INTERNACIONAL TRAS LA PRIMAVERA ARABE

El caos se instaló en Libia, a dos años de la muerte de Kadafi

Foto:AFP

Hoy se cumplen dos años de uno de esos asesinatos políticos con potencial para cambiar la historia. El 20 de octubre de 2011, el mundo entero pudo ver casi en directo el cuerpo inerte de Muamar Kadafi, a quien las tropas insurgentes libias habían capturado y linchado con el apoyo logístico de la OTAN. Pese a que su muerte se interpretó como un triunfo de la Primavera Arabe, Libia aún sigue sumida en un caos cuya salida por ahora nadie vislumbra.
La situación política en el país africano es anárquica. Un punto extremo se vivió la semana pasada, cuando un grupo de milicianos, miembros de una antigua facción rebelde, raptaron durante seis horas al primer ministro Alí Zeidan, en represalia por la captura por parte de tropas estadounidenses de un líder de Al Qaeda en Trípoli. El secuestro fue reivindicado por la “Sala de Operaciones de los Revolucionarios de Libia”, un grupo armado al que el propio gobierno contrata para tareas de seguridad en la capital.
Zeidan fue electo para dirigir el gobierno de transición por una asamblea interina hace un año, poco después de que el embajador de Washington en Libia fuera asesinado en el consulado de Bengazi. Pero el país aún no tiene Constitución y su órgano legislativo está paralizado por el enfrentamiento entre la secular Alianza de Fuerzas Nacionales y los islamistas Hermanos Musulmanes, lo que dificulta la instauración de un Estado de pleno derecho.
Al mismo tiempo, al débil gobierno central le resulta casi imposible controlar a ex milicias rebeldes devenidas en grupos rivales que se enfrentan a tiros por el control de extensas regiones del país. El panorama empeora por la amenaza siempre latente de Al Qaeda y su influencia sobre los ex insurgentes, como develó el secuestro de Zeidan.
Las facciones no sólo se disputan el control territorial: también buscan sacar una tajada de la enorme riqueza petrolera del país. La producción de crudo sufrió una caída histórica a mediados de este año porque milicianos y activistas políticos adoptaron como práctica habitual de protesta el bloqueo a yacimientos hidrocarburíferos y a puertos.
A esta altura, ¿hay solución para Libia? “El primer paso es reactivar el programa de desarme, desmovilización y reintegración que se inició tras la muerte de Kadafi, pero que nunca se terminó –dijo a PERFIL Omar Ashour, investigador de la Universidad Americana de El Cairo–. Hay que dar incentivos suficientes a los grupos armados que aún rechazan la transición a la política y la integración en el Estado”.
El camino será largo y dificultoso. En un reciente artículo para The New Yorker, el periodista Jon Lee Anderson lo resumió en pocas palabras: “Los políticos occidentales que instaron a la rebelión, no calcularon con precisión las dimensiones del desastre en Libia, pero son enormes”.



Facundo F. Barrio