INTERNACIONAL ARQUITECTO DEL LAVA JATO


Fiscal Janot, el terror de los políticos en Brasil

Tras haber encabezado las denuncias contra la gestión del PT, el procurador general pidió esta semana el arresto de la cúpula del partido de Temer. Un “cruzado” contra la corrupción.


Foto:Cedoc Perfil
El tuiuiú es un ave de pantano que se caracteriza por su imponencia y su dificultad para levantar vuelo. Durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, un grupo de fiscales brasileños fueron bautizados con el nombre de tuiuiús: eran protagonistas de una corriente renovadora y crítica en la Procuración General de la República, pero incapaces de derribar y sustituir al procurador general Geraldo Brindeiro, conocido como el “cajoneador general de la República”, a quien FHC sostuvo en el cargo entre 1995 y 2003.
Con la llegada de Lula da Silva al poder, el grupo por fin tomó vuelo y desembarcó en la cúpula de la PGR. Lula cambió la designación a dedo del procurador general por un sistema de votación entre candidatos de una terna provista por la Asociación Nacional de Fiscales de la República, lo que marcó el ascenso de los tuiuiús y la independencia de la PGR. Desde entonces, el grupo de fiscales ha sido el motor de dos megacausas judiciales que cambiaron la forma de entender la política en Brasil: las investigaciones del Mensalão y el Lava Jato.
Claudio Fonteles, Antonio Fernando de Souza y Roberto Gurgel dejaron su marca como procuradores generales a través del caso que reveló la trama corrupta de las “mensualidades” en el Parlamento. Desde 2013, el jefe de la PGR es el doctor Rodrigo Janot: el último de los tuiuiús. Después de que Dilma Rousseff aprobara su nominación, el miembro más joven de aquel grupo no sólo dio impulso a la gigantesca investigación en torno a Petrobras, sino que además se convirtió en un peligro patente para la clase política brasileña sin distinción partidaria.
Lula ha llamado “ingrato” a Janot por haber instrumentado pedidos de indagatoria contra él y Rousseff. El procurador atravesó 2015 bombardeado por acusaciones de la izquierda acerca de que sus acciones casi siempre iban dirigidas contra miembros del PT. Fue el autor del pedido de prisión contra el ex senador petista Delcídio do Amaral, hoy “arrepentido” y delator.
Sin embargo, Janot también fue responsable de la denuncia contra el ex presidente de Diputados y enemigo público de Rousseff, Eduardo Cunha, que derivó en su apartamiento del cargo. En su lista de acusados también figuró Aécio Neves, ex candidato presidencial del PSDB. Esta semana, el procurador dejó en claro que tampoco dará tregua al gobierno de Michel Temer: el martes pidió a la Corte Suprema el encarcelamiento de los senadores Renan Calheiros y Romero Jucá y del ex presidente José Sarney, todos caciques del PMDB de Temer.
A cargo de más de mil fiscales, Janot se hizo fama de implacable. No se le conocen aspiraciones políticas. Si antes lo criticaba Lula, ahora le pegan los enemigos del PT. El editorialista Reinaldo Azevedo, una de las voces estelares de la prensa conservadora en Brasil, cuestionó esta semana en su blog de la revista Veja la “osadía irresponsable” de Janot al solicitar la prisión de la cúpula del PMDB.
El procurador capitaliza el apoyo de sus colegas: en 2015 logró su reelección en la PGR con el 80% de los votos de los fiscales. Aunque entre sus pares no faltan quienes le achacan tener poco respeto por los derechos de los acusados. Sea como sea, Janot parece actuar guiado por un espíritu de cruzado, en el que no hay lugar para la transigencia entre Justicia y dirigencia pública. La pregunta que desvela a los políticos es quién será el próximo en la lista del último tuiuiú, que ahora sí vuela alto.

Facundo F. Barrio