INTERNACIONAL BALANCE POSELECTORAL


Final de la ‘luna de miel’ para Podemos en España

La alianza liderada por Iglesias perdió un millón de votos en seis meses, no alcanzó el segundo puesto que creía asegurado y estalló la interna en sus filas. 


Foto:AP y AFP

1.089.760 votos. Es la sangría que sufrió la alianza entre Podemos e Izquierda Unida (IU) en las elecciones generales en España del 26 de junio respecto de los resultados que habían obtenido apenas seis meses antes. La coalición liderada por Pablo Iglesias no estuvo a la altura de sus propias expectativas: en Podemos todos daban por descontado que darían el sorpasso al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y le arrebatarían el segundo puesto. Finalmente, y una vez más, los partidos tradicionales españoles le ganaron la pulseada a la “nueva política”. La decepción electoral marca el fin de la luna de miel para Iglesias y los suyos: los herederos de los “indignados” enfrentan ahora el desafío de transformar su experimento de laboratorio universitario en poder tangible y en espacios reales de influencia.

La cifra de votos perdidos surge de la diferencia entre los sufragios que Podemos e IU consiguieron juntos el domingo pasado y los que habían sacado el 20 de diciembre, cuando fueron por separado a las urnas. El destino de esos votos es una de las mayores incógnitas del balance poselectoral. Iglesias ensayó ayer una explicación: dijo que la merma se debió al “miedo a lo nuevo” de  ciudadanos que “tienen mucha simpatía por nosotros, agradecen el meneo que le hemos dado a la política española y que pongamos en apuros a los grandes partidos, responden a un encuestador que nos van a votar, pero ante la evidencia de que podíamos gobernar deciden finalmente no votarnos”.

Es una teoría válida, pero no explica por completo la sangría. “Aquí parece haber dos elementos –dijo a PERFIL el politólogo español Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid–. De un lado, la fusión con IU no habría dado resultado por el rechazo de algunos votantes clásicos a optar por esta coalición. La campaña no habría logrado persuadir de votar a Unidos Podemos y el rechazo a Iglesias habría sido importante. De otro lado, una desmovilización del voto joven, que es el principal perfil de los votantes de Podemos. Además, pudo haber algunos flujos cruzados hacia el PSOE”.

¿La elección que hizo Podemos puede calificarse como un fracaso? Depende de la vara con que se la mida. “De acuerdo con sus propias expectativas, es un fracaso inapelable –afirmó Antonio Losada, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela–. De acuerdo con una observación más neutral, el éxito de Podemos es indiscutible tanto en la ocupación del espacio electoral como en su desarrollo como organización”. No puede perderse de vista que, más allá de esta frustración, Podemos es una fuerza con apenas dos años de vida, con una pequeña estructura económica y territorial, que aún así fue capaz de trastocar el bipartidismo español y poner en jaque a dos partidos con décadas de tradición política.

Pese a todo, sus dirigentes viven los resultados de estos comicios como una gran decepción. La chance de convertirse en el principal partido de oposición al gobernante Partido Popular (PP) estaba al alcance de la mano. La joven cúpula de Podemos quedó a las puertas de la política grande, pero no pudo entrar. Y los pases de factura se pusieron a la orden del día.

Fisuras. Aunque Iglesias y compañía se esfuerzan en desmentirlo, la prensa española dio cuenta de las internas que afloraron en el seno de Podemos luego de la elección. Iñigo Errejón, número dos del partido, le cuestiona a Iglesias su decisión de aliarse con IU y ha hecho públicos algunos de sus reparos. El “pablismo”, por su parte, dejó trascender su disconformidad con el desempeño de Errejón como jefe de campaña.

Los roces quedaron en evidencia al filtrarse un mensaje de Telegram que el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, envió a los ochenta miembros del Consejo Ciudadano del partido. “Las guerras internas nos desangran, queman y hartan –escribió–. Para que crezca el amor no sólo hay que regarlo sino también extirpar las malas hierbas de las violencias enquistadas”. ¿Tronará el escarmiento?



Facundo F. Barrio