INTERNACIONAL DILEMA PARA LA CASA REAL

Felipe VI, ante la chance de mostrar que la monarquía sigue vigente

El rey español podría actuar como mediador entre los partidos para facilitar la formación de gobierno. La incógnita es si optará por la asepsia u operará políticamente.

Foto:AFP

Por primera vez en casi cuatro décadas de democracia, la crisis política española podría colocar al rey en un papel de “facilitador” del diálogo entre partidos hasta ahora desconocidos para la monarquía ibérica. A sus 47 años, Felipe VI se ve ante la chance de jugar un rol inédito en la resolución del actual conflicto para conformar gobierno. La gran pregunta en España es si el monarca se decidirá a maniobrar políticamente, lo que podría resultar en legitimación o fiasco para la Casa Real, o si optará por la prescindencia.
Desde el fastuoso Salón del Trono del Palacio Real en Madrid, Felipe ofreció el jueves su tradicional mensaje navideño a los españoles. Se limitó a bregar por el ejercicio de “una política basada en el diálogo, la concertación y el compromiso”. Evitó aludir en forma directa a las trabas para elegir al próximo presidente que derivan del resultado en las elecciones, en las que ninguna de las cuatro principales fuerzas políticas obtuvo mayoría propia como para ganar la pulseada en el Parlamento.
El reparto de bancas obliga a un entendimiento entre dos o más partidos para formar gobierno. El Partido Popular de Mariano Rajoy salió primero, pero no tiene parlamentarios suficientes para garantizar por sí mismo su reelección. El Partido Socialista Obrero Español se resiste a integrar una “gran coalición” al estilo alemán. Los socialistas tampoco negociarán con Podemos mientras su líder, Pablo Iglesias, insista en su proyecto de convocar a un referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña. Así las cosas, si nadie cede, habrá que convocar a nuevas elecciones en 2016.

Lo que marca la ley. En esa trabazón es donde el rey puede jugar un papel. En su artículo 62, la Carta Magna de 1978 establece que corresponde al monarca “proponer el candidato a presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo”. El artículo 99 detalla el procedimiento que debe seguirse. A partir del 13 de enero, cuando se constituirá el nuevo Parlamento, el monarca iniciará una ronda de consultas con los líderes de los partidos en el Palacio de La Zarzuela, donde mantendrá conversaciones secretas e individuales con cada uno de ellos. En base a las conclusiones extraídas de dichos contactos, propondrá a un candidato que será votado en el Parlamento. Si no hay consenso, Felipe podrá proponer a otros postulantes. Si pasan dos meses sin acuerdo, el propio monarca deberá convocar a nuevas elecciones.
Hasta ahora, lo habitual era que el rey procediera de forma automática, proponiendo al candidato previamente acordado entre los partidos. “No es que el rey tenga intención de proponer un candidato y consulte el apoyo que va a recibir, sino que, con una exquisita neutralidad, consulta a los representantes de los partidos a quién están dispuestos a votar favorablemente y es a ése precisamente al que el rey propone”, explica a PERFIL Antonio Torres del Moral, catedrático emérito de Derecho Constitucional y experto en monarquía española.
Esta vez, sin embargo, el escenario es inédito: España se asoma al fin del bipartidismo. Y, ante un desafío atípico, la incógnita es si Felipe se dará margen para tirar un poco de la letra constitucional y actuar como mediador político entre las fuerzas. “Cuando la solución parece difícil, como sucede ahora, el rey no puede pasar de estimular a los representantes para que antepongan los intereses generales a los de sus propios partidos, pero sin inclinarse por una solución u otra –señala Torres del Moral–. En una monarquía parlamentaria, el rey reina, pero no gobierna. ¿En qué consiste eso? En animar, advertir, consultar y ser consultado”.
En opinión de Carlos Barrera, profesor titular de Comunicación Electoral de la Universidad de Navarra, “es cierto que, a diferencia de todas las legislaturas anteriores, resulta más difícil esta vez conformar mayorías amplias y estables, dado el fin, al menos temporal, del bipartidismo”. Por esa razón, “el rey va a tener que hablar, arbitrar y moderar quizá más que nunca porque las diferencias y rivalidades políticas son importantes”.
Se dice que Felipe es más cerebral y discreto que su padre Juan Carlos. Hace cuatro décadas, el viejo monarca jugó un papel crucial en la transición del franquismo a la democracia. Está por verse si su hijo optará por la asepsia o por imprimirle su sello a lo que muchos llaman la “segunda transición”.



Facundo F. Barrio