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En medio de la tensión, un recorrido por las murallas entre Israel y Palestina

Cómo es la historia de una disputa territorial que hoy, pese a la tregua, los enfrenta nuevamente a través de la violencia. Galería de fotos.

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Foto:Cedoc

Los desconocidos que entran por primera vez a Jerusalén se preguntan el nombre de la cárcel que encierran los paredones y las torres panópticas sucedidas una y otra vez a lo largo del acceso por la ruta 1. Esa es la imagen que deja la ciudad hoy en día: el de una enorme unidad penitenciaria acorralada por los amplios murallones que Israel ordenó construir en 2003 para distinguir sus dominios de los de Palestina, con quien se disputa la propiedad de esta tierra sagrada sobre la que el judaísmo, el cristianismo y el islamismo construyeron varios de sus relatos fundamentales.

Allí, cuentan, Jesús nació en una gruta y murió en una cruz, mientras que Mahoma ascendió a los cielos tras un largo viaje desde la Meca. Jerusalén es una de las ciudades más antiguas del mundo y vivió sus últimos tiempos de paz hace tres mil años, cuando era capital del Reino de Judea y era gobernada por el rey Salomón. Luego, fue sucesivamente invadida por persas, macedonios, griegos, romanos y otomanos. Un destino de eterna discordia que hoy se actualiza con israelíes y palestinos, quienes litigan por la propiedad de la ciudad desde que los británicos abdicaron a su ocupación, en 1947.

Aunque los árabes originalmente habían logrado hacerse de gran parte del territorio, Israel logró extender las fronteras en su beneficio en 1967, al cabo de la Guerra de los Seis Días. Fueron distintos capítulos de odio, sometimiento y destierro, en donde el dominante construía sus edificaciones e instalaba a los suyos, desplazando a los otros y derribando sus construcciones. Sitios de incalculable valor histórico fueron mudos testigos de tanto desprecio y locura, como el Muro de los Lamentos, la el Camino del Calvario (donde conviven seis expresiones religiosas diferentes) o la Cúpula de la Roca, conocida también como Mezquita Al-Aqsa.

Israel pretendió legitimar en 1980 su propia demarcación a través de la “Ley Jerusalén”. “La ciudad, completa y unida, será la capital del país”, postulaba un texto que fue rechazado por la ONU y la comunidad internacional, al punto que la mayoría de los países que tenían relaciones diplomáticas con Israel decidieron mudar o establecer sus embajadas en Tel Aviv. Palestina, que también deseaba (y aún desea) establecer allí su centro político y administrativo, tuvo que hacerlo finalmente en Ramala, a pocos kilómetros, para evitar más conflictos de los que actualmente padece a causa de sus aspiraciones.

Los sectores palestinos de Jerusalén, todos al este de la ciudad, forman parte de Cisjordania, uno de los dos territorios que el estado sin reconocimiento mundial tiene sobre Israel (el otro es la Franja de Gaza, al sur, sobre el Mar Mediterráneo y al límite con Egipto). Sobre las áreas urbanas detenta la seguridad y la administración civil y en las rurales sólo la civil, aunque Israel tiene el control en asentamientos habitados por judíos, además de todo el valle del río Jordán que los separa de Jordania y también las rutas que conectan entre sí a los territorios bajo jurisdicción de la Autoridad Palestina.

Distintas propuestas pretendieron poner calma y acercar posiciones entre las dos partes. Una de ellas establece dividir la soberanía de la ciudad según la procedencia de sus habitantes, instaurando concilios locales más allá de vieja delimitación entre Jerusalén oriental y occidental que hoy, en los hechos, no tiene vigencia alguna. Los acuerdos de Camp David y Taba, fomentados por la mediación de Estados Unidos, sugería entregar las partes árabes a los palestinos. Jerusalén tiene hoy 760 habitantes, un tercio de ellos árabes, aunque distintas estimaciones pronostican que la proporción tenderá a una equivalencia entre éstos y los judíos dentro de no más de 25 años, teniendo en cuenta la tasa de natalidad de los primeros.

Una investigación hecha en conjunto por la cadena árabe Al Jazeera y el periódico inglés The Guardian reveló 1600 documentos secretos de las negociaciones entre ambos bandos. A través de ellos se supo que Palestina ofreció en 2008 casi todos los asentamientos judíos de la Jerusalén cisjordana, algo que Israel terminó rechazando porque en la propuesta se excluían cuatro barriadas que eran de su particular interés.

Una de las recurrentes acusaciones palestinas es que el país vecino construyó en su territorio gran cantidad de barrios populares con el objetivo de propiciar la ocupación judía en zonas ajenas a su jurisdicción. De esa forma, o a la inversa, dejaron como saldo una ciudad partida al medio, aunque con enclaves ajenas, a modo de lunares, que vuelven impreciso los límites. Aún así, diversos puestos y barreras se suman a 75 kilómetros de murallas que incluyen y excluyen hasta límites ridículos, obligando a judíos y palestinos a mostrar documentos para pasar de un lado al otro, así deban hacerlo todos los días por motivos laborales o personales.

En 2010 se produjo un insólito acercamiento, cuando ambos presentaron un plan conjunto para preservar la Ciudad Vieja (la zona de mayor valor histórico y cultural), amenazada por el avance de expediciones exploratorias, investigaciones arqueológicas, además de la contaminación, el desarrollo urbano, el turismo masivo y desorganizado, la guerra y los desastres naturales. Allí se encuentran 220 monumentos históricos declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1981, además de los famosos cuatro barrios armenio, judío, árabe y cristiano, aunque todos ellos bajo suelo israelí.

Sin embargo, todo intento de conciliación fue echado por la borda pocos meses después, cuando Israel le impidió a los musulmanes el acceso a la mezquita Al-Aqsa con motivo de la reinauguración de la sinagoga Hurva y, en repudio a esto, los palestinos bloquearon e incendiaron las zonas adyacentes. Tres mil policías ganaron la calle y hubo más de cincuenta detenidos, un saldo similar al que se produjo la semana pasada, cuando fueron arrestados en la ciudad varios palestinos acusados de activismo.

Los ánimos en Jerusalén estaban susceptibles por los misiles que Hamas había lanzado desde Gaza, también por una bomba molotov estrellada contra un tranvía sin heridos que penar y por un policía israelí apuñalado por una palestina que terminó con cientos de jóvenes agolpados en una comisaría local.

El único lugar histórico de valía que quedó bajo gracia palestina es la Iglesia de la Natividad, construida sobre la posada en la que María alumbró a Jesús. Un chiste gráfico de amarga gracia muestra a los Reyes Magos tratando de superar las murallas para poder llegar a Belén. La ciudad de Jesús es, hoy, furia y división. Los ánimos caldeados de dos vecinos que se miran torcido por encima de una medianera espantosa de cemento, tan gris como el plomo que llovió por estos días para separar aún más la brecha entre aspiraciones que se muestran hostiles e irreconciliables.

(*) Desde Jerusalén, especial para Perfil.com
 



Juan Ignacio Provéndola, desde Jerusalén (*)