INTERNACIONAL EN GEORGIA


Francisco vivió en carne propia la hostilidad de la Iglesia Ortodoxa

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Presente. El solemne encuentro con el patriarca ortodoxo Ilia II.
Presente. El solemne encuentro con el patriarca ortodoxo Ilia II. Foto:ap y afp
Tiflis
El papa Francisco comprobó ayer en Georgia el duro y difícil camino que aún enfrenta el ecumenismo, la unión de las diferentes Iglesias cristianas.
El patriarcado ortodoxo de Georgia decidió no enviar una delegación oficial a la misa celebrada ayer por Francisco, y repitió que los fieles ortodoxos no pueden participar en ceremonias católicas.
“Mientras haya diferencias dogmáticas entre nuestras Iglesias, los creyentes ortodoxos no participarán en sus oraciones”, sostuvo el patriarcado en su sitio web.

Pocos. El 84% de los georgianos son cristianos ortodoxos. Según cifras oficiales, en Georgia sólo viven 20 mil católicos, o sea, el 0,5% de la población. El Vaticano asegura, sin embargo, que hay unos 110 mil católicos.
Apenas unas 3 mil personas asistieron a la misa que el Papa ofició en un estadio con capacidad para 27 mil personas.
La Iglesia Ortodoxa georgiana es ultraconservadora y está estrechamente vinculada con el patriarcado de Moscú, cuyas relaciones con el Vaticano, tradicionalmente tensas, han mejorado en los últimos años.
Al anunciar la visita a Georgia, el Vaticano había dicho que el patriarcado ortodoxo estaría representado en la misa, “en una señal de entendimiento entre las dos Iglesias”, sugiriendo que la fría recepción que recibió Juan Pablo II en su visita de 1999 se habría suavizado.
Sin embargo, la delegación ortodoxa no acudió ayer a la homilía “de mutuo acuerdo”, señaló la portavoz del patriarcado, Nato Asatiani.
Francisco tenía previsto saludar personalmente a los representantes ortodoxos tras la ceremonia. En su lugar, dio las gracias a “los fieles ortodoxos” presentes.

Proselitismo. En un encuentro con el clero católico luego de la misa, el Papa advirtió que “hay un gran pecado contra el ecumenismo: el proselitismo. Nunca se debe hacer proselitismo con los ortodoxos”.
“Ellos son nuestros hermanos y hermanas, discípulos de Jesucristo, y por la situación histórica tan compleja se han convertido”, agregó.
“Y qué cosa debemos hacer. Jamás condenar. Nunca condenar a un hermano y a una hermana, nunca dejar de decir ‘hola’ porque sea ortodoxo”, concluyó Francisco.

Agencias