hombre de negocios como presidente, desde que se presentó Ross Perot”, agregó. Las dos trumpistas y sus amigas son parte de los más entusiastas seguidores de Trump.
    
Janette y Gerhard glass son dos ex alumnos de la Universidad de Washington que llevan 28 años casados, no llevan ningún cartel pero tienen bien decidido su voto. “Somos conservadores, en las primarias votamos a Ted Cruz, pero creemos que los republicanos debemos estar unidos; estamos preocupados por lo que pasa en la economía y la seguridad, especialmente el avance de ISIS”, acotó Janette.
    
Su marido aclaró que votará por Trump “a pesar de que personalmente no estoy de acuerdo con el tipo de discurso que se ve en el video, pero es importante saber que en política todo sale a la luz, también la ropa sucia”. Y acota: “Lo que importan son las políticas y ya conocemos las consecuencias de las políticas de Hillary”.
    
Más allá de la política y la polémica, el debate fue un evento que convocó a multitudes, entre los cientos de estudiantes y militantes y los más de 3500 trabajadores de prensa, entre técnicos, periodistas y camarógrafos. El evento fue un esfuerzo millonario del Comité para los Debates Presidenciales y la casa de estudios, que por quinta vez es el lugar elegido para un encuentro cara a cara entre aspirantes a la primera magistratura.
Como en casi todos los actos masivos en Estados Unidos, hubo sponsors oficiales, marcas que buscaron tener presencia y fanáticos de ambos equipos que, sin posibilidad de acceder al lugar destinado a la prensa, buscaron que sus carteles sean vistos en las innumerables transmisiones que se realizaba, para todo el mundo.
    
Una conocida marca de cerveza llevó inclusive un establo de caballos y preparó una tanda de botellas exclusiva para el evento. Todos los principales canales montaron estrados fuera de la universidad, en el campus y en la sala de prensa. También había promotoras y numerosos representantes de grupos de presión y asociaciones civiles.
    
Tal vez la institución que lograba ayer más y mejor promoción era la propia Universidad de Washington. Estudiar allí cuesta 65 mil dólares al año. Tiene unos 14 mil estudiantes, muchos de los cuales eligieron seguir el debate desde el campus. Algunas de las autoridades reconocieron, en off, que el evento es una oportunidad inmejorable para ganar nuevos estudiantes en un país donde la educación es un privilegio por el que muchos se endeudan de por vida.

Este tipo de problemas, entre otros, quedaron opacados a pesar de que este encuentro adoptó el esquema de Town Hall, donde personas comunes tienen la oportunidad de preguntar a los candidatos. El protagonismo fue de los periodistas y los candidatos. Y el tema central, los escándalos que han marcado la campaña, desde el video de Trump hasta los mails de Hillary.

(*) Desde Saint Louis, Missouri, Estados Unidos.