INTERNACIONAL PRESIDENTA REELECTA

Dilma busca un ministro que aplique la ‘sintonía fina’ a la brasileña

Rousseff prometió cambios para calmar a los mercados. Esperan menos gasto, devaluación leve y tasas altas. Danza de nombres para dirigir la cartera de Economía.

Foto:Cedoc.

Cuando en los años 60 el Estado de bienestar comenzó a dar signos de agotamiento, la escuela monetarista liderada por Milton Friedman acuñó el término “ajuste fino” para reclamar ciertas correcciones a la política macroeconómica. No era más que un eufemismo para referirse a las clásicas medidas de ortodoxia fiscal y monetaria que se habían aplicado en el pasado, tan impopulares como necesarias para los gobiernos en apuros.


En la Argentina, el kirchnerismo introdujo su propia versión de ese rótulo luego de la reelección de Cristina Kirchner en 2011, cuando los funcionarios comenzaron a hablar de “sintonía fina” (finalmente, el recetario ortodoxo fue utilizado sólo en parte). En Brasil, Dilma Rousseff parece ir ahora en la misma dirección.

La mandataria tuvo poco tiempo para festejar su triunfo en el ballottage del domingo pasado: al día siguiente, la Bolsa de San Pablo cayó 2,8%, el real se desvalorizó 2,6% y Petrobras perdió 12%. Las turbulencias bursátiles fueron interpretadas como una advertencia del sector financiero a la reelecta jefa de Estado, que en los próximos meses deberá designar a su nuevo gabinete.

Rousseff reaccionó rápido. “No voy a esperar la conclusión del primer mandato para iniciar las acciones de transformar nuestra economía”, prometió esta semana, y adelantó que las nuevas medidas llegarán antes de fin de año. “El mensaje que recibí de los electores es que, si acerté en algunas cosas, tengo que mejorar y hacer más”.

El saliente ministro de Economía, Guido Mantega, dijo que las prioridades del próximo gobierno serán la contención de la inflación, que está por encima de la meta oficial de 6,5%, y la necesidad de “fortalecer las bases fiscales” de la economía.

“Rousseff cree en un Estado intervencionista y en que la economía debe ser estimulada, y eso no va a cambiar –dijo a PERFIL el economista Felipe Salto, de la consultora brasileña Tendências–. Pero el propio gobierno sabe que deberá manejarse con pragmatismo en un escenario con riesgo de que aparezcan problemas mayores: inflación, bajo crecimiento, agravamiento del frente externo, fuga de capitales”.

Salto coincide en que el gobierno brasileño “adoptará medidas de ajuste en las principales áreas de la política económica, con el objetivo de evitar el mal mayor: una aceleración de la inflación en un contexto de economía deprimida”. La receta es conocida: aumento de las tasas de interés (actualmente en 11% anual), incremento de impuestos, disminución del gasto público. También se mantendría la tendencia estructural a la depreciación del real, sobre todo por la presión del deterioro de las cuentas externas. “El Banco Central y el gobierno deberán trabajar sobre las tasas de interés y las cuentas fiscales para evitar que esa devaluación tenga un efecto inflacionario”, agregó Salto.

Claro que el oficialismo pagará algún costo político por la adopción de tales medidas. El primer mandato de Rousseff estuvo marcado por un “sube y baja” de las tasas de interés, pero a partir de abril de 2013 el gobierno se vio obligado a mantenerlas altas para combatir la inflación. Sostener las tasas por encima de los niveles actuales provocará una retracción del crecimiento y del consumo. Al mismo tiempo, acrecentará los pagos de deuda pública. Para evitar que eso genere desbalances en las cuentas estatales, es posible que el gobierno deba aumentar ciertos impuestos.

La prudencia fiscal también llevaría a recortes en las inversiones públicas sobre sectores estratégicos y generadores de empleo. Para los economistas, sin embargo, es improbable que el gobierno anule planes sociales como el Bolsa Família.

“No se puede sostener esta inconsistencia entre una política monetaria astringente y una política fiscal expansiva –había dicho a este diario Dante Sica, director de la consultora Abeceb, antes de la segunda vuelta electoral–. El próximo gobierno necesitará recuperar la confianza inversora. El sector financiero va a estar muy atento al nuevo gabinete”.

En efecto, la danza de nombres para reemplazar a Mantega es la gran obsesión de la prensa especializada brasileña. Entre los posibles candidatos se menciona a Luiz Trabuco, presidente del Banco Bradesco –el mayor privado de Brasil– y muy bien considerado por el sector financiero; Nelson Barbosa, ex secretario de Hacienda y ex número dos de Mantega; Aloizio Mercadante, economista y actual jefe de Gabinete; y Abílio Diniz, exitoso empresario afín a Lula da Silva.

Si el elegido fuera Trabuco, su designación sería una verdadera ofrenda de Rousseff a los mercados. Algo así como lo que hizo Lula en su primer gobierno, al poner al frente del Banco Central al banquero Henrique Meirelles. Aunque amagó con acercarse a la opositora Marina Silva durante la campaña electoral, Meirelles vuelve a figurar ahora entre los candidatos para dirigir la institución.



Facundo F. Barrio