INTERNACIONAL ALBERTO FUJIMORI, EX PRESIDENTE


Enfermo y preso, ‘el Chino’ es aún la grieta que divide al país

Como una sombra, la figura de Alberto Fujimori planea sobre las elecciones de hoy en Perú. El ex presidente peruano (1990-2000), quien cumple una condena de 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad, es al mismo tiempo bendición y lastre para su hija Keiko, la candidata favorita. Bendición, porque el núcleo duro histórico de votantes fujimoristas será el que le permita entrar al ballottage. Lastre, porque la aversión a su padre de una buena parte de la sociedad peruana podría frustrar sus chances en la segunda vuelta.
El Chino Fujimori atraviesa su ancianidad en una cárcel de privilegio: es el único reo que habita la prisión policial de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes), donde el polémico ex mandatario dispone de 400 metros cuadrados y un patio con jardín, donde practica metódicamente el arte de la floricultura. Ya no goza de la enorme influencia que tuvo en la campaña anterior de su hija, la de 2010, cuando dirigentes y candidatos le reportaban directamente a él. Su contacto con la política se redujo al mínimo por el grave deterioro de su estado de salud. Su cáncer de lengua avanza progresivamente.
Y, sin embargo, Fujimori sigue siendo un parteaguas: la “grieta” del Perú. Su apellido conserva fidelidades en el interior pobre del país, aquel que más sufrió la violencia de la guerrilla de Sendero Luminoso, a la que Fujimori logró aplastar. En las grandes ciudades, en cambio, al ex presidente se lo recuerda por las violaciones a los derechos humanos cometidas por su gobierno –bajo el mando del propio Fujimori y de su “monje negro”, el ex jefe de inteligencia Vladimiro Montesinos–, la corrupción y los sobornos, el ajuste neoliberal y el autogolpe de 1992.
“Keiko enfrenta un dilema: necesita diferenciarse de su padre para atraer a ese 10% que le falta para ser competitiva en la segunda vuelta, pero sin romper del todo con él para que no merme el apoyo del núcleo duro fujimorista –dijo a PERFIL el politólogo peruano Arturo Maldonado–. Cuando se les pregunta a los votantes de Keiko por qué la respaldan, un gran porcentaje responde que lo hacen porque es una Fujimori. En esta campaña, los gestos de Keiko para distanciarse del fujimorismo histórico fueron más contundentes que en 2010, pero no lo suficiente como para convencer a sus detractores”.
En el último debate presidencial, la heredera del clan firmó una declaración en la que admitió que el gobierno de su padre incurrió en actos repudiables. Al mismo tiempo, sin embargo, designó como su candidato a vicepresidente a un ex ministro de Fujimori. Keiko prometió que no impulsará una ley de amnistía que beneficie a su progenitor. En cambio, su rival Pedro Pablo Kuczynski sí se mostró dispuesto a indultar a ancianos enfermos. En Perú, Alberto Fujimori aún da votos.

Facundo F. Barrio