INTERNACIONAL RUSIA

El principal opositor a Putin lleva su campaña al interior de Rusia con la esperanza de ser presidente

Recaudó en las últimas semanas 17 millones de rublos. Deberá obtener el visto bueno de la Comisión Electoral y eludir cualquier restricción judicial.

Dibujos de Temes
Dibujos de Temes Foto:Pablo Temes

Cuando le preguntaron al opositor ruso, Alexei Navalny, si podría competir en las elecciones presidenciales de Rusia en marzo del 2018, respondió que “con el apoyo de la gente el Kremlin estará forzado” a registrarlo como candidato.

La situación judicial del bloguero anticorrupción, crítico del manejo del Estado “corrupto” de Putin y ex candidato a la alcaldía de Moscú en el 2013 es delicada. Después de realizarse un segundo juicio por orden de la Corte Europea de Derechos Humanos, que rechazó el primer proceso por considerarlo injusto, el tribunal de la región rusa de Kirov donde se lo acusó de malversación de fondos, encontró a Navalny culpable y lo sentenció a 5 años de prisión.

A pesar de la condena, Navalny pretende aprovechar un vacío legal con la esperanza de un resultado favorable tras una apelación, como sucedió con el primer juicio del 2013. Ese escenario podría habilitarlo a competir electoralmente, puesto que la constitución del país no permite participar en comicios a personas en prisión, pero no precisa qué sucede con aquellos que enfrentan una sentencia en contra suspendida.

La estrategia de Navalny es conseguir un respaldo masivo de la ciudadanía que fuerce a la Comisión Electoral rusa a registrarlo como candidato a presidente, ateniéndose a lo que dice la constitución, por más polémico que resulte su caso.

Apoyado en esa hipótesis, Navalny emprendió una carrera sin descanso para sumar apoyos. Este fin de semana, abrió oficinas partidarias en las ciudades de Kazán, Ufá, Nizhni Nóvgorod, y Samara. En febrero, abrió la primera en San Petersburgo y la segunda en Ekaterimburgo. En los próximos días, tiene previsto abrir la más grande representación en la capital rusa. 

“Cada fin de semana, abriremos tres, cuatro oficinas” asegura con una sonrisa confiada, Nikolay Liaskyn, Jefe de Campaña de Navalny en la región de Moscú. Si se cumple el plan trazado por el Comité de campaña, deberán abrirse 77 representaciones en los próximos tres meses. 

“Ningún partido hace algo parecido a lo que está haciendo Alexei, que abre sucursales del partido en las regiones; el resto de las fuerzas concentra sus intereses en Moscú”, dice Liaskyn. En rigor de verdad, la estrategia de Navalny es más que una obligación, puesto que la mayoría de sus potenciales votantes son los jóvenes de clase media que residen en Moscú y en San Petersburgo. Por otra parte, Liaskyn precisa algo que es enteramente cierto, “en las regiones es donde está la mayor cantidad de gente, y los problemas más grandes”.

Andrei Pertsev, corresponsal del periódico ruso Kommersant y analista del Carnegie Moscow Center, señala la relevancia de hacer campaña en el interior de la nación. “Las repúblicas de Tatarstan y Bashkortostan dieron los mejores resultados a Rusia Unida (el partido del presidente Putin) en todas las elecciones”. Sin embargo, regionalizar la campaña no necesariamente puede traducirse en un éxito electoral. “No sé si realmente puede obtener el apoyo de la gente. En el 2015, Navalny apoyó al partido opositor Parnas que realizó una agitada campaña en la región de Kostroma, pero luego no logró conseguir asientos en el parlamento regional”.

En paralelo a la apertura de oficinas, la campaña estableció otras dos prioridades: atraer una gran cantidad de ciudadanos que se presten como voluntarios, y reunir fondos suficientes para costear los gastos de la campaña. 

“Ahora mismo contamos con la ayuda de 3 mil 500 personas”, afirma Lyaskin, quien precisa que la mayoría de los voluntarios realiza donaciones, colabora en las oficinas regionales o ayuda con algún tipo de aporte económico como imprimir folletos. “A lo largo de toda la campaña creo que podremos manejar unos 30 mil voluntarios, aunque creo que llegaremos a contar con 50 mil”. Un objetivo monumental, si se tiene en cuenta que la organización cuenta en la actualidad con tan solo 15 empleados remunerados.

En cuanto al dinero necesario para la campaña, la cifra que Lyaskin estima necesaria es imponente aunque insignificante si se la compara con, por ejemplo, lo que gastó la candidata demócrata en las últimas elecciones de Estados Unidos. Navalny prevé gastar 17 millones de dólares (“mil millones de rublos”), mientras que Hillary Clinton gastó mil doscientos millones en los comicios que perdió frente a Donald Trump.

En los últimos años, la principal forma de recaudar dinero ha sido con aportaciones económicas realizadas a través de internet, y utilizando principalmente la aplicación de pagos de Yandex, el mayor motor de búsqueda y operador financiero virtual de Rusia. 

Más popular que el propio Facebook, Yandex cuenta con 55 millones de usuarios en el país y controla el 60% por ciento de la cuota de mercado en internet. Según el Comité de campaña, Navalny recaudó en las últimas semanas 17 millones de rublos (unos 240 mil dólares) a través de un la aplicación financiera de Yandex. Sin embargo, a fines de enero, el Banco Central ruso instruyó una medida para que el famoso buscador no permitiera realizar aportes económicos a la organización de Navalny.

Lyaskin, que no deja de atender su teléfono por más de tres minutos, y contesta cada pregunta sin que se altere su buen humor, no lo considera un gran problema. “Era la forma más cómoda que teníamos de recaudar. Pero seguimos contando con nuestras cuentas bancarias, y vamos a recibir aportes allí, o a través de Pay Pal o en Bit Coins”.

La carrera del activista para participar en las elecciones presidenciales será cuesta arriba. Por un lado, deberá obtener el visto bueno de la Comisión Electoral, y eludir cualquier restricción judicial. Por el otro, necesita reunir los fondos y voluntarios suficientes para persuadir a más de 100 millones de votantes, repartidos en un territorio inmenso con más de 17 millones de kilómetros cuadrados de superficie. 

Y si, finalmente, consigue registrarse como candidato, se enfrentará a Vladímir Putin, cuyo nivel de aprobación popular no ha descendido de los 70 puntos en los últimos dos años, y que descuenta que la economía nacional por fin empieza a dejar atrás una costosa recesión.
 
Según opina Pertsev, obtener un segundo o incluso un tercer puesto no sería de todas formas un mal resultado para el activista anticorrupción. Sus objetivos, podrían ser a largo plazo. “Creo que Navalny quiere ser un líder opositor real en las próximas elecciones, y también en las futuras contiendas por asientos en la Duma Estatal en el 2021 y en las presidenciales del 2024”.