INTERNACIONAL CRISIS DE RELIGION Y CULTURA

Entre la yihad y la islamofobia, el camino que va al terrorismo

Dos libros para entender lo inexplicable. El mejor ensayo sobre EI (ISIS, como lo denomina el autor), que se adjudicó los ataques y una novela que describe la tensión de Occidente con los musulmanes.

PERFIL COMPLETO

Foto:AFP
Desde la muerte de Bin Laden, los afiliados o clones de Al Qaeda han tenido sus más grandes éxitos, incluyendo la toma de Raqqa en la parte oriental de Siria, la única capital provincial de aquel país en caer ante los rebeldes en marzo de 2013. En enero de 2014, ISIS se apoderó de Faluya, ciudad ubicada apenas a 65 kilómetros al oeste de Bagdad y que, como todo el mundo sabe, fue sitiada y atacada por los marines estadounidenses diez años atrás. Al cabo de unos cuantos meses, ISIS también había tomado Mosul y Tikrit. Las líneas de combate pueden seguir cambiando, pero la expansión generalizada de su poderío será difícil de revertir. Gracias a los veloces ataques efectuados en junio de 2014 en muchos frentes a la vez a lo largo del centro y el norte de Irak, los militantes de ISIS han desbancado a Al Qaeda como el grupo yihadista más poderoso y efectivo del mundo.
Estos sucesos causaron impacto en políticos y especialistas cuyos puntos de vista acerca de lo que estaba ocurriendo a menudo eran superados por los acontecimientos. Una de las razones fue el retorno de la yihad, por lo que resultaba demasiado arriesgado para los reporteros y observadores extranjeros visitar las áreas donde ISIS operaba, debido al enorme peligro de ser secuestrados o asesinados. “Aquellos que solían proteger a los medios extranjeros ya no pueden protegerse a sí mismos”, me comentó un intrépido corresponsal al explicarme por qué ya no regresaría a la Siria tomada por los rebeldes.
Esta falta de cobertura fue conveniente para los Estados Unidos y otros gobiernos occidentales, ya que les permitía restar impor tancia a la magnitud del catastrófico fracaso de la “guerra contra el terrorismo” en los años que siguieron al 11 septiembre de 2001. Este fracaso también ha quedado enmascarado por los engaños y autoengaños por parte de los gobiernos. Al hacer referencia en West Point al papel que desempeñan los Estados Unidos en el mundo, el 28 de mayo de 2014 el presidente Obama dijo que la principal amenaza para los Estados Unidos ya no venía de Al Qaeda central, sino de “los afiliados y extremistas descentralizados de Al Qaeda, muchos de ellos con agendas enfocadas en los países donde operan”. Agregó que “a medida que la guerra civil siria se extiende más allá de sus fronteras, se incrementa la capacidad de ir tras nosotros por parte de los grupos extremistas endurecidos por la guerra”. (...)
Un oficial de inteligencia de un país de Oriente Medio vecino a Siria me dijo que los miembros de ISIS “dicen que siempre se sienten complacidos cuando se envían armas sofisticadas a grupos anti Assad de cualquier tipo porque siempre pueden quitarles las armas mediante amenazas, por la fuerza o mediante pagos en efectivo”. Estos no son simples alardes. Las armas suministradas por los aliados estadounidenses como Arabia Saudita y Qatar a las fuerzas anti Assad en Siria han sido capturadas de manera regular en Irak. (...)
El apoyo occidental a la oposición siria pudo haber fracasado en derrocar a Assad, pero ha tenido éxito en desestabilizar a Irak, como los políticos iraquíes predijeron que ocurriría hace mucho tiempo.
El fracaso de la “guerra contra el terrorismo” y el resurgimien- to de Al Qaeda se explican de manera más amplia a través de un fenómeno que se hizo evidente a pocas horas de los ataques del 11 de septiembre. Los primeros movimientos de Washington dejaron en claro que la guerra antiterrorista se llevaría a cabo sin ninguna confrontación con Arabia Saudita o Paquistán, dos aliados cercanos a los Estados Unidos, a pesar de que sin la participación de estos dos países hubiera sido poco probable que dichos ataques ocurrieran. De los 19 secuestradores que actuaron ese día, 15 eran saudíes. Bin Laden procedía de la élite saudí.
En documentos oficiales estadounidenses varias veces se  puso énfasis en que el financiamiento de Al Qaeda y de los grupos yihadistas procedía de Arabia Saudita y de las monarquías del Golfo. En cuanto a Paquistán, desde principios de los noventa su ejército y su servicio militar desempeñaron un papel determi- nante en impulsar el poder a los talibanes en Afganistán, donde acogían a Bin Laden y Al Qaeda. Después de una breve interrup- ción durante y después del 11 de septiembre, Paquistán retomó su apoyo a los talibanes afganos. Al hacer referencia al papel central de Paquistán en el respaldo a los talibanes, el fallecido Richard C. Holbrooke, representante especial estadounidense ante Afganistán y Paquistán, dijo: “Quizás estemos luchando contra el enemigo equivocado en el país equivocado”.
La importancia de Arabia Saudita en el surgimiento y el regreso de Al Qaeda con frecuencia se malentiende y se subestima. Arabia Saudita ejerce influencia debido a que su petróleo y su vasta riqueza la hacen poderosa en Oriente Medio y más allá. Sin embargo, no sólo los recursos financieros hacen que sea un jugador importante. Otro factor es la propagación que hace del wahabismo, versión fundamentalista del islam del siglo XVIII,  que impone la ley sharia, relega a las mujeres a ser ciudadanas de segunda clase y considera a los musulmanes chiitas y sufíes como no musulmanes que deben ser perseguidos como los cristianos y los judíos. Esta intolerancia religiosa y este autoritarismo político, que tiene muchas similitudes con el fascismo europeo de la década de 1930 en cuanto a su presteza para utilizar la violencia, lejos de mejorar está empeorando. Por ejemplo, en años recientes, un saudí que creó un sitio web liberal en el que se podía criticar a los clérigos fue sentenciado a 1.000 latigazos y siete años de prisión.

Patrick Cockburn