INTERNACIONAL GIRA POR ASIA

EE.UU. se aproxima a Beijing para poner freno a Norcorea

El secretario de Estado Tillerson acordó con su par chino detener el plan nuclear de Pyongyang. Agendarían para abril una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping.

Visita de estado. En su primera incursión a China desde que asumió, el jefe de la diplomacia norteamericana tuvo un tono más conciliador que Trump, quien el viernes atacó a Beijing.
Visita de estado. En su primera incursión a China desde que asumió, el jefe de la diplomacia norteamericana tuvo un tono más conciliador que Trump, quien el viernes atacó a Beijing. Foto:AFP
China y Estados Unidos se comprometieron ayer a trabajar juntos para que Corea del Norte frene su programa nuclear, que eleva la tensión en la península a un “nivel peligroso”. En su primera visita oficial a Beijing desde que asumió, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, se esforzó por adoptar un tono conciliador, al día siguiente de que el presidente Donald Trump disparara munición gruesa contra el más estrecho aliado del régimen de Kim Jong-un.

“Trabajaremos juntos para ver si podemos llevar al gobierno de Pyongyang a cambiar de posición y alejarse del desarrollo de armas nucleares”, afirmó el jefe de la diplomacia norteamericana, al término de una reunión con su homólogo chino, Wang Yi. “Compartimos una misma visión y una sensación de que la tensión en la península es muy elevada actualmente y las cosas alcanzaron un nivel peligroso”, añadió. En respuesta, el ministro chino reafirmó que la única manera de resolver la crisis en Corea es a través del diálogo, luego de que Kim lanzara misiles de mediano alcance y el Pentágono y Seúl anunciaran un escudo antimisiles, que motivó airadas protestas chinas.

La agenda del ex director ejecutivo de Exxon Mobil también incluyó discusiones económicas y comerciales. Las amenazas de aplicar tarifas del 45% a las importaciones del gigante asiático nunca se concretaron, pero aún resuenan en los oídos de los 24 miembros del politburó del Partido Comunista. El diálogo telefónico con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen también había dañado el vínculo.

Antes de esta gira, la Casa Blanca estaba ante una encrucijada: recomponía la relación con China o, por el contrario, se embarcaba en un escenario competitivo con la superpotencia asiática. Desde la Heritage Foundation, el think-tank conservador de mayor sintonía ideológica con el presidente, explicaron a PERFIL por qué Tillerson le tendió la mano a Xi Jinping. “Estados Unidos quiere mantener buenas relaciones con China. Como son las dos mayores economías del mundo, evitar una guerra comercial es de interés mutuo. Esto requerirá diálogo franco, para abordar las preocupaciones de los dos lados”, afirmó Dean Cheng, investigador del Centro de Estudios Asiáticos.

Ramón Pacheco Pardo, profesor del King’s College de Londres, comparte ese diagnóstico: “Una confrontación con China es insostenible. Estados Unidos no puede permitirse un aumento en el desempleo y un descenso en las exportaciones simplemente para ‘castigar’ a China. Además, nadie piensa que una confrontación militar o diplomática lleve a alguna parte”.

Cumbre. Tillerson será recibido hoy por el presidente Xi Jinping. En ese encuentro ultimarían los detalles para el primer “cara a cara” entre el líder chino y Trump, que tendría lugar en abril en la “Casa Blanca del Sur”, la residencia que posee el magnate en Mar-a-Lago, Florida. Si logra concertar esa cumbre, las dos mayores economías del planeta habrán dado un gran paso para desactivar los recelos mutuos.

Aunque impulsó muchas de las promesas que lo llevaron a la Casa Blanca, Trump aún no implementó medidas contra China, país al que llamó “el mayor manipulador de divisas de este planeta”. “No tiene el suficiente apoyo a nivel doméstico para hacerlo. El sector privado no quiere una guerra comercial con China y los votantes parecen más motivados por la inmigración o el muro con México”, opina Pacheco Pardo.

Promotor a  fines del siglo XIX de la política de “puertas abiertas” –mediante la cual pretendía acceder al mercado chino en igualdad de condiciones que las potencias europeas–, EE.UU. prefiere ahora por el proteccionismo. Y, paradójicamente, China se erige en el más ferviente defensor del libre comercio.


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