INTERNACIONAL POR PRIMERA VEZ

Diez represores chilenos pidieron perdón por los crímenes de la dictadura

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Familiares. Se encadenaron en una iglesia contra la iniciativa.
Familiares. Se encadenaron en una iglesia contra la iniciativa.
Diez condenados represores de la siniestra Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)  del pinochetismo pidieron ayer perdón “por el daño causado” bajo la dictadura militar secuestrando, torturando y haciendo desaparecer a opositores en Chile y en el exterior entre 1973 y 1990.

Los ex agentes de la DINA pidieron perdón durante una ceremonia ecuménica efectuada dentro del penal de Punta Peuco, a 40 kilómetros del centro de Santiago, a la cual asistieron otros 110 presos.

Según el capellán católico de Punta Peuco, Pablo Alvarez, los penitentes escribieron declaraciones donde relataban el cambio que habían experimentado al adherir a diferentes confesiones religiosas: evangélicas, católica y anglicana.

El ex rector de la universidad jesuita Alberto Hurtado, Fernando Montes, declaró a la salida de la cárcel que se iba “con esperanza, porque antes estaba lleno de preguntas”.       
Ante las dudas de familiares y de organismos de derechos humanos, Montes aseguró que “nadie pidió que se le rebajaran las condenas, nadie pidió amnistía”.

Dureza. Uno de los arrepentidos, Claudio Salazar, ex carabinero condenado por el degüello de tres profesionales comunistas en 1985, pidió cambiar “aquellos corazones duros, que con razón o sin ella, nos detestan sin darnos cabida en la sociedad”.

“La infinita bondad de Dios sabrá perdonar mis pecados depositándolos en el fondo del océano más grande”, agregó.

El sacerdote Mariano Puga, incansable defensor de los derechos de los más pobres pidió entender el paso que se dio.

Para Puga, detenido y torturado bajo el régimen militar, en la ceremonia de Punta Peuco quedó claro que “no puede haber perdón, si no hay reparación, aporte a la Justicia y aporte de la información que ellos manejan y no han planteado a los Tribunales”.

Montaje. Sin embargo, familiares de ejecutados y desaparecidos protestaron en las afueras del penal, al que califican de “hotel de cinco estellas”, y rechazaron lo que consideran un intento de “reconciliación forzada”.

“Este es un montaje que han hecho para que los victimarios se victimicen. Nosotros tenemos la dignidad de decir que no tenemos odio, pero sí queremos la verdad total y eso no se hace con liturgias ecuménicas”, denunció Alicia Lira, dirigente de la agrupación de familiares de ejecutados políticos.

Agencias