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Francisco visitó Lesbos y se llevó a vivir al Vaticano a 12 migrantes

El Papa se reunió con cientos de personas bloqueadas en la isla griega sin poder entrar a la UE. “No pierdan la esperanza”, les dijo.

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Ciudad del Vaticano

“No están solos. No pierdan la esperanza”. Este fue el sencillo mensaje que dirigió a los refugiados ayer el papa Francisco, durante su visita de cinco horas a Lesbos.
  Desde hace un año, la isla griega es la principal puerta de entrada a Europa de las poblaciones civiles que huyen de las guerras y la violencia en países como Siria, Irak y Afganistán.
“He venido aquí a estar con ustedes y escuchar sus historias, para reclamar que el mundo preste atención a esta crisis humana y para rezar por que se resuelva”, agregó Francisco.

Respuesta. El Papa pidió a la comunidad internacional que responda a esta crisis “del modo que merece nuestra común humanidad”.
Entre los migrantes, muchos lloraban desconsolados mientras manifestaban al Pontífice la desesperación ante su encierro (como en una cárcel) en el centro de detención de Moria, que contiene muchas más personas de las que caben ahí dentro.
Otros muchos se arrodillaron a los pies de Francisco. Algunos de los migrantes presos en Moria afirman no contar con traductor y ser obligados a firmar documentos en griego cuyo significado desconocen.
El Papa realizó la visita acompañado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, el arzobispo de Atenas, Jerónimo, y el patriarca de la Iglesia ortodoxa, Bartolomé, quien a su llegada a la isla deseó que la presencia de la comitiva religiosa sirviera para despertar conciencia en los fieles acerca de la situación de los refugiados.

Doce elegidos. De regreso al Vaticano, el Papa se llevó en su avión a 12 refugiados sirios, seis de ellos menores, a quienes alojará en la Santa Sede.
La comunidad de Sant’Egidio –un movimiento poderoso, con su corazón organizativo en el barrio de Trastevere, en Roma, y con mucha gente influyente en las relaciones internacionales, casi una diplomacia católica paralela a la del Vaticano– se hará cargo de estas tres familias, dos de ellas de Damasco y una de Deir Ezzor, localidad actualmente controlada por los yihadistas de Estado Islámico.
Estas personas vivían en el cercano campamento de Kara Tepe, administrado por la municipalidad de Lesbos, que –a diferencia de Moria– permite libertad de movimiento.
Habrían llegado a la isla de Lesbos antes del 20 de marzo, fecha de puesta en marcha del controvertido acuerdo entre la Unión Europea y Turquía que estipulaba que los llegados después de entonces serían internados en Moria a la espera de la tramitación de su solicitud de asilo o su regreso voluntario a territorio turco.

 

La vanidad de un traficante

Tres personas de origen africano fueron detenidas ayer por las autoridades italianas, que los acusan de ser los traficantes de personas que el viernes en Catania, Sicilia, abandonaron a su suerte un barco con 121 migrantes de varias procedencias a bordo.
Normalmente es muy difícil para los investigadores individualizar a los contrabandistas que integran las mafias que trafican personas, porque se mezclan entre los mismos refugiados, se cambian de ropa y se desvanecen en la multitud. Esta vez fue posible gracias a la vanidad de uno de los tres (un marroquí; otro también es de Marruecos, y el tercero, de Gambia), que llevaba en la memoria de su celular la selfie que se tomó en el barco repleto de migrantes y con un teléfono satelital en la mano.



Ángela Nocioni