INTERNACIONAL

Financistas de la Iglesia le quitan apoyo a Francisco

EE.UU. es el principal donante. Molestan a los conservadores las críticas del Papa al capitalismo.

Foto:AFP

Desde el Vaticano

Cerrar la billetera. Esa es la amenaza del sector más conservador de la Iglesia Católica de los Estados Unidos ante los cambios impulsados por el papa Francisco. El multimillonario neoyorquino Ken Langone, muy devoto dueño de la cadena de tiendas de productos para la casa Home Depot, dijo a la cadena CNBC que las posiciones del Pontífice sobre temas económicos están creando problemas en la recaudación de fondos para la Iglesia entre millonarios norteamericanos.

La ocasión para soltar la flecha envenenada fue una charla televisiva sobre la restauración de la iglesia de St. Patrick. Langone es un gran amigo del cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, considerado antes del último cónclave por muchos vaticanistas como el favorito entre los papables hasta que apareció Jorge Mario Bergoglio. Dolan pidió a Langone ayuda para recaudar los 180 millones de dólares requeridos para restaurar la catedral. Y el magnate dijo muy dolido en TV: “Un potencial donador de cifras con siete ceros me explicó que está dudando en colaborar porque está muy preocupado por las críticas del Papa al capitalismo”.

Hasta ahora, los comentarios amargados de algunos formadores de opinión –como los del periodista radial Rush Limbaugh, quien criticó a Francisco por utilizar un “lenguaje marxista” en su encíclica Evangelii Gaudium– o las actitudes frías del Tea Party podían minimizarse suponiendo que se trataba sólo del eterno prejuicio anticatólico de parte del conservadorismo norteamericano. Así se interpretaron los comentarios del republicano Paul Ryan, ex candidato a vicepresidente de Mitt Romney, quien afirmó que Bergoglio no comprende la economía global porque “viene de Argentina y allí no tuvieron un verdadero capitalismo”.

Pero si multimillonarios católicos que contribuyen a las arcas de la Iglesia se ven molestos hablando del Papa en televisión significa que la cuestión es más seria. En los Estados Unidos, la Iglesia Católica es la mayor industria de caridad del país. Según datos de la revista británica The Economist, en un año gasta en promedio 5 millones de dólares en asistencia a los pobres, emplea a 65 mil trabajadores y socorre a 10 millones de personas. Tiene 630 hospitales (el 11% del total), mas de 6.800 escuelas y 244 colegios y universidades.

Junto con la Iglesia alemana –igual de conservadora y fría con el papa argentino–, los donantes norteamericanos ocupan los primeros puestos entre los financistas del Vaticano. Estados Unidos y Alemania son los dos países desde donde llegan las mayores contribuciones a lo que en Roma se denomina el “óbolo di San Pietro”: las limosnas de los fieles para la Santa Sede que representan 60 millones de euros al año.

Al mismo tiempo, existen las ofertas directas a la Santa Sede de parte de las diócesis alrededor del mundo: cerca de 20 millones de euros al año. Sólo una parte de este dinero se invierte en proyectos caritativos, y lo que resta sirve para la catequesis en las parroquias y para mantener el clero.

Langone dijo que su “donador potencial” se sentía muy herido por la frase del Papa sobre “la cultura de la prosperidad que volvió a los ricos incapaces de sentir compasión para los pobres”. En su performance televisiva contó que, turbado por la noticia, llegó a comentarla con el cardenal Dolan. “Eminencia –le dijo–, los norteamericanos son los más generosos filántropos del mundo y hay que tratarlos en la manera justa. Se obtiene más con la miel que con el vinagre.”

El dueño de Home Depot agregó que el cardenal lo tranquilizó explicándole a su manera las palabras de Francisco: “El Papa ama tanto a los pobres como a los ricos. Cuando este donador entienda bien el mensaje de Francisco no tendrá problemas en contribuir”.

No hubo forma de sacarle a Langone el nombre del “potencial donador herido” por el discurso papal contra la voracidad de la economía de mercado. Ni de saber cómo reaccionó este señor a la explicación del cardenal sobre las palabras del Papa acerca de la riqueza, la lógica económica y el sistema de mercado global. Sin embargo, algo quedó bien claro: los pesos pesados de la Iglesia norteamericana no acogen con entusiasmo la idea de una Iglesia pobre al estilo franciscano.


Redacción de Perfil.com