INTERNACIONAL

El candidato de la estabilidad

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El referéndum de hoy ha movido fuertemente las aguas de la política boliviana. Por primera vez, una denuncia –en este caso, por un posible tráfico de influencias– tocó al propio Evo Morales, largamente invicto, elección tras elección, desde fines de 2005. Se trata del caso de una ex pareja del presidente, Gabriela Zapata, con quien Evo tuvo un hijo –que falleció en 2007– y que más tarde llegó a gerenta de una firma china con varios contratos con el Estado. La oposición se entusiasma con que el “zapatazo”, difundido por el periodista opositor Carlos Valverde, logre ayudarla a vencer al mandatario, que busca ser habilitado para un cuarto mandato al finalizar el actual a fines de 2019. Y todo esto se suma al escándalo de corrupción del Fondo Indígena, cuyos proyectos fantasma involucran a varios dirigentes oficialistas.
La oposición sabe que ésta es su oportunidad para evitar que Evo siga hasta 2025, el Centenario de la fundación de Bolivia (es más fácil ganar un referéndum por sí o no que ganarle a Evo con un candidato). Morales es el presidente que más tiempo estuvo en el Palacio Quemado, en un país sin tradición reeleccionista y marcado por la inestabilidad política. Evo mismo fue producto de ella, lo que le permitió saltar del sindicalismo cocalero al sillón presidencial. Pero ahora es el candidato de la estabilidad política y económica.
Muchos bolivianos, incluso quienes consideran que hizo un buen gobierno, dudan en darle el voto de confianza para la re-re-re por temor a su “perpetuación”, pero el gobierno busca explotar la debilidad y la falta de proyectos de la oposición.
La campaña del “no” buscó despegarse de los impresentables, como el ex ministro de Sánchez de Lozada, Carlos “el Zorro” Sánchez Berzaín, responsable de la represión durante la guerra del gas de 2003, quien llama a votar por el “no” desde Estados Unidos. En ese marco, resultó clave la campaña de personalidades, como la periodista Amalia Pando, que buscaron darle un perfil ciudadano al “no”, y separarlo de los viejos políticos. Las encuestas anuncian que todo puede pasar.
Nadie duda de la fortaleza de Morales, quien mantiene un fuerte apoyo en sectores rurales y urbano-populares. También ha venido incrementando su apoyo en la otrora hostil Santa Cruz. El desempeño macroeconómico y su carácter de presidente-símbolo lo vuelven un hueso duro de roer y por eso la oposición ha soltado el “caso Zapata” una vez que vio que el tema había hecho mella en el Presidente. Por su parte, el titular de la Cámara de Senadores, José Alberto “Gringo” Gonzales, considera que no existe un escándalo real sobre la relación Evo-Zapata-CAMC (la empresa china en cuestión). “El escándalo es en las redes sociales, es en la mente de los que apoyan el ‘no’, que pretenden seguir descalificando al Presidente sin tener argumentos”, afirmó.
En esta década, Morales puso en marcha un proyecto con elementos indigenistas, socialistas y nacionalistas sostenido en la nacionalización del gas y una macroeconomía “prudente” que le permitió evitar derroteros como el venezolano. Una de sus obsesiones fue la puesta en marcha de proyectos de gran visibilidad “modernizadora”, como un satélite o teleféricos de transporte. Pero también la década estuvo marcada por más amplios márgenes de igualdad étnica cultural. La deuda es un cambio en la matriz productiva.
Gane o pierda el referéndum, Morales y su partido seguirán encarnando una fuerza poderosa, y la oposición deberá ponerse a la altura del momento si quiere disputar el poder nuevamente: los triunfos de la derecha en la región no son suficientes. Y, en caso de ganar, el presidente cocalero deberá evitar que el ejercicio del poder después de una década no ingrese en una fase de estancamiento y falta de iniciativa por exceso de autoconfianza.
Una pregunta sobrevuela cualquier análisis: ¿hasta cuándo resistirá la economía boliviana la caída de los precios de los hidrocarburos y minerales? O, dicho de otro modo, ¿son suficientes las grandes reservas acumuladas estos años? Sea como sea, el referéndum es la elección más difícil para Morales, y la fuerte campaña desplegada por el gobierno da cuenta de ello

*Director de la revista Nueva Sociedad.



Pablo Stefanoni